¿Se imagina usted coser su una malla sobre su lengua o inmovilizar su mandíbula con tal de bajar de peso? ¿Qué tal comer solamente manzanas o batidos por un tiempo indefinido? Estos son algunos de los tratamientos o dietas a los que recurren muchas personas para perder peso y conseguir esa figura que (según ellos) es la ideal. Al igual que con las estéticas y las clínicas cosméticas, en esto hay poca regulación y los tratamientos se ofrecen por la libre.
La malla sublingual es uno de los métodos más extremos y desafortunadamente ha acaparado la atención de quienes tienen como meta bajar esos kilos de más, a como sea. Se trata de coser una malla sobre la lengua, mediante seis puntadas. El objetivo de esta malla es interferir con el mecanismo de masticación, de manera que el paciente se ve forzado a consumir únicamente líquidos. Además de esto, se adhieren una especie de imanes a las orejas para controlar la ansiedad. Esa técnica es llamada auriculoterapia.
crhoy.com tuvo la oportunidad de conversar con una mujer que se sometió a este tratamiento y que pidió ser identificada únicamente por su apellido, Loría. Ella reconoció que fue doloroso y que tuvo muchas complicaciones. Además, aceptó que mantener una dieta de éstas es sumamente difícil y que recuperar el peso tras la eliminación de la malla resulta muy difícil.
Se trata de coser una malla, con seis puntadas a la lengua, cuyo objetivo es interferir con el mecanismo de masticación.
“Es imposible mantener la dieta porque está basada en líquido (…) Yo realmente tuve hambre todo el tiempo, la dieta es muy estricta y los imanes te controlan un poco la ansiedad, pero a mí no me funcionó (…) El simple hecho que a usted le digan que no puede masticar automáticamente le genera una ansiedad”, dijo Loría, quien tuvo la malla en su lengua durante varias semanas.
La nutricionista Silvia Quesada, comentó que este no es un método saludable y que “obviamente la gente pierde un montón de peso, porque restringe la ingesta calórica. El problema es que no se puede vivir con la malla de por vida”, añadió, asegurando que una vez retirada la malla, la persona recupera el peso perdido y, a veces, más.
Las principales consecuencias de estos tratamientos ocurren a nivel metabólico, pues cuando deja de recibir alimentos, el cuerpo optimiza los recursos que tiene. Si la persona rebaja las calorías por un tiempo determinado y por alguna razón se consume en un día la verdadera cantidad que debería ingerir la persona, el cuerpo guarda el extra como grasa.
“Mis amigas me dijeron que yo estaba loca (…) loca de ponerme seis puntos en la lengua. Es bastante doloroso, tuve muchísimo dolor y tuve que ir por una receta para que me inyectaran porque sentía la lengua muy hinchada (…)”, dijo Loría, quien además dijo que el sistema resulta incómodo. “Como la comida (líquida) se queda pegada, yo me lavaba muchísimo la lengua y pude haberme lastimado más de la cuenta”, dijo la mujer, quien calcula que estas condiciones se presentaron al menos durante cuatro días seguidos.
Este tratamiento toma seis semanas en total y después de una semana de descanso, se iniciara un nuevo ciclo (con una nueva malla) y así sucesivamente hasta que la persona alcance el peso deseado. “Con las mallas son solo dietas líquidas y el cuerpo está hecho para comer alimentos sólidos (…) entonces se te trastorna el tracto gastrointestinal (…) A las personas que recurren a este tratamiento les dan suplementos vitamínicos pero es no es lo mismo que comer”, dijo la nutricionista Quesada.
Loría reconoció que es una rutina de ejercicios lo que le ha ayudado a no recuperar el peso que perdió, “no hay duda, no hay nada mágico en esto. Soy una persona que ha hecho todas las dietas que existen, más bien al hacer este tipo de cosas el cuerpo entra en emergencia (…) A usted le quitan eso y usted se quiere comer la hamburguesa y todo lo que no ha comido”, confesó…
“Te prometen un montón de cosas: la auriculoterapia, las inyecciones… pero al final nada funciona bien. Si no hacés dieta y ejercicio, nada de eso te sirve (…) No es ético hacerlo, no es una manera ética de bajar de peso”, comentó Quesada.
Por el momento no existe en el país regulación para este tipo de tratamientos, sin embargo los profesionales en la nutrición advierten que son sumamente invasivos y que las consecuencias para el organismo pueden ser nefastas.





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No hay dieta Milagrosa. La ayuda de un profesional nutrición es la mejor alternativa para desarrollar hábitos alimenticios saludables y desde luego la práctica de actividad física supervisada es necesaria.