Costa Rica, jueves 23 de mayo del 2013. 12:52 am. Bienvenido a CRHoy. Suscríbase | Acceder
Graduado en Ciencias de la Comunicación Colectiva por la Universidad de Costa Rica, obtuvo un postgrado en Periodismo y Comunicación por la Universidad de Florida en Gainesville, Estados Unidos.
18 de febrero de 2013
Era predecible que con el “boom” nacional de condominios surgiera también el “boom” nacional de mafias a cargo de desarrollarlos.
Se trata de la creciente plaga de “empresarios” desarrolladores a cargo de estafar de mil maneras, desde construyendo mal los inmuebles hasta, del todo, no construyéndolos y, por supuesto, quedándose con el dinero de los clientes.
Como consecuencia, la cantidad de incautos víctimas del gangsterismo urbanístico es hoy aquí legión sin que -para variar-, nuestro ordenamiento jurídico e institucional tenga la capacidad para actuar rápido contra la acción de esos bribones.
En el mejor de los escenarios, algunos de los condominios son obras aberrantes construidas en zonas cuyo suelo y topografía, al no ser los adecuados, acaban desplomándose bajo tierra producto de deslaves, rellenos mal hechos o cimientos endebles.
Además, tienden a ser obras sin ningún ornato, es decir, levantadas de principio a fin a cemento pelado sin espacios para áreas verdes o recreación, sin óptimos sistemas sanitarios para el drenaje de los desechos y hasta sin estructuras ni materiales de calidad antisísmica.
Todo esto, desde luego, gracias a la fina cortesía de las municipalidades e instituciones encargadas de aprobar los permisos, cuya complicidad no parece tener límites ni en cuanto a ineficiencia y mal gusto ni mucho menos en cuanto a corrupción.
Y en el peor de los escenarios, a la gente sencillamente le venden un fantasma. Cuando mucho, viento. El interesado llega a donde el “desarrollador” que lo sienta, le ofrece algo de tomar y empieza a bajarle el cielo entero. Vía computadora, le muestra lo que sería la casa o apartamento de sus sueños, los acabados (acabado queda uno después), los espacios, arboledas y aire otoñal del lugar.
Como parte de la estrategia para anestesiar a su víctima, se vale de metáforas, hipérboles y cierta rimbombancia a la hora de bautizar los proyectos con nombres tales como “Néctares del bosque”, “Senderos de primavera” y “Prados de ensueño”, entre otras cursilerías.
Además, haciendo gala de esplendidez y bonhomía hasta le permite al cliente escoger cosas como la loza sanitaria, el color de la cerámica y la pintura interior con tal de hacerlo caer más rápido en sus garras. El paso siguiente es pactar el “enganche” o el pago de contado y firmar el papel.
A partir de ahí comienza la calle de la amargura para el comprador. El primer indicio de que algo no huele bien aparece cuando las obras no se inician a tiempo y los “desarrolladores” despliegan su gran menú de excusas para sortear las quejas de los estafados.
Y así transcurren los días, meses y años, de mentira en mentira, con los “desarrolladores” fijando nuevas fechas para arrancar los trabajos y echándoles la culpa a problemas “registrales”, legales o bancarios.
Cuando ya estos sienten pasos de animal grande o que la presión es mucha, cambian entonces de oficina, de número de teléfono y hasta de recepcionista, o bien se inventan el cuento de que tal día, con el respaldo de otras propiedades que tienen, devolverán el dinero.
Y así sucesivamente hasta que el cliente estafado se ve obligado a recurrir a la acción penal en un proceso que le toma años de angustias, cóleras, disgustos y más dinero para recuperar su inversión.
En lo personal, me consta. Sufrí algo parecido junto a otras seis personas que literalmente compramos “viento” aquí al este de San José. Habiéndosele pagado desde el principio al “desarrollador” hasta el último centavo por el condominio, tuvieron que transcurrir cinco años de pleitos con abogados y molestias de todo tipo para pasar de precaristas a propietarios.
Mi recomendación a los futuros compradores de condominios es que, antes de aflojar un cinco, se asesoren bien en cuanto a la calidad y modalidad del proyecto, al “desarrollador” (no dejarse llevar por los apellidos de alcurnia) y a las condiciones del negocio.
Excelente artículo que refleja fielmente, la lamentable realidad de muchas familias hoy en Costa Rica. Esos “desarrolladores” que podrían mejor llamarse mafias organizadas,mas temprano que tarde irán a la cárcel, o mínimo, se quedarán en la ruina, señalados y aislados de la sociedad, porque quién va a querer tener de amigos a unos delincuentes como esos?
Con todo respeto para quienes dicen que hay que cuidar las palabras, me parece que tales malas interpretaciones o acusaciones se evitarían si nuestro sistema judicial fuera más eficiente y resolviera las denuncias en forma más expedita. Los casos demoran 10 y más años. Así las cosas lamentablemente para una persona como yo, que ha tenido que sufrir por más de 10 años las consecuencias de una estafa infame propiciada por un político corrupto, sin escrúpulos, le queda el sinsabor y la desconfianza. Quizás no todos sean iguales, pero COMO SABERLO?? si los tribunales no cumplen con su deber de justicia pronta y cumplida y no meten a la cárcel a estos estafadores, así será entonces difícil saber quién es quién. Todos están mezclados, honestos y deshonestos, por lo que, lamentablemente, quienes hemos resultados dañados no podemos mirar con buenos ojos a ninguno. Les sugiero interponer a la Asamblea Legislativa una solicitud de proyecto de Ley en el que le pongan límite a los tribunales de justicia para una resolución expedita de estos casos. Así se sabría quienes son los estafadores y quienes no lo son y habría más justicia en este sentido.
Yo estoy por contratar a una empresa para que me hagan mi casita, alguno de ustedes me podria recomendar alguna pagina en donde pueda investigar a dicha empresa, es solo para estar seguro de que no es una empresa fantasma, muchas gracias de antemano…
Don Edgar Jimenez, me disculpa pero casi en su totalidad las constructoras en Costa Rica han actuado muy mal, con nombres importantes, nada les importa el sufrimiento de las personas que con mucho esfuerzo hacen los prestamos para tener una casa propia. Asi que con todo respeto no nos hagamos los inocentes, usan apellidos reconocidos para que caigamos de incautos. Que pena pero asi se esta manejando las cosas en mi querida Costa Rica.
Qué confiados y buena gente somos,por ello los estafadores fácilmente nos embaucan. El consejo de D. Edgar es muy valioso. Lo malo es que con frecuencia la cautela suele venir después de la primera estafa