El tradicionalismo, la corrupción y las mismas caras de siempre, hacen que las nuevas generaciones asocien la política con hechos ilícitos o poco éticos, razón por la cual el grupo de personas que no quiere saber nada de la política, no quiere votar ni participar en el proceso, podría ser una fuerza más importante que cualquier partido político del país.
El candidato que consiga alcanzar la simpatía de esa población –que representó el 30,9% del electorado para las contiendas del 2010- tendría el triunfo en la mano. Sin embargo, los políticos actuales parecen estar lejos de cumplir con los requisitos.
Los especialistas aseguran que esta población resiente un conjunto de situaciones que desembocan en hechos de corrupción, como la desconfianza en las instituciones públicas y los cambios en los partidos políticos, que han generado la disminución de las lealtades y el efecto de la política “cara a cara” que han generado las redes sociales.
Pareciera entonces que se han acabado los “caudillos” y “beneméritos” y ahora es cuando deben surgir las personas que pasen del “decir” al “hacer”.
Fernando Zeledón, especialista en Ciencias Políticas, explicó que es difícil que aparezca una persona con el perfil que busca el bloque que no quiere nada con la política y que, por la diversidad que lo integra, puede que no sea una sola persona.
“Uno puede especular sobre la posibilidad de que aparezca un “mesías” que atraiga al abstencionismo. La otra vez vi a un grupo de señoras a las que se les movió el piso por pensar que el director del Hospital Nacional de Niños podría ser el candidato. Si vamos a pensar en un perfil de los que dudan por ir a votar, no es una sola persona, sino que tiene que ver con la posibilidad de llenar expectativas de grupos”, dijo Zeledón.
Un informe realizado por el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) en el 2006 reveló que las personas sin partido, sin caudillo, ni candidato a la presidencia han venido en aumento desde 1998. Primero se consideró como un fenómeno coyuntural, pero la tendencia se ha mantenido hasta la actualidad.
“Estos hechos conducen a plantear que estamos frente a un proceso de transformación del comportamiento electoral y del lugar de las elecciones en el sistema político. En los últimos lustros se registra un distanciamiento del electorado con respecto a las fuerzas partidarias tradicionales, un consecuente debilitamiento de las lealtades y un descenso en la participación electoral, situación que conlleva a un proceso de transformación del comportamiento electoral, del interés en la política y de la importancia asignada a las elecciones en este sistema democrático”, dicta el informe.
Por su parte, el analista Luis Emilio Jiménez, añadió que el candidato que atraiga a esta población –en su mayoría personas de los 18 a los 35 años- debe tener una serie de características que aunque parezcan utópicas, no deberían de ser tan ajenas de la realidad.
“Tiene que ser un profesional de la política, con conocimiento y experiencia en la función pública, dedicado 100% a esta actividad, con alto grado de valor moral, que tenga iniciativa y creatividad, energía ilimitada y una muy buena conexión con la gente. Definitivamente no puede ser un “primus inter pares” ni aparecer y desaparecer a conveniencia”, explicó Jiménez.
Siete precandidatos del Partido Acción Ciudadana (PAC), uno del Partido Liberación Nacional (PLN), tres de la Unidad Social Cristiana (PUSC) y uno del Frente Amplio, son los aparentes aspirantes a la presidencia pero, ¿cumplen ellos con estas características?
El candidato de los que no tienen partido, de acuerdo con Jiménez, debe tener un liderazgo afianzado en una visión de Estado, con mirada atenta a los principales signos de nuestros tiempos, así como en el ejercicio de habilidades para el cumplimiento de los objetivos trazados y prometidos a la ciudadanía. Debe demostrar capacidad de “hacer”.
“Es elemental que conozca, respete nuestras glorias pasadas y los intereses actuales de los diversos sectores del país. Se necesita un liderazgo cuya investidura no sea cuestionada. Que tome decisiones sin dilación, que su accionar esté impregnado de una consagración total al país y a sus instituciones, y que la rendición de cuentas sea algo de todos los días”, dice Jiménez.
¿Idealista? Quizá, ¡pero lo merecemos!














El señor Villalta sería un buen candidato moldeando algunas herencias negativas de su partido.
No hay que buscar mucho, ya tenemos un señor candidato que reune las virtudes necesarias: José M° Villalta y su partido el FA es garantía de ello.