crhoy-promo
Suscribase, es gratis
  • App Store
  • Facebook
  • Twitter
  • Youtube
  • RSS
Columnas

Edgar Espinoza

Edgar Espinoza

Graduado en Ciencias de la Comunicación Colectiva por la Universidad de Costa Rica, obtuvo un postgrado en Periodismo y Comunicación por la Universidad de Florida en Gainesville, Estados Unidos.

28 de febrero de 2012

Presidenta de escaparate

A la larga doña Laura no pase a la historia como nuestra primera gran mujer presidenta pero sí como la más elegante, apuesta e impecablemente vestida que quizá veremos en mucho tiempo.

Da incluso la impresión de no repetir nunca atuendo alguno, lo que, de ser cierto, cuando este 8 de mayo cumpla los dos años en Zapote, logrará la cifra récord de tantos días transcurridos como presidenta, tantos vestidos estrenados, o sea, 731, contando el bisiesto. Si a esta cifra le agregásemos los dos años que le faltan, doña Laura habrá logrado exhibir 1 461 vestidos que, colocados en ganchos de ropa a dos dedos de distancia uno del otro, necesitarían un closet de 70 metros de largo.

Pero aritméticas aparte, es cuestión de observar lo bien que ella luce su ropita: los tonos, la hechura, los contrastes, la tela, el conjunto, la armonía, el corte y el estilo, todo en glamorosa comunión con su personalidad e investidura, por cierto, sonriente cuando se puede, y discreta, o más bien cauta, cuando la cosa tupe.

Ante semejante altivez, lo primero que cualquiera se pregunta es quién estará detrás de esa maravilla de la alta costura que la ha transformado en revelación chic del buen lucir y en modelo a imitar de nuestra pasarela gubernamental.

Es inevitable imaginarse, entonces, a un consejo de modistos en el corre-corre diario diseñando con cierto apremio los próximos trajes de ella, de modo que sin salirse del patrón sobrio y recatado que la distingue, sean variados, sorprendan y se mantengan a nivel del último grito de la moda de París, New York o de donde provenga.

Me los figuro a ellos, tijera, tiza y centímetro en mano, tallando aquí y aflojando allá. Decidiendo entre el azul Klein o el rosa palo para este verano. Que si con ojalillo, cuello redondo o falda midi. Unos propondrán el escote con escarola; otros, plisado. Ah, y el flequillo o voladito de la manga, la filigrana de la solapa o la doble botonadura para cuando haga frío.

Y aquellas máquinas de coser como motoniveladoras abriendo a su paso caminos de hilo y encaje pues hay que volar; se acerca el nuevo coctel presidencial y los segundos cuentan. Y aquellas manos mágicas que afinan el medio pespunte, depuran líneas, engarzan la pedrería y cuidan brillos y plumajes.

El resultado final de toda esta magia lo hemos tenido a la vista durante los últimos 21 meses: una presidenta de revista, una dama de colección. Ante esto no puede uno resistirse a la tentación de preguntarse ¿por qué, teniendo ella a mano la clave, no ha logrado para su patria una mudadita que al menos la haga ver presentable?

Porque de proponérselo, todo se reduciría a sustituir al consejo de gobierno por el de sus modistos, aceitar la máquina de coser (léase Gobierno) y medir bien el objetivo. Y apuesto la cabeza (no digo la de quién) que a lo primero que ellos le caerán como kamikaze será al liderazgo, esa parte del ser nacional hoy indigente y harapienta. Un camisoncito a doble costura para empezar, lo haría entrar en calor y pudor. Lo demás será cosa de coser y cantar, sin Carolinas Herreras ni truculencias Versace.

El siguiente en la fila sería, por supuesto, el Estado, igual de andrajoso y al que por tratarse del pecho materno del ciudadano habría que hacerle un trabajito de escote para restarle virulencia y evitar que otros se chupen esa miel, como hasta ahora. Luego, con la cintura del país, es decir, las instituciones, no veo mayor problema; una faja elástica apretada hasta la asfixia las hará lucir talladitas y pizpiretas.

Y, bueno, más abajo en la pirámide, estamos nosotros, el puebloide, o mejor dicho, las piernas de la patria a cargo de moverla bajo el enorme peso de su realidad actual. ¿Una enagua bien amarrada? ¿Un balandrán para taparle los lunares? No sabemos. Le quedan dos años aún a doña Laura para ponerse una flor en el ojal y lograr así que su país no se vea tan Christian Pior.

ed@columnistaedgarespinoza.com

Comentarios

Comentarios

Dennis Aguiluz dice:

Y yo que creí que lo que más cambiaba era de colaboradores cercanos, como Ministros, Viceministros, Presidentes Ejecutivos, Gerentes, etc.

businesstico dice:

Hoy en día si mi abuelita viviera diría “a la mona ni viestiéndola de seda deja de ser mona”, y en mi opinión hoy en día cualquiera puede ser Presidente o Presidenta, Ministro o Ministra, Diputado o Diputada o como sucede en otros países de mucho más “glamour” “Princesa sin sangre azul”, o como en Colombia donde todos son “Doctores”, en eso nos estamos convirtiendo sólo apariencia y en el fondo “no queda nada que apreciar ni valorar” porque simplemente no existe. Nuestra Presidenta es una “barbie de la Burocracia” así lo interpreto yo, osea alguien dijo: “tenemos que poner a una mujer Presidenta de Costa Rica porque si no el mundo nos va a ver con malos ojos” y sucedió así, entonces salío Laurita acompañada del señor Arias el “Premio Nobel de la Paz” y con su bendición, perdón “varita mágica” la hizo Presidenta. Pero en el fondo ella no existe porque a sus súbditos les importa más lo que le pase al Señor Rico su esposo, que a ella, y es tan así que ella misma siendo “Presidenta” llama a Don Oscar como Presidente, en este período estamos en el “País de los Sueños” pide y será concedido, pero no se equivoque hay que pedirle a Don Oscar quien es el que tiene la “varita mágica”.

Debe estar suscrito para poder comentar.