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15 de febrero de 2013
La grandeza no la hace una marca, un apellido, un puesto o un recuerdo heredado. Son muchos quienes fueron grandes y hoy están en el olvido; por esto mismo, y aunque parezca extraño, quiero hacer una comparación de la tecnología versus las vacas sagradas que dirigen nuestro país.
En el mundo de las marcas tecnológicas, una empresa que hace un año era el rey inalcanzable como Apple, ha perdido el trono porque hoy lo tiene Samsung, pues existe esta particularidad que tienen los avances tecnológicos de no firmar contratos perennes con nadie, dado que las ideas e invenciones son libres. Eso está bien, pues son de quien las haga primero, pero quien presente algo mejor -aunque sea el segundo o tercero- es el nuevo rey. Esta es la forma en la que deberían de operar todos nuestros sistemas. Que nadie se sienta una vaca sagrada o imprescindible, que quien tenga mejores propuestas y vitalidad tome el comando, que de todas formas ningún grupo de humanos debe depender de uno sólo, porque estaría destinado a colapsar -tal y como ha colapsado este gobierno- como se dice en el mundo de la computación. “La redundancia es la clave del éxito”, es decir, en una organización ideal, hay especialización y liderazgo pero no aislado, todos se empapan un poco de lo que hace quien está a su lado y, en el momento menos esperado, éste que sabe un poco se convierte en salvación del experto.
En Costa Rica, en cambio, vivimos en el universo del yo. ¡Basta entrar a Facebook para comprobarlo! Y lejos de ser un puro hedonismo, eso es más bien una limitación, porque los mundos pequeños tienen pocas historias y vivencias, y sólo quien se despoja del yo y se sumerge en el mundo del otro aprende. Sólo quien se pone en los pies del otro, de quien tiene empatía es capaz de entender las necesidades y fortalezas del otro y éste que es capaz de salirse de su yo es quien debe ser llamado a dirigirnos.
Mi punto es que así como en tecnología debe buscarse la superación, permanentemente. Así debe ser el hombre también y debe tener una mente abierta porque quien ayer fue un grande, hoy ya no lo es y hay que -rápidamente- distinguir quién va atrás y quién realmente es guía.
Es un error común del hombre hacer las cosas por rutina, sin análisis ni reflexión, así como lo es poner etiquetas a las personas o empresas. Por ejemplo -lo digo como tecnólogo espectador- hay medios de comunicación que se suponen inmortales, los grandes de Costa Rica, tanto así que que hoy día, época de los smartphones, de la computación móvil, ni siquiera ofrecen soluciones para estos dispositivos, no tienen aplicaciones, están atrás porque es como quien presume de su empresa pero en su tarjeta viene un correo de hotmail porque ni siquiera tiene página web y entonces yo me pregunto: ¿Por qué les consideramos grandes?
En síntesis no todo lo que brilla es oro ni todo lo que no se conoce es malo. El éxito se mantiene con la renovación y la pluralidad de una organización. Basta ya de vacas sagradas en política, comunicación, deportes y en todo, porque el mundo cambia y no hay tiempo para quedarse atrás con quienes siguen teniendo delirios de una grandeza olvidada.
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