42% de mujeres dejaron de trabajar o redujeron su jornada laboral en Costa Rica, según encuesta
Dedicar tiempo al cuidado del hogar influye directamente en que una mujer abandone su trabajo remunerado u opte por una reducción de su jornada laboral.
Así lo concluyó una encuesta del Instituto de Estudios Sociales en Población (Idespo), en asocio con el proyecto Trabajo y Crisis: aportes desde una economía política crítica heterodoxa para la vida, de la Escuela de Economía de la Universidad Nacional (UNA).
La presentación de resultados se realizó con motivo de la conmemoración, el próximo 8 de marzo, del Día Internacional de la Mujer.
Se efectuaron 761 entrevistas telefónicas a mujeres costarricenses o extranjeras con al menos dos años de residir en Costa Rica. La recolección de datos se realizó en mayo de 2025.
Hallazgos
Cuando se les consultó si alguna vez habían tenido que reducir su jornada o dejar de trabajar para hacerse cargo de labores domésticas, un 42 % respondió que sí (un 25 % disminuyó su jornada y un 17 % la abandonó).
A mayor edad, mayor es la propensión de las mujeres a tomar este tipo de decisiones. Mientras que quienes tienen 35 años o más han disminuido o dejado su empleo en un 42 % de los casos, el porcentaje asciende a un 60 % entre las de 60 años o más.
La tendencia es más recurrente entre mujeres en unión y con menor nivel educativo: un 46 % cuenta con estudios universitarios completos, mientras que un 60 % posee secundaria incompleta o menos.
De las que dejaron de trabajar, un 9 % no volvió a buscar empleo y a la mitad le resultó muy difícil recolocarse en otro puesto.
Dimensiones
La encuesta clasificó a las mujeres en tres categorías, según su condición: las que residen en hogares con alguna persona que requiere cuidados (personas dependientes), quienes viven con otras personas que no requieren cuidados y las que viven solas.
Los grupos más numerosos son aquellos donde no hay dependientes (49 %) y donde sí hay dependientes (41 %). Las que viven solas representan el 10 % de la muestra.
Del subgrupo que reside con personas dependientes, la gran mayoría atiende a niños y niñas con edades entre seis y 11 años (43,49 %). Le siguen, con un 18,41 %, los hogares donde solo hay menores de cinco años, y un 12,7 % donde se combinan ambos rangos de edad.
Con respecto al trabajo no remunerado en los hogares, se dividió en dos dimensiones: la directa, en la que el cuidado de personas implica realizar tareas de asistencia personal, funciones educativas o apoyo emocional; y la indirecta, relacionada con actividades como la limpieza de la vivienda o la realización de compras.
En la primera dimensión, se establece que la participación de la mujer es mayoritaria, de forma abrumadora. Un 73 % indicó que "ella misma" realiza las funciones, un 12 % señaló que "otra mujer del hogar" y solo un 3 % declaró que "un hombre del hogar" las asume.
Las horas dedicadas semanalmente a esta labor suman 44; aumentan a 46 si ella es la responsable principal o comparte la tarea con otra persona del hogar. Si en la vivienda hay niños y personas dependientes que requieren cuidados especiales, la dedicación sube a 53 horas semanales por parte de las mujeres.
En cuanto a la segunda dimensión (indirecta), las horas dedicadas por las mujeres entrevistadas fueron 22 en promedio. La cifra es 1,5 veces mayor que en los hogares donde no conviven personas dependientes y el doble que en el caso de quienes viven solas.
Uno de los elementos llamativos de esta encuesta es que dos de cada 10 entrevistadas incluso brindan cuidados a personas de otros hogares, "sobre todo a madre y padre o hijos e hijas; seguido de personas con segundo grado de consanguinidad, como nietos o abuelos; así como a personas con grados de afinidad, como los suegros, o sin ningún parentesco, como vecinos o amigos", destaca el informe.
Sentimientos y estereotipos
Las recargas de labores de cuidado no remunerado pueden derivar en la aparición de cargas emocionales en quienes las ejercen.
Las mujeres que cuidan a personas de 12 años o más totalmente dependientes y que requieren atenciones especiales aseguran presentar una carga física y emocional "muy alta" en un 42,4 % de los casos. Solo un 6,1 % se identificó con una valoración "muy baja".
La tendencia se revierte en aquellos hogares donde no hay personas dependientes. Un 21,5 % siente una carga emocional "muy baja", cifra superior al 19,1 % de quienes manifestaron una carga "muy alta".
Se consultó a las entrevistadas por su nivel de aceptación o rechazo ante algunas afirmaciones de carácter estereotipado.
Por ejemplo, ante la frase "las mujeres, por naturaleza, cuidan mejor a otras personas", hay opiniones divididas: un 40,4 % dijo estar "muy de acuerdo o de acuerdo" y un 43 % "en desacuerdo o muy en desacuerdo".
La balanza se inclina ante la afirmación "cuando en una familia se requiere cuidar a otras personas, se espera que sean las mujeres quienes lo hagan": un 76 % está "muy de acuerdo o de acuerdo" y apenas un 22 % manifestó estar "en desacuerdo o muy en desacuerdo".
Finalmente, se les preguntó si sienten algún grado de culpa por no asumir ellas el cuidado directo de sus hijos. Un 84 % aseguró estar "muy de acuerdo o de acuerdo" y solo un 12 % estuvo "en desacuerdo o muy en desacuerdo".
«Los resultados de esta encuesta confirman que la participación de las mujeres en el empleo remunerado no ha significado una transformación sustantiva en la organización social de los cuidados. Las mujeres continúan siendo las principales responsables del trabajo de cuidados en sus hogares y familias. Esta situación reproduce desigualdades estructurales y limita el ejercicio pleno de su autonomía económica», concluye el estudio.
