Naufragio económico: ¿por dónde nos estamos hundiendo?
Peso del crecimiento está recayendo especialmente en los servicios

(CRHoy.com) A medida que el país hace lo posible a nivel financiero por mantenerse a flote, los diagnósticos sobre el estado general del barco siguen arrojando resultados preocupantes. La mayoría de indicadores sobre el dinamismo muestran desmejoras y únicamente el sector servicios repunta como salvavidas de una alicaída economía costarricense.
Un informe emitido esta semana por el Banco Central revela que Costa Rica sigue haciendo agua en varios sectores, llevando al crecimiento de la producción a un limitado 1,4% para el segundo semestre del año cuando un año antes había sido del 3%.
La actividad económica perdió impulso en el segundo trimestre, prácticamente comiéndose la leve mejoría del primer trimestre.
El Banco Central achaca el retroceso a la incertidumbre sobre la sostenibilidad de las finanzas públicas y protestas de algunas organizaciones sindicales, así como a la situación política de Nicaragua que redujo el intercambio comercial con el resto de la región, condición que aún persiste.
En ese contexto hay al menos cuatro indicadores que han empeorado en el último año y medio. Cuatro agujeros que dejan entrar agua al barco y arriesgan con dejar al país en condiciones de un naufragio económico.

El consumo de los hogares como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) se redujo a la mitad desde el primer trimestre del año pasado al segundo trimestre de este 2019.
Este es el principal indicador con el cual se puede medir el pesimismo de los ciudadanos. Significa que la gente compra menos, que es más precavida en sus inversiones y a la hora de solicitar créditos.
Según el Banco Central, esta cifra es congruente con el menor crecimiento del crédito al sector privado para consumo que pasó de un 5,9% a mitad de 2018 a un 2,5% en el mismo periodo de este año .
También es congruente con el comportamiento del ingreso disponible real y con el elevado desempleo.

La formación de capital fijo representa el valor de los bienes duraderos que se adquieren o construyen y son usados para aumentar los activos y para los procesos de producción.
Los datos en rojo indican que cada vez hay menos inversión en obras, especialmente en las privadas no residenciales para fines comerciales.
Según el Banco Central también influye que hubo una reducción en la inversión de equipos a nivel industrial y transportes. En otras palabras, como existe tanto pesimismo, se está construyendo menos y se está invirtiendo menos.
Para el economista Eli Feinzaig esto forma parte de un círculo vicioso difícil de resolver, pues no basta con que inversionistas o empresarios digan que van a realizar inversiones solo por realizarlas, esperando a tener una reacción positiva de parte del consumidor que está ya de por sí cauto, sino que también debe venir apalancado por una política clara desde el gobierno en torno a la contención del gasto.


En general, el sector servicios es el que ha logrado llevar el peso de las ventas al extranjero al pasar como porcentaje del PIB del 2,9% al 4,2. El país mantiene un buen desempeño en ventas externas de telecomunicaciones, informática e información, servicios empresariales, y viajes, lo que indica que el país continúa siendo atractivo y competitivo para la instalación de empresas que desarrollan actividades de servicios.
Sin embargo, la venta de bienes sigue en caída al pasar de 5,6% a 1,7%.
El Banco Central alerta de una reducción observada en las exportaciones de productos agropecuarios.
En este sector ha habido una importante contracción que se acentuó el segundo trimestre del año por una baja en la oferta exportable de banano y piña, así como de caña de azúcar, papa, frijol raíces y tubérculos.
El declive apenas logró ser compensado por las ventas de equipos médicos.
La reducción en las ventas agropecuarias se debe principalmente a las condiciones climáticas adversas provocadas por el fenómeno de El Niño, los precios internacionales de la piña que redujo la producción local y los problemas sociopolíticos de Nicaragua que afectan el trasiego de mercancías hacia el resto de Centroamérica.


En la teoría económica se dice que financieramente a un país le conviene exportar más de lo que importa para que su balanza sea positiva; sin embargo, una reducción constante y drástica en las importaciones también representa malas noticias. La traducción es que el país está comprando menos de afuera, porque – en resumidas cuentas – está consumiendo menos a nivel local.
Eso está pasando con este indicador que para inicios de 2018 mostraba un crecimiento del 1,0% respecto al PIB y para mitad de 2019 mostraba cifras negativas de -0,4%.
Esto fue explicado por el Central debido a la disminución en el valor de las importaciones de 7,0, especialmente porque se ha dado una reducción en las compras de vehículos, de maquinaria y productos de hierro.
De nuevo en materia de importaciones el sector servicios ha logrado mantenerse a flote. En las adquisiciones de servicios externos destacaron los relativos a consultorías, transportes, viajes y financieros.
Las cifras dadas a conocer por el Central ponen sobre el papel las preocupaciones de los ciudadanos en materia económica. Esta semana una encuesta de la empresa CID-Gallup reveló que la mayoría de ciudadanos piensa que su situación económica será peor el próximo año, lo cual pone al Ejecutivo y a las autoridades económicas del país frente al gran reto de reparar los agujeros del navío para ponerlo de nuevo a flote.