Edgar Espinoza

Graduado en Ciencias de la Comunicación Colectiva por la Universidad de Costa Rica, obtuvo un postgrado en Periodismo y Comunicación por la Universidad de Florida en Gainesville, Estados Unidos.

4 de marzo de 2013

La Costa Rica de perejil

A los ticos nos está ocurriendo algo bien jodido. Con el “boom” del turismo aquí, muchos hoteles y restaurantes han adoptado protocolos de atención que no se avienen a nuestras más arraigadas tradiciones.

Uno de ellos es, por ejemplo, el de servirnos el “gallopinto” del desayuno bien comprimido en una tacita de miniatura con un perejil encima, dos rebanadas de plátano maduro y una tortilla prefabricada embarradita apenas de natilla.

La primera vez que me lo hicieron llamé al mesero y le dije:

–Disculpe la pregunta. ¿Cómo lo crió a usted su mamá: con un “gallopinto” miserable como este que me está sirviendo, o con uno de verdad?

–A mí me crió mi abuela, y con uno bien grande, copetón y despeinado.

–Pues así lo quiero, como el de su abuela. ¡Ah, y con huevos, maduros, tortillas recién palmeadas, queso…!

–Bueno… déjeme preguntar en la cocina. Yo solo cumplo órdenes.

Y así con todo. Pida usted un ceviche de pescado y verá que lo que le traen es un montón de lechuga con ramas de culantro y perejil bellamente adornados y, por allá perdido en el fondo del plato, cuatro pedacitos de corvina, si le va bien, y si no, de tiburón añejo.

Esos platos son una estafa para el cliente porque, en vez de una buena porción de su comida favorita, le traen una coreografía surrealista de hojas con sabor a aire que, desde luego, lo dejan con hambre y manos arriba debido a que, encima, le cobran un ojo de la cara.

Se trata de platos muy incómodos debido a que, por estrambóticos, para poder llegarle al pedacillo de camarón, langosta o cangrejo, el consumidor se ve obligado, cuchillo y tenedor en mano, a desmantelar toda esa infraestructura decorativa de “churristate” que luego no sabe dónde meter.

Para peores y como parte del atraco ahora a todo le llaman “orden”: orden de papas, orden de palmito, orden de frijoles… Así, individualizadas. ¡Y todas, por supuesto, diminutas! Si uno reclama por el poquillo de aguacate que le trajeron, le dicen que así es la “orden” y que si quiere otra, con mucho gusto se la traen. Y de nuevo el garrotazo.

Por eso, a la hora de pedir algo siempre le advierto al mozo que, por ejemplo, me traiga el fresco de frutas en vaso grande y sin ninguna ceremonia de nada, pues de lo contrario me lo trae en vaso enano repleto de hielo, sombrillita tropical de papel y flequillos de cáscara de naranja. Y del fresco… un trago.

El objetivo principal de tanta decoración en la comida es obvio: darle por la nuca al cliente, o sea, sorprenderlo presentándosela como una obra de arte para que coma por los ojos y no por la boca, pues los chef que tienen son más artistas plásticos que culinarios.

El plato principal es otro buen ejemplo de esta manipulación, pues tiende a ser enorme pero sin contenido. Bajo la misma técnica, al pedacillo de carne, pollo o pescado lo inflaman de colochos de tomate y “blower” de lechuga, entre otros pastos, para que parezca suculento, así como también de florituras dibujadas con salsas de colores para hacerlo bien Rococó.

Por supuesto que los postres tampoco escapan a esta extravagancia. Para impresionar a su víctima, se los traen entre varillas, arcos, puentes y carrozas aunque al final todo se reduzca a una “cuitica” de mousse de chocolate, sorbete o bolita microscópica de leche condensada.

En resumen, son hoteles y restaurantes que tratan a los ticos como turistas o ejecutivos extranjeros sometidos a la comida gourmet internacional simétrica, sintética y fosforescente, y no a la sabrosa y generosa que nos gusta. ¡Al chancho con lo que lo crían!

Los ticos estamos acostumbrados al “plato cordillera” con sus montañas de arrocito, papitas, huevito, madurito, picadillo, frijolitos… Por dicha sobreviven todavía unos pocos restaurantes donde a uno le sirven la porción con que la abuela lo crió.

