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Meteorólogo
2 de febrero de 2012
Emprendimos el viaje el sábado por la tarde, con la premura que puede tener un viaje planeado con una anterioridad de un mes: equipaje ligero, botas, pantalones de mezclilla, ropa cómoda. Abordamos la nave que nos llevaría hasta allá, comandada por el más experimentado de los pilotos.
Nuestro destino final, el parque nacional Rio Celeste; en el Área de Conservación Arenal-Tempisque, un río en el cantón de Guatuso, teñido a un azul claro por unas reacciones químicas entre el carbonato de calcio y el azufre del Volcán Tenorio. El color de sus aguas es impresionante, y tiene una de las cataratas más hermosas de Costa Rica, además de aguas termales naturales y -lo más importante para mi- es que se encuentra dentro de un majestuoso bosque tropical donde hay innumerables parajes naturales de gran belleza.
Llegamos al Parque y después de pasar por la recepción de los guardas y escuchar las recomendaciones, iniciamos la travesía de una caminata entre trillos y senderos dignos de las más intrépidas aventuras de un Indiana Jones criollo. Íbamos llenos de admiración al descubrir árboles centenarios, que servían de paraguas para amortiguar las gotas de lluvia que caían y depositarlas suavemente sobre la superficie en forma de una cilampa, o “pelillo de gato”, para después filtrarse suavemente sobre la madre tierra.
Después de una caminata de un hora llegamos a un lugar impresionante donde descubrimos con fascinación una de las más hermosas cataratas de nuestro país, atravesamos el río, y continuamos el viaje descubriendo a cada paso paisajes, aves, árboles, insectos, gusanos y sonidos, que no escuchamos en el fragor de la jungla de asfalto y cemento de nuestra ciudad.
Muchas personas coincidimos en la aventura, entre ellos visitantes de tierras muy lejanas que tuvieron que tomar un avión para poder llegar a la cita con la danta, el saíno, el tolomuco, el mono congo, el carablanca, el mono colorado, los felinos (puma, caucel y manigordo), el pájaro campana, el pavón y diferentes halcones, batracios y las chicharras. Los extranjeros recorrían con su cámara -y en extremo silencio- los matorrales para lograr captar las mariposas en vuelo, los pájaros con sus colores exóticos y así compartir con sus allegados y familiares -una vez en sus casas- la sinigual experiencia.
También topamos con algunos otros visitantes de la zona quienes llegaron en motocicletas a escape libre, sin casco de protección. Ingresaron a este templo de la naturaleza fumando, pegando gritos, haciendo bromas de mal gusto; alterando la tranquilidad del bosque y de lo demás viajeros.
Aunque se debe respetar las aficiones de cada quien, creo que también es importante -como decía mi padre- entender que cada cosa tiene su lugar. Nosotros los ticos poseemos lugares de incalculable belleza a nuestro alcance, sitios en los cuales la naturaleza despliega al máximo su esplendor y perfección y debemos aprender a admirarlos, visitarlos y respetarlos, ya que para muchos seres humanos, incluyéndome, ese es el AVATAR, que aun la raza humana no ha podido contaminar.
Visítelo y respételo. No cuesta nada. Para llegar hasta allá, la forma más fácil es tomar un bus en San José hasta Ciudad Quesada. De Ciudad Quesada hay que tomar otro bus para Guatuso. En Guatuso podrá tomar un taxi que lo llevará hasta Río Celeste, el Avatar tico.
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