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Costa Rica tiene la productividad laboral más baja de 40 países

Por Juan Pablo Arias | 1 de Jul. 2018 | 7:31 am

(CRH)

La productividad laboral en Costa Rica, entendida como el aporte a la producción (PIB) por cada hora trabajada en el país, es la menor de 40 países, según el último informe de la OCDE, publicado esta semana.

Sin embargo, un deficiente crecimiento de la productividad laboral sigue distinguiendo a las economías más avanzadas del mundo y arriesga que se comprometan las mejoras en los niveles de vida, señaló el informe.

El economista Melvin Garita explicó que la productividad está determinada en muy buena parte por el aprovechamiento del tiempo y por las habilidades y destrezas con que cuenta el capital humano costarricense.

Por este motivo, más horas trabajadas no equivalen a mayor productividad.

"La cuarta revolución industrial está caracterizada por la necesidad de generar innovación constante en todos los procesos productivos, ya que esa es la capacidad que nos diferencia de las máquinas, que nos mantiene empleables en la era de la digitalización y virtualización. Para generar esa innovación, además de conocimientos, habilidad y destrezas, es necesario contar con una mente clara y fresca, donde entra en juego el balance entre la vida personal y profesional", explicó este economista.

En su opinión, para mejorar la productividad en Costa Rica hay que trabajar en esos aspectos microeconómicos, además de otros aspectos macro, como la estabilidad fiscal, la inversión en infraestructura de transportes, flexibilización del mercado laboral, la oportunidad y calidad de la educación y salud pública, entre los principales.

Manufactura, el sector más afectado

En su compendio, la OCDE afirma que la desaceleración en el crecimiento de la productividad laboral (medida como el valor agregado bruto por hora trabajada) afectó en particular a la manufactura, tanto a las actividades de alta tecnología como computadoras y electrónica, así como a las industrias que requieren niveles de calificación más bajos; y que siguen persistiendo amplias diferencias en los niveles de productividad laboral entre las empresas grandes y las de menor tamaño.

Y aunque el crecimiento económico en muchos países ha generado un aumento del empleo, sobre todo en Italia, México, España, el Reino Unido y Estados Unidos, la mayoría de los nuevos empleos son en actividades con una productividad relativamente menor.

El mayor número de empleos de baja productividad también ha deprimido los salarios promedio en toda la economía en general.

Los salarios reales (ajustados por la inflación) disminuyeron entre 2010 y 2016 en Portugal, España y el Reino Unido.  Aunque en algunos países, como Alemania y Estados Unidos, los salarios reales han empezado a subir —si bien a un ritmo lento— a la par del crecimiento de la productividad laboral en los últimos años, en muchos sectores, los salarios siguieron rezagando el crecimiento de la productividad laboral. Este fue el caso en una tercera parte de todos los sectores en Alemania y Estados Unidos.

"La desconexión a largo plazo entre los salarios y el crecimiento de la productividad que vemos en muchos países de la OCDE también puede estar impulsando desigualdades en los ingresos y la riqueza", afirmó Martine Durand, directora de Estadística de la OCDE.

"Disminuir el ritmo del crecimiento de la productividad y la gran cantidad de empleos de baja productividad que se crean limitan el alcance de las mejoras en el bienestar material", agregó.

El porcentaje de los ingresos de la actividad económica que se destina al trabajo a través de los salarios, ha disminuido en la mayoría de los países en los últimos años, pero de manera muy señalada en Hungría, Irlanda, Israel, México, Polonia y Portugal.

Inversión con leve repunte

El Compendio muestra que, en 2016, el último año para el que se dispone de datos internacionales comparables, la inversión —un factor importante del crecimiento de la productividad— empezó a repuntar. Sin embargo, las tasas de inversión —en especial en maquinaria y equipo y otros activos tangibles— seguían siendo menores a los niveles anteriores a la crisis en muchos países de la OCDE.

La inversión en productos con propiedad intelectual, como el software y la Investigación y Desarrollo (I+D), ha aumentado desde antes de la crisis del 2008, a menudo a un ritmo más rápido que la inversión en bienes de capital, pero persisten diferencias importantes entre los países. El porcentaje de la inversión total que se destinó a la propiedad intelectual en 2016 varió desde 1,1% en Colombia hasta 30% en Suiza y 56% en Irlanda.

La OCDE señala que la inversión relativamente sólida en propiedad intelectual, donde los beneficios para las empresas pueden tardar en dar sus frutos, puede actuar como un catalizador para un crecimiento económico más firme en el futuro.

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