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Meteorólogo
18 de enero de 2012
Anoche soñé. No es que no me pase muy a menudo pero casi siempre olvido fácilmente esos lugares que visité en sueños. A veces apenas recuerdo algunas cosas muy lejanas, paisajes, caminos, figuras diabólicas o angelicales que irrumpen en mi vida onírica. En otras ocasiones, las personas con quienes sueño no son las que identifico en la vida real pero sí sé que son ellas por algo que en lo profundo me dice, “ella es tu hija”, “tu hermana”, “tu abuelo”.
Los sueño me sobrevienen desde grandes extensiones de tierra árida y desértica, otras veces llegan en ciudades atiborradas de edificios. De esta misma forma, y entre la maleza de exuberantes selvas tropicales, he recorrido miles de caminos y he vivido muchas aventuras de las cuales me he despertado con el corazón latiendo a mil por minuto, sudando y en ocasiones llorando por la pérdida de alguien cercano o tras el retorno de un familiar de ultra tumba, que llega con algún mensaje de esperanza.
Claro, supongo que eso estará ligado al tipo de ingesta que haya realizado ese día… Por ejemplo no es lo mismo una noche después de una fiesta con los amigos a una noche después de haber ido a los oficios religiosos… ¿O sí?
Dicen los psicoanalistas, y otros tantos especialistas y teorías, que nuestra vida en este mundo se divide en dos: una cuando estás despierto y consciente y otra cuando dormís, cuando caés en los brazos de Morfeo, y ayer, esa etapa de mi vida, fue un poco especial.
Soñé que despertaba en un lugar muy parecido a mi casa, con la misma algarabía de todos los días. Al hacer click al control remoto de mi televisor y dar inicio al noticiero de la mañana, me pareció notar que la sección de sucesos hablaba solamente de lo fuerte de los vientos y de cómo los vecinos ayudaban a las personas que sufrieron tras la caída de un árbol sobre su casa. Ellos les ofrecían alimentos, abrigo y refugio. La solidaridad era enorme… El noticiero siguió y los presentadores decían que la seguridad en las calles de mi país era excelente y pedían disculpas por no poder presentar imágenes de cuerpos sin vida ni de irresponsables ebrios que asesinan a personas inocentes, ni de abusadores. “Tampoco”, decía el periodista, “tenemos imágenes de traficantes que distribuyen la muerte, deshonra o violencia entre la sociedad. Ofrecemos disculpas y hacemos ahora una pequeña pausa comercial”…
El anuncio daba pautas de principios y valores dirigidos a la población en los sitios públicos y entre los compañeros de trabajo, familiares y vecinos, todo promovido por el gobierno.
Seguí soñando y vi cómo una luz color oro invadía la atmósfera: una atmósfera sin contaminación. Me dirigí hasta mi oficina y no logré ver ni a un solo conductor malhumorado; no había presas porque la cortesía y la amabilidad reinaban en la carretera y la gente iba sonriendo. Apurado, busqué en la radio el programa que otros iban escuchando, para impregnarme de aquella alegría, mas no lo encontré.
Abrí el periódico y en la página principal -en letras grandes- anunciaban la puesta en marcha un programa para convertir la mayoría de los centros carcelarios en colegios y bibliotecas de alta tecnología; comentaba el diario sobre cómo la brecha entre las clases había desaparecido y los ancianos -a quienes tanto les debemos- recibirían un monto digno para sus pensiones. Los arroceros y los frijoleros, así como el resto de productores, mejoraban sus cosechas pero, lo mejor era que, a partir del día siguiente, los políticos…
Fue entonces cuando un extraño crujido en las láminas del techo me hizo sobresaltarme y desperté para hacer un cálculo rápido de la velocidad de los vientos alisios y las altas presiones, y reconocer que pocas veces recuerdo un sueño con tanta claridad… ¿Será que alguna vez podremos vivir algo sí?
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