Bohián Pérez

Antropólogo-Arqueólogo, investigador, docente universitario, asesor en temas de cultura, patrimonio, grupos indígenas, comunidad, sociedad, organización social, etc.

7 de febrero de 2013

Opinión: Edificio inteligente o inteligentes en el edificio…

Hace unos pocos días, los diputados, como pocas veces, expeditos y compactos, anunciaron, con toda la pompa referente, la escogencia del diseño y proyecto que daría inicio a las nuevas edificaciones de la futura Asamblea Legislativa.

Entre maquetas y personalidades se promovió el fideicomiso y la apertura del cartel de licitación por cerca de 75 millones de dólares (más de 3780 millones de colones), que de cualquier forma, saldrán del erario público (o sea, de nosotros), si o si; con los cuales, a mediano plazo, se tendría el proyecto ejecutado y puesto en funcionamiento.

No quiero ser malinterpretado en que mi comentario es sobre algo tan recurrente como el costo del proyecto, aunque no deje de ser un tema tentador ante las perspectivas de crisis económicas mundiales, recesiones, sectores productivos vulnerables y crisis fiscal irresuelta desde hace más de una década.

Mi propuesta para la discusión es más metafórica y desde la ciudadanía.

Los ejes del vitoreado proyecto descansan sobre conceptos ya inscritos en nuestra idiosincrasia reciente: poco consumo energético (¿será?), carbono neutral, amigable con el ambiente, tecnológicamente moderno, arquitectónicamente apto a nuestras condiciones climáticas, etc., en resumen, exponen los diputados: un edificio inteligente.

Y de repente, ese término, “inteligente”, sobresale entre el resto del texto. Veo que en casi todos los discursos y reportes de prensa es un elemento que se resalta: edificio inteligente. Se nota incluso una nota de orgullo en las palabras de algunos diputados (as).

De repente percibo que la frase “edificio inteligente” está adquiriendo una concepción por sí sola, como si detrás del discurso se quisiera también licitar, ya no la construcción de un edificio, sino una reconceptualización de lo que será la nueva Asamblea Legislativa, quisiera uno suponer, en su funcionamiento y efectividad.

Que el edificio sea inteligente en realidad no me preocupa. Lo que me interesa es saber, como vamos a lograr, que los y las que ocupen esos futuros edificios sean personas realmente capaces de reforzar y renovar nuestra alicaída democracia y el funcionamiento de sus instituciones.

Porque como dicen en el campo: “la mona, aunque de seda se vista, mona se queda”; por tanto, nada hacemos con felicitarnos de tan importantes inversiones y de inteligentes edificaciones, si a lo interno, el contenido, el relleno, seguirá siendo el mismo, el de dudosa capacidad, el de sospechosa aptitud, el de misterioso compadrazgo.

Porque renovar la infraestructura física de la Asamblea es más que necesario y desde hace años; pero ¿hasta qué momento vamos a tener que esperar para que el mismo esfuerzo, la misma inversión, el mismo entendimiento y compactación entre los padres y madres de la patria, se utilice para renovar los cimientos intangibles del sistema, esas bases funcionales necesarias para que la democracia sobreviva? ¿Hasta cuándo vamos a seguir interesados por “aparentar”, sin preocuparnos por realmente “serlo”?

Porque necesitamos ser inteligentes. Y no hablo de inteligencia técnica, lógico-matemática, pedagógica o multifuncional. Hablo de la inteligencia emocional de la ciudadanía. Porque los y las que rellenan este y el futuro edificio de la Asamblea, lo hacen porque alguien los eligió, están ahí porque cada cuatro años creemos en el mito del voto como base de la democracia y pensamos que con poner nuestra marca ya hicimos lo debido y lo suficiente. Error de base, que nos resta inteligencia ciudadana.

Invertir en edificios inteligentes sin duda está bien, pero lo que necesitamos es convertirnos en una ciudadanía inteligente, o sea, informada, crítica, que en la era de la información, redes sociales y espacios de opinión, podamos tomar las decisiones a partir de una actitud bien fundamentada en todos esos datos y opiniones.

Que cuando tengamos nuestro edificio inteligente (sí, nuestro, salido de nuestros aportes), seamos tan inteligentes, como para llenarlo de personas inteligentes, comprometidas y capaces…y no, no me refiero únicamente a la inteligencia técnica…


Comentarios

Jeison Vargas Esquivel dice:

La asamblea legislativa está pensando en un futuro con mejores métodos para llevar a cabo su labor de llevar las riendas del país, es también nuestra responsabilidad por medio de redes sociales y demás medios de comunicación el estar informados y crear un criterio crítico acerca de quienes queremos a la cabeza del país y no sólo dejarse llevas por el color del partido político. Hay que crear el edificio inteligente pero no para seguir como hasta ahora sino para poner personas capaces e inteligentes capaces de minimizar los problemas del país. El dinero que saldría de todos nosotros debe ser invertido en nuestro propio futuro común y no para unos cuántos