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Cultura

La vida entre pesca y madera que llevó a don Florentino al Premio Emilia Prieto

Por Camila Castro | 17 de Feb. 2026 | 5:06 am
Foto tomada de las páginas oficiales del Patrimonio Cultural Costa Rica

Foto tomada de las páginas oficiales del Patrimonio Cultural Costa Rica

Costa Rica alberga cultura en cada rincón de su territorio. Una de sus expresiones más valiosas se encuentra en una comunidad alejada que muchos desconocen: el trabajo que realiza don Florentino Hernández Hernández, artesano y pescador tradicional de la cultura indígena bribri, quien se convirtió en el ganador del Premio Nacional de Cultura Inmaterial Emilia Prieto 2025.

Hernández forma parte de la comunidad bribri de Bambú, en Talamanca, Limón. Pertenece al clan Uniwak y, desde hace más de 45 años, se ha consolidado como uno de los principales referentes culturales de su comunidad. Hoy es motivo de orgullo tras recibir un reconocimiento de alcance nacional.

Con un marcado acento caribeño, su sencillez y los años de trabajo reflejados en su trayectoria hablan por sí solos. En conversación con este medio, relató a qué dedica sus días y por qué se ha convertido en una figura emblemática en su pueblo.

A sus 75 años y con un sentido del humor intacto, Hernández explicó que su rutina incluye la pesca y la siembra de alimentos como arroz, plátano y maíz. No obstante, la labor por la que ha sido ampliamente reconocido es la fabricación artesanal de botes, oficio que desempeña con dedicación y conocimiento ancestral.

Para construir un bote, el proceso es extenso y cuidadoso. En primera instancia, selecciona un árbol adecuado que debe derribar. Según explicó, la tala debe realizarse en luna llena, ya sea tres días antes o tres días después, pues ese momento garantiza mejores condiciones para la madera. Posteriormente, el tronco se ahueca manualmente para iniciar la elaboración.

En ocasiones, puede pasar alrededor de 15 días o incluso un mes en la montaña, "volando hacha", como él mismo describe. El proceso es arduo, pero el resultado es esencial para la vida en su comunidad, donde los botes se utilizan para transportar animales, movilizarse con la familia o salir a pescar.

Hernández aprendió este oficio de su padre, quien también se dedicaba a la fabricación de botes. Desde niño absorbió cada enseñanza y hoy ha transmitido ese conocimiento a sus hijos y nietos, quienes continúan la tradición con orgullo. La herencia cultural se mantiene viva generación tras generación.

Actualmente, sale con su familia tanto a pescar como a trabajar la madera. Además, comparte su conocimiento con otras personas de la comunidad, convencido de la importancia de preservar las tradiciones.

Don Florentino es una de las figuras más apreciadas en su pueblo. Al preguntarle por qué, respondió entre risas que siempre ha sido una persona alegre, que "echa chiles" y nunca anda amargado. Su carácter afable lo ha convertido no solo en un artesano destacado, sino también en un referente humano dentro de su comunidad.

Su postulación al premio fue realizada por su hija Eyda. Hace pocos días recibió la noticia de que era el ganador. "Yo nunca había conseguido ese premio y hasta pegaba brincos", comentó emocionado.

Se siente "orgullosísimo" del reconocimiento, al igual que su comunidad, que celebra este logro como propio. No es común que este tipo de galardones recaiga en personas fuera de la Gran Área Metropolitana (GAM), lo que hace aún más significativo el reconocimiento.

En el fallo del jurado se destacó que Hernández es una de las personas más reconocidas de su comunidad, especialmente por su trabajo en la fabricación de botes de palanca y de motor. Además, se valoró su esfuerzo por transmitir el conocimiento a generaciones de niñas, niños y jóvenes, así como su conciencia sobre la importancia de preservar, salvaguardar y revitalizar las tradiciones de su pueblo.

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