[email protected]


Comentarios

Orlando dice:

En lo que sí estoy de acuerdo con Alejandra Montes de Oca, es que siempre son comentarios destructivos, aunque con algún buen humor. No ha salido de su resentimiento social de nacimiento.

Alejandra Montes de Oca dice:

Tristemente se nota lo poco felíz que es usted, todos sus artículos son de criticas destructivas a diferentes temas!
Me gustaría algún día poder leer algo positivo, animante y refrescante.
Así como usted critica nuestra profesión sin conocimiento alguno yo critico su trabajo falta de tacto y cariño! La decoración de los platos es algo que se hace con talento y mucho amor. Si usted siente que un plato es caro, le invito muy amablemente a pasar un día en una cocina de hotel o restaurante a ver si llega a valorar el tipo de trabajo que es y ver si con lo que cuesta un plato, usted logra pagar el cansancio que produce realizar comida! y antes de que juzgue y diga que la gente que esta en una cocina es porque es gente no preparada en otros ámbitos le comento; que los chefs no son gente ignorante y analfabeta, al contrario es gente preparada también! por ejemplo mi persona.
Ya van dos veces que leo criticas destructivas gastronómicas de su persona y me ofende grandemente.
Buenas tardes!

Anónimo dice:

Todo cierto don Edgar, aparte de que termino con un mal de risa entre nerviosa y cabreado; me quedo con el final. Hay que ir a esos restaurantes de nuestros tiempos, favorecerlos en todo momento. Los hoteles y restaurantes de los cuales Ud. comenta, por eso ahora estan quebrados. Ahora se estan quejando de que no tienen clientes, ni ticos ni extranjeros porque han llegado a creer que los que llegan son un monton de iletrados, borregos ignorantes. LOs mismos extranjeros comentan que es mejor ir a otros paises porque aqui no se puede venir por los precios de los cuales no hay control. Lo mismo sucede cuando contrata alguna persona o empresa para dar mantenimiento a su casa el 40 % de materiales y 60% y mas de mano de obra cuando antes era al revés.
Voy a defender a don Edgar de la Montes de Oca, su comentario parece de jauja. Señora M ontes de Oca la invito a tomar nota. Los restaurantes y hoteles de Europa han comensado a leer los comentarios de las personas que han pasado por estos lugares y de acuerdo a los comentarios han llegado a perder clientela. Y cada dia el usuario visita las paginas de estos lugares para ver los comentarios y asi tomar decision. Sra. Montes de Oca el que paga manda. Quisiera seguir comentando su desacertado texto, pero no vale la pena.

spartan117 dice:

lol…churristate jajaja ! razon a don Edgar, sierto que cuando estuve de vacaciones en tiquicia me servieron un ceviche asi, y el pinto estaba un poco rojo no se si le pusieron achiote o que.

Sergio Solano Quesada dice:

Don Edgar con razón está tan delgado !!, le recomiendo que si se quiere “apretar” un buen gallo pinto vaya a cualquier soda o mejor dicho a las típicas “Muertas de Hambre” donde comen los taxistas y los vendedores ruteros….esos señores saben de las tres BBB. Soy el papá de la Familia Amster de Robert…

samuel flikier dice:

Estoy especialmente sensible en este tema, ya que mi hermano Charle me visitó recientemente desde Jerusalem. Ayá en el desierto, donde casi todo es importado, se come igual o más barato que acá.

karla dice:

Se puede entender Don Edgar con lo que usted describe que esos restaurantes, tienen una doble función, la verdadera y la de fondo no se la voy a explicar aquí, pero nada más supongamos que desde el cuidacarros comienza la indicación de que usted no es parroquiano del lugar y es así que le sirven esos gallopintos micróscopicos a ver si usted se pierde rápido y les deja la mesa para que vengan los que sí entienden la verdadera naturaleza de ese restaurante.

Carlos Leon Alvarado dice:

Jajajaja que agradable evaluación de la “carta” de los hoteles en CR… nada como comer en el mejor sitio en SJ, el mercado central, donde una orchata la sirven hasta con helado, la olla de carne vale 3 mil y sabe a gloria, y un cafecito sabe a café, no a brosa. Provechos!