Francisco Villalobos

5 de marzo de 2013

Capitales golondrina, problema político y no económico

Es prudente recordar que es a lo que se llama capitales “golondrina”. Se les conoce como aquellos que llegan a un  país y cual viajero, ni siquiera desempacan, aprovechan las altas tasas de rentabilidad y luego salen “volando”. No podemos contar con ellos y lejos de ayudar al crecimiento de nuestra economía, generan distorsiones importantes en las tasas de interés y en la entrada de divisas.

Para muchos economistas, aquéllos son la principal causa de la apreciación de las monedas locales lo cual pone en vilo a los exportadores y en nuestro caso, a la industria del turismo, importantes motores de nuestra economía, pero  no solo a ellos, pues estos capitales también producen desequilibrio en la balanza comercial, ( más importaciones que exportaciones ) lo que genera menores precios en los bienes importados en detrimento de los producidos localmente y esto puede significar la reducción de la producción nacional y con ello el aumento del desempleo.

Estamos entonces como se ve, ante un problema que merece atención inmediata. Como todo en la vida, seguramente hay varias formas de enfocar el problema.  Hemos visto en la prensa nacional diversas reacciones: los empresarios turísiticos claman porque se aprecie el dolar,  pero todos sabemos que el Banco Central tiene ahora dificultades prácticas  para regresar a un sistema similar al de las minidevaluaciones y el sector bancario,  se encuentra preocupado, con razón,  por los efectos que tendrá la contracción del crédito. Una empresa sin crédito, es una empresa sin posibilidades de crecimiento, un país sin crédito, es un país obligado a vivir con lo puesto. El Gobierno por su parte ha presentado un proyecto de ley para gravar esta entrada especulativa de capitales, proponiendo un mecanismo de generar un impuesto de 30% más a los intereses generados por tales inversiones y un depósito de hasta un 25% de los fondos invertidos por esos inversionistas.  Hay dudas sobre la constitucionalidad de tal proyecto, pero parece que su solo anuncio, y su más reciente aprobación en la Comisión de Asuntos Haciendarios de la Asamblea Legislativa, está surtiendo efectos.

Así las cosas, habría que espantar  golondrinas, bajar las tasas de interés, y recuperar la apreciación del dólar.

Pero para tomar las medidas que logren eso, debemos tomar algunas decisiones que implican la capacidad de generar acuerdos y la capacidad de plasmarlos en leyes, que es la que parece más marchita de todas las capacidades de nuestra sociedad. Y es aquí donde el ataque a las causas principales del déficit fiscal, una combinación entre eficiencia y reducción del gasto y aumento de ingresos, y el ataque a la incapacidad para ejecutar obra y para utilizar los recursos de ahorro con que cuenta nuestro sistema financiero, requieren un sistema parlamentario capaz de promulgar las leyes con las que mejoremos nuestras instituciones y devolvamos la confianza de la gente en la política, en esa que trabaja para que los que producen produzcan más y mejor y en la que vela por mejorar las condiciones de vida de la clase media, auxiliando donde sea necesario, a la gente más desprotegida.

Francisco Villalobos
Ex director general de tributación


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