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Todd Stanley

/ por Academia de Centroamérica

Opinión: La hipocresía delfinera de Costa Rica

Mayo 27, 2020 4:54 am

Opinión: La hipocresía delfinera de Costa Rica

Todo el mundo ama a los delfines. La sonrisa permanente que la Madre Naturaleza parece haberles puesto en sus caras, y su gran inteligencia, son probablemente algunas de las razones para ello. Costa Rica tiene dos juegos de reglas relacionadas con los delfines. Uno es compatible con la reputación internacional del país como protector de sus recursos naturales, y aplica tanto para nacionales como para turistas extranjeros, mientras que el otro tiene que ver con la flota extranjera de la industria de la pesca de atún con redes de cerco.

Echemos una mirada a ambas.

Según el Reglamento para la Operación de Actividades Relacionadas con Cetáceos en Costa Rica (Decreto Ejecutivo No. 32495 del 20 de enero de 2005), el tour operador debe portar documentos vigentes en la embarcación, incluyendo la inspección de la nave, seguro y permisos para la observación de cetáceos emitidos por el SINAC para las áreas protegidas, y por Incopesca para otras zonas marítimas, así como el registro del ICT.

El capitán y el guía deben completar una serie de cursos y obtener el Certificado de Zafarrancho, que es un permiso que otorga la Dirección de Navegación y Seguridad para operar o trabajar en un barco, así como un curso sobre las regulaciones y mejores prácticas para aproximarse a los cetáceos. El permiso denominado Zarpe debe ser emitido por la Capitanía del Puerto cada vez que una embarcación sale a ofrecer un tour.

Es ilegal la observación de delfines desde el aire, excepto para los equipos profesionales de filmación, y únicamente si han obtenido un permiso de observación por no más de 30 minutos.
Los pasajeros deben portar un permiso individual de observación, también emitido por el SINAC o Incopesca, dependiendo de la región. Si los animales hacen una maniobra evasiva al ser aproximados por un barco, éste deberá abandonar el seguimiento. Es ilegal nadar o bucear con delfines, tocarlos o atraparlos. Los barcos solo pueden navegar a un máximo de 7 millas por hora, o a la velocidad del más lento de los delfines de la manada, y debe colocarse en paralelo al grupo.

No se permite matar delfines, excepto cuando un veterinario determine que sufre una enfermedad o lesión de la que no se podrá recuperar, en cuyo caso solo el veterinario podrá aplicar la eutanasia.
Casi al final de este Reglamento es que aparece la hipocresía: “Artículo 19.- Toda situación referente a la pesca del atún que involucre delfines (géneros Delphinus, Stenella, Steno y Tursiops, Familia Delphinidae, Orden Cetacea) se regulará conforme a lo estipulado en la Convención de la Comisión Interamericana del Atún Tropical (CIAT) y en la Convención del Acuerdo del Programa Internacional de Conservación del Delfín (APICD), de las cuales Costa Rica es país firmante”.

La mayoría de la gente desconoce cómo se pesca el atún para enlatar en Costa Rica. Grandes buques cerqueros extranjeros obtienen licencias para pescar en las aguas territoriales del país. Costa Rica no tiene una flota cerquera propia. El atún es capturado en aguas abiertas, alrededor de escombros flotantes (troncos) o dispositivos de agregación de peces de manufactura humana (que son ilegales, pero aun así utilizados en Costa Rica), o con delfines, por su relación simbiótica con el atún aleta amarilla.

El delfín tornillo y el manchado son animales costeros, que generalmente viven dentro de las primeras 60 millas desde la costa, pero a veces se aventuran hasta las 90 millas.
Cuando se pesca sobre delfines, un helicóptero despega del barco atunero en busca de grandes manadas de los cetáceos.

Algunos lanzan dispositivos explosivos desde el aire, cerca de la manada, para forzarlos a moverse en dirección hacia el barco. Los atunes, que nadan por debajo de los delfines, los seguirán.

El barco atunero se acercará mientras prepara sus redes, y lanza pequeñas lanchas rápidas para rodear a la manada y dirigir a delfines y atunes hacia la red. Una vez atrapados, la red será tensada más y más. Para que la pesca sea considerada “dolphin safe” (segura para delfines), se baja un extremo de la red para permitir a los delfines escapar. Personal de la tripulación del barco salta al agua para agarrar a los delfines que no logran encontrar la salida.
Según el International Marine Mammal Project (IMMP), la mayor matanza de delfines en el mundo se produce debido a la caza deliberada, la persecución y la captura de manadas de delfines tornillo, manchados y comunes en la pesquería de atún del Pacífico Tropical Oriental (PTO), utilizando redes de cerco. Más de 7 millones de delfines han muerto ahogados por esta técnica. En la segunda mitad de la década de 1980 se estimó que entre 80,000 y 100,000 delfines morían cada año de esta manera.  

