18 de enero de 2013

Opinión: Lance Armstrong, del Olimpo a la infamia

No se puede engañar a todo el mundo, todo el tiempo.

Las recientes revelaciones de Lance Armstrong, así lo confirman.

La confesión de Armstrong transmitida anoche en el programa de entrevistas de Oprah Winfrey ,en los Estados Unidos, difícilmente tomó a alguien por sorpresa.

La reina del “talk show” sabía que tenía una bomba en sus manos y supo hacerla explotar con la mayor cobertura mediática posible.

Desde hace más de diez años, venimos escuchando acusaciones de que Armstrong usaba sustancias prohibidas para mejorar su rendimiento. Él no solo negaba estas acusaciones, sino que también atacaba a sus críticos con la prepotencia digna de un sociópata.

Los “Lance Armstrong” de este mundo son tipos increíblemente talentosos en sus emprendimientos. Además, mienten sin remordimientos ya que sus ansias de poder, prestigio y control, justifican (según ellos) los medios.

Las reglas del juego, sea ciclismo, negocios, servicio público o cualquier otra actividad, no se aplican a ellos. Empiezan con pequeñas mentiras que pasan desapercibidas. Una vez que el éxito los emborracha, no se detienen ni miden las consecuencias.

Lance Armstrong mancha la historia del deporte. Pero también confirma una antigua lección de vida: tarde o temprano, las mentiras caen por su propio peso.

 

Elizabeth Fachler

Cédula 1-678-054

 


Comentarios

Eric Scharf dice:

Muy buen artículo. Estoy totalmente de acuerdo con la posición expuesta por la autora. Faltas graves como la de Amstrong desprestigian el deporte y cualquier otra actividad en la que se realicen. Vivir en sociedad demanda el cumplimiento de reglas. Quienes no lo hagan, deben ser sancionados.