(CRHoy.com) Los recuerdos saltan y cobran vida conforme se descubren a la luz con el cambio de una página a otra. Son remembranzas en sepia, teñidas por el pasar de los años a través de los cuales se construyeron muchos sueños, se afilaron muchas tijeras, se cortaron muchos cabellos, se “chainearon” muchas cabezas como ritual ineludible para ir después a misa, primeras comuniones, graduaciones, fiestas…

De una de las páginas aparece un pequeño anuncio en la página 11 del Diario La Prensa Libre. La fecha dice 13 de junio de 1966 y un grillo armado con tijeras en mano da la nueva buena: “Única y exclusiva en el país”. “Peluquería infantil, para niños y niñas”, aclara el anuncio, el único que existe de esa memorable fecha en que nació Cri-Cri.

El álbum de fotografías es uno de los pocos tesoros materiales que le quedan a Yelsi Poltronieri, propietaria de ese histórico negocio establecido en la capital, allá al costado norte de la Iglesia de la Soledad, donde antes se podía llegar en carro y las paradas de bus le aseguraban la clientela, privilegios que se acabaron con la llegada del Barrio Chino.

Yelsi recuerda cómo sus abuelos trajeron el sueño de emprender con un negocio que hasta ese momento no existía en el país. Barberías habían por todo San José, ¿pero una que atendiera solo niños? ¿A quién se le podría ocurrir semejante locura?.

Pero esa locura creció con el tiempo y fue heredada de generación en generación. Locura transformada en amor por el trabajo, compromiso, esfuerzo, dedicación. Seis locales abiertos y varias décadas después ya nadie dudaba de la idea y los niños soñaban con “peluquearse” en Cri-Cri.

Pero llegó la pandemia, llegó marzo y llegó el martillo, duro como una piedra… y en el juego de las probabilidades todos saben que piedra destruye tijeras…

El grillo finalmente, apagó su canto.

Luis Valverde [email protected]

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