En 1990, el IMMP logró un acuerdo con las mayores empresas atuneras del mundo para poner fin a la práctica de cazar delfines, estableciendo el sello “Dolphin Safe”, que certifica que ningún delfín fue perseguido, atrapado, matado o herido (tanto de forma deliberada como accidental) durante todo el viaje de pesca en el que se capturó el atún. Oficialmente, se estima que alrededor de 2,000 delfines mueren cada año por la pesquería de atún en el PTO, mayoritariamente por flotas de México, Colombia y Venezuela, que persisten en cazar y capturar delfines. Los científicos creen que la cifra de delfines que mueren en las redes de cerco atuneras está subestimada, por varias razones. 
Research Gate ha reportado que la tasa de recuperación de los delfines es menor de lo esperado. Es probable que las interacciones con la pesquería de atún eleven sus niveles de estrés y demanda energética, además de separar grupos sociales, incluyendo parejas madre/cría, produciendo crías huérfanas que no sobrevivirán y no serán contadas.
En el 2014 se promulgó el “Decreto de Ordenamiento para el aprovechamiento de atún y especies afines en la Zona Económica Exclusiva del océano Pacífico costarricense”. Vino a proteger cuatro áreas, un total de 200,000 kilómetros cuadrados, de la actividad pesquera con redes de cerco.


Las regiones protegidas corresponden a importantes zonas de reproducción de delfines, las aguas alrededor de la isla del Coco, y las primeras 40 millas desde la costa. Esto ayudó tanto a los cetáceos como a los pescadores costarricenses, quienes reclamaban que los buques cerqueros no les permitían tener un acceso adecuado a los recursos marinos del país. Únicamente la flota nacional puede pescar hoy en los polígonos protegidos, usando artes de pesca distintos de las redes de cerco.

Sierra Goodman, fundadora de The Divine Dolphin, ha estado observando la actividad de los delfines en la Península de Osa por más de dos décadas. Ella reporta una mayor presencia de madres con sus crías en las manadas de delfines, desde la implementación del decreto de ordenamiento, que obligó a la flota cerquera a alejarse de la zona costera.

Este tema recobra importancia ahora por el avance del proyecto No. 21.316 en la Asamblea Legislativa, que pretende modificar las regulaciones concernientes a la pesca de atún con redes de cerco. Diferentes sectores pesqueros del país han manifestado dudas acerca de algunos aspectos del proyecto.

El primero es que empujaría a la flota cerquera hasta las 60 millas de la costa, y no las 40 millas del decreto del 2014. Los opositores alegan que no hay evidencia científica que justifique la ampliación de la zona de exclusión, y que limitaría el acceso al atún para la industria enlatadora de Puntarenas.

En realidad, dicha industria está limitada a poco más de 9000 toneladas métricas de atún por año y nunca ha tenido problemas en alcanzar esa cifra. Los registros de los observadores a bordo de los barcos en 2018 mostraron que la ausencia de atuneros en la región costera salvó 25 toneladas de lo que hubiera sido pesca incidental de marlín. Reportes preliminares a partir de los datos de cerco de atún muestran que su producción se incrementó, con una mayor captura promedio por lance no relacionado con delfines. Esto se debe a la protección de las áreas de alta reproducción.

Un análisis de los reportes de pesca deportiva entre 2014 y 2019 mostró que crecieron las capturas de especies pelágicas como marlín, atún y dorado. La única especie que no mostró un crecimiento significativo fue el pez vela, pero ese será tema para otro artículo. En la actualidad se están analizando datos de los desembarques comerciales para el mismo período.

Otro cambio propuesto en el Proyecto No. 21.316, que cuenta con la oposición de algunos sectores pesqueros, es el registro de barcos atuneros de bandera costarricense. La oposición dice que esto no es más que plantar una bandera nacional en barcos extranjeros, y abre la puerta a unos pocos empresarios costarricenses para ganar enormes sumas de dinero sin ayudar a los pescadores nacionales. A pesar de que el proyecto no lo dice, los pescadores nacionales creen que esto abrirá la posibilidad de presentar demandas porque los barcos, una vez registrados en Costa Rica, podrían luchar por obtener derechos de pesca en las mismas aguas que otras flotas nacionales que actualmente están protegidas de la presencia de los buques cerqueros.

Desde la pandemia del Covid-19, todos los sectores pesqueros costarricenses se encuentran en graves problemas. Mover a los buques cerqueros a las 60 millas será beneficioso para las flotas nacionales y, por supuesto, para los delfines, sin afectar la pesca atunera.

Una de las marcas más populares de atún tiene una campana de pesca responsable en curso, y una de sus publicaciones muestra delfines retozando en el mar. Capturar delfines para pescar atún no es pesca responsable. Alguna vez en el tiempo habrá sido necesario pescar atún con delfines para alcanzar niveles rentables de producción. Esa ya no es la realidad.

Todd Staley
Director de Comunicación
Federación Costarricense de Pesca (FECOP)

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