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Intriga por la huella dactilar de la gemela de “La Gioconda”

13 de febrero de 2012

9:22 am

Agencia/Redacción


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Fotografía del álbum personal de Javier Sierra, facilitada a Efe por el propio escritor, en el que este aparece junto al cuadro "La Virgen de las Rocas", en el Museo del Louvre. Sierra, apasionado de la obra de Leonardo da Vinci, como ya dejara de manifiesto en su libro "La cena secreta", considera que urge analizar la huella dactilar que aparece en el borde superior derecho de la réplica de "La Gioconda", propiedad del Museo del Prado de Madrid. EFE

Madrid, 13 feb (EFE).- El escritor Javier Sierra, apasionado de la obra de Leonardo da Vinci, como ya dejara de manifiesto en su libro “La cena secreta”, considera que urge analizar la huella dactilar que aparece en el borde superior derecho de la réplica de “La Gioconda”, que acaba de ser restaurada en el Museo del Prado.

“El cuadro de la Gioconda de Madrid tiene mucho más alcance del que se le está dando y es de una tremenda importancia. Y una de las primeras cosas que se deberían hacer, antes de que se le ponga el bastidor, es una microfotografía de esa huella”, dice a Efe Sierra.

Posteriormente, la huella “habría que cotejarla con las otras existentes de Leonardo, porque probablemente el cuadro no lo pintó él, pero sí que lo pudo supervisar o dirigir”, explica este apasionado del arte, que conocía bien a esta Gioconda española, la pariente pobre largo tiempo ubicada en una sala del Prado donde quedaba ensombrecida por Fra Angélico, Durero o El Bosco.

Y es que la pasada semana el Museo del Prado dio a conocer una pieza casi secreta, réplica de la obra maestra de Da Vinci que está colgada en El Louvre, que, tras meses de limpieza y restauración para quitar el negro del fondo, resulta que no es una copia más de la Mona Lisa, sino un retrato que, según los conservadores del museo, se pudo hacer en paralelo al auténtico entre 1503-1506 y pudo ser pintado por un discípulo del pintor, Salai o Melzi.

Así, esta hermana gemela de la Mona Lisa, que ha causado un gran revuelo internacional y que se exhibirá oficialmente el 21 de febrero en Madrid, se podrá ver el 29 de marzo también en el Louvre junto a la heredera legal de Leonardo.

Pero, entre tanto, Sierra, que observa con mirada de inspector novelesco, se está mordiendo las uñas por las muchas posibilidades que dice que abre esta restauración sobre el mito de Leonardo, que le obliga a ir a las fuentes. Y estas no son otras -reconoce- que Giorgio Vasari, el hombre que inventó la palabra Renacimiento, el cronista esencial de esa época, autor del libro “Vidas de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores italianos”.

“Este hombre hace una descripción de ‘La Gioconda’ que es la que ha determinado nuestro conocimiento del cuadro. Él identifica a la modelo con la esposa del comerciante que lo había encargado, que se llamaba Giocondo, y asegura que se trataba de una joven de 18 ó 19 años, de aspecto lozano, con unos ojos y unas cejas que parecían naturales. Pero resulta que La Gioconda del Louvre no tiene cejas, y la del Prado sí”.

Cabe la hipótesis -prosigue- de que Vasari, que fue contemporáneo de Leonardo, no viera “La Gioconda” porque Leonardo se la llevó a Francia, y de que la que él describe de forma tan vívida sea ésta de Madrid, que pudo ver en el taller de Leonardo en Milán.

Los expertos tienden a creer que fue obra de Melfi, el discípulo favorito de Leonardo y el que heredó todo, quien tenía una conexión muy especial con España.

“Melfi, a la muerte de Leonardo, le vendió varias cosas a Pompeo Leoni, un artista italiano que hizo las estatuas de la familia de Carlos V y Felipe II en El Escorial y que quería impresionar a Felipe II. Entre esas cosas había dos códices de Leonardo que hoy están en la Biblioteca Nacional; y cabe la posibilidad de que también le vendiera este retrato ahora restaurado”, apunta Sierra.

Pero otra de las pistas o hipótesis que el autor de “El ángel perdido” añade a este misterio le lleva a cuando Leonardo estaba pintando “La Gioconda” y recibió la visita de su discípulo más exitoso, Rafael. Este, al parecer, se quedó prendado por el cuadro que pintaba su maestro y decidió hacer un boceto, hoy en el Louvre.

El boceto es el que también ha puesto en alerta a Sierra, ya que en él aparecen dos columnas detrás de la modelo, como si ésta estuviera en una terraza con una balaustrada grande, cosa que no aparece en la Gioconda del Louvre pero sí en la de Madrid.

“El cuadro del Prado se ajusta a las descripciones de quienes lo vieron en el taller de Leonardo.

Probablemente él no lo pintó, lo supervisó o retocó, pero también pudo ser que fuera con el que está en el Louvre con el que experimentara hasta crear su obra magistral. Hay que recordar que ‘La Gioconda’ contiene la técnica del ‘sfumato’, y puede que la otra, la de Madrid, fuera la que cumpliera con el contrato del Giocondo”, señala Sierra.

Misterios sin resolver que lo que seguro que harán será devolver la dignidad al cuadro del Prado, y que muestran a un Leonardo Da Vinci, como dice Sierra, con un avanzado sentido del marketing, impropio de esa época, pues dejaba que se copiasen sus cuadros para que se difundiesen, algo que ningún artista había hecho antes.

Carmen Sigüenza

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