Pedro Aguilar

9 de febrero de 2013

Opinión: Los ingenuos topes de cartera

El Banco Central anunció el establecimiento de los topes de cartera para las entidades del Sistema Financiero Nacional, evidenciando que la buena lectura de la coyuntura macroeconómica sigue sin estar de su lado.

La medida, impuso un límite el crecimiento en la cartera de créditos e inversiones de los intermediarios entre el 1 de febrero y el 31 de octubre del presente año a un 9%, así como una restricción adicional al crecimiento en dólares, cuya magnitud depende del desempeño en esta moneda para estas cuentas contables durante el 2012.

Así, la iniciativa fue direccionada como una estrategia para evitar exceso de liquidez que repercuta en presión inflacionaria sobre la demanda, y por otro lado, como una necesidad de la autoridad monetaria para volver a colonizar a los agentes, ante la creciente dolarización crediticia presentada durante el 2012.

La realidad. La principal ingenuidad de la medida, se encuentra en que, tratan de corregir un shock monetario, provocado por los desequilibrios en las tasas de interés y el tipo de cambio, con una medida efectiva para un shock real, que afecta directamente a la producción.

Las altas tasas de intereses locales, comparadas con las menores tasas internacionales y un tipo de cambio apreciado, han hecho que ahorrar sea más atractivo en colones y endeudarse más atractivo en dólares. Lo anterior, es consecuente con una mayor entrada de dólares al país y con un traslado de la riqueza financiera de colones a dólares, situación que no es extraña, donde por ejemplo, cerca del 80% de los activos de la banca privada son en la moneda extranjera. Este comportamiento es racional y esperado, como el punto de partida de la mayoría de las teorías económicas a las que hoy cita la autoridad monetaria para defender sus propuestas.

La justificación de la medida se alimentó cuando para enero, la inflación acumulada de los últimos 12 meses registró en 5.74% la cifra más alta de los últimos 4 años. Sin embargo, se pierde de vista que el impacto más fuerte en este resultado es el desproporcional aumento de los bienes regulados, donde no existe una fijación de precios eficiente que refleje los costos marginales de las empresas y se terminen cargando las ineficiencias operativas al consumidor.

Los efectos. Con los topes de cartera, al limitarse el acceso al crédito, las tasas activas –las que pagan los deudores a los bancos-, subirán en ambas monedas, especialmente en dólares donde las restricciones al crecimiento son mayores y con ello es mayor la escasez de la moneda.

Mientras tanto, al proyectar las tasas pasivas, tendremos un escenario donde continuarán las bajas tasas internacionales, mientras que las locales también seguirán la misma tendencia, debido a la menor competencia por recursos de parte del gobierno en el mercado bursátil y a la menor necesidad de fuentes de fondeo de los intermediarios para abastecer sus limitadas posibilidades de crecimiento.

Entonces, estamos en un escenario donde si bien es cierto los intermediarios podrán ampliar su margen de intermediación, esto será por volúmenes limitados e inferiores a los proyectados para el 2013, donde tendrán que readecuar su estructura operativa para evitar problemas estructurales mayores y donde trasladarán en mayores costos el crédito a los agentes.

Mientras tanto, los más afectados son las familias y pequeñas empresas, que serán los primeros que se quedan sin acceso a créditos más caros, restándole dinamismo a la economía y poniendo en peligro la estabilidad y crecimiento de diversos sectores.

La relectura. Si la intención era volver a las medidas restrictivas tales como el control de capitales o los topes de cartera, mejor remedio pudo resultar un límite a los márgenes de intermediación durante el 2012, con la intención de llevar a los intermediarios a niveles de mayor competencia, incentivando a la mejora en los procesos para disminuir costos operativos, sin encarecer el costo al crédito ni complementando el desajuste en la formación de precios provocada por el Ministerio de Hacienda en el mercado bursátil.

Es fácil tomar medidas transitorias cuando existe poco espacio para discutirlas, pero no se han tomado las precauciones para corregir problemas estructurales más serios, tales como el déficit fiscal y el costo que implicará en el corto plazo abandonar la banda para ir a un sistema de mayor flexibilidad, costo que parece ser más político y hasta reputacional en año lectoral, ya que no se tomó a expensas de un mayor daño al resto de la economía.


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