Emergencia Nacional: Sistema Educativo Costarricense atraviesa peor crisis en 40 años
Interrupciones en últimos cuatro años suman el equivalente a perder el 80% de un curso lectivo completo de primaria y 72% en secundaria
(CRHoy.com) El Sistema Educativo Costarricense se encuentra en estado de"emergencia nacional" y atraviesa la peor crisis de los últimos 40 años, solo comparable con la experimentada durante la década de los años ochentas.
El "apagón educativo" en el curso lectivo del 2020 fue uno de los más extensos del mundo y se sumó a la pérdida de lecciones en los dos periodos anteriores, afectando profundamente el proceso de aprendizaje de 1,2 millones de estudiantes.
Si no se toman acciones urgentes por parte de la actual Administración, que continúen con el nuevo Gobierno que asumirá en mayo del 2022, los daños temporales en la formación de los estudiantes, podrían convertirse en daños permanentes que se traducirían en aumento de la desigualdad, pobreza y escasa colocación en el mercado laboral técnico y profesional en