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Graduado en Ciencias de la Comunicación Colectiva por la Universidad de Costa Rica, obtuvo un postgrado en Periodismo y Comunicación por la Universidad de Florida en Gainesville, Estados Unidos.
13 de febrero de 2012
Contra los dolores del país alíviese de inmediato con la iDios (pronunciar ¡Ay Dios!), la nueva tableta electrónica que le da “delete” a lo que no sirve, como el Gobierno y sus parásitos, y “enter” al bienestar nacional.
Mi propuesta es firme y honesta. Dado que la “tetica patria” sigue en caída libre y sin esperanza alguna de levantar pezón, se me ocurre que la mejor manera de socorrerla en este trance histórico es sustituir su gobierno fatal por uno digital. En pocas palabras, darle un golpe de Estado virtual.
La idea es eliminar todo de cuajo, es decir, los poderes de la República, que ya son multitud; las instituciones todas y el “botellero” afín, a cambio de instalar la todopoderosa iDios con redes, puertos y demás accesos para que lidere, de manera inalámbrica, nuestro futuro.
Sería muy simple y hasta menos grosero porque en vez de un gobierno de “facto” tendríamos uno de “ipso facto”, o sea, instantáneo, en el acto, eficiente y legítimo, gracias a que para dar el golpe migraríamos del tradicional “bang” al novedoso “clic” de modo que nos convirtamos en la primer democracia en línea, o sea, con todas sus medidas perfectas.
La ceremonia presidencial de quitaipón sería sencilla. Un experto llegaría a Zapote con la iDios y la colocaría en el despacho de doña Laura a quien, de manera muy cordial, se le darían las gracias por los servicios prestados… De inmediato, se procedería a conectar la tableta a una red nacional interconectada, vía chip, a cada ciudadano, y listo.
Y así, mediante el sistema apolítico inteligente que se crearía, la iDios metería de por vida en cintura a todo el mundo. No más gobernantes, políticos ni rémoras. No más pantomima “democrática” electoral cada cuatro años, ni saqueos al patrimonio público, ni semilleros de vagos y mamadores de la “tetica patria”.
La moderna terminal de inteligencia electrónica comprimiría en un chip al Estado todo: las instituciones pasarían de ser los monstruos adiposos de hoy a un impulso o byte con todas sus funciones a punto, sin biombos, “premios” ni demás delincuencias, del mismo modo que todo su personal tendrá que ponerle bonito a trabajar para que cada frijol que se coman valga su peso en sudor.
Para entonces no habrá tu tía; todos andaríamos bien chipeados (y muchos hasta chiveados) bajo la férula de la iDios que, dentro de su incorruptible liderazgo informático, tendría programado, por fin, nuestro soñado porvenir. Claro, solo los técnicos sabrán en qué parte del cuerpo nos meterían el adminículo ese para que funcionemos pues, de ser bajo la axila o en la baja espalda, sus días estarían contados y el país caería de nuevo en la limbocracia.
Pero sea como sea, con la iDios sobrevendrían el fin de las imposturas, la extinción de los pelagatos del poder, la muerte del vandalismo gremial, el sanseacabó de la sinvergüenzada pública, el basta ya a las influencias políticas bajo la mesa y el remedio definitivo a la incontinencia verbal de los falsos profetas. Y mientras esas plagas buscan mama que los mantenga, la Casa Presidencial se convertiría en el museo que mejor testifique la burla histórica a todo un pueblo.
En síntesis, la iDios asumiría el control político total del país bajo su propia tabla de leyes de acatamiento automático so pena de enviar al desobediente o infractor, vía electrocución fotónica, al ciberdestierro, suerte de infierno virtual donde perderá sus ingresos, bienes, servicios y derechos sin que las súplicas, “padrinos” e indulgencias le puedan ayudar debido a que tal alcahuetería también se habrá acabado. Ante semejante autoridad electrónica, a la gente solo le quedará exclamar: ¡Ay Dios!
Así las cosas, autopistas como la de Caldera serían de seis carriles sin montañas cayéndoles encima; la seguridad pública, tan bien controlada como la entrada al cielo; la calidad de nuestro fútbol, entre la del Barça y el Manchester United; la educación, de academia de sabios griegos; las platinas de los puentes, orotinas; la red de trenes, nacional y sensacional, y los hospitales públicos, cinco estrellas. O sea, mediocridad por prosperidad, decadencia por bienestar.
¡Bienvenidos, entonces, a la Costa Rica iDios!
ed@columnistaedgarespinoza.com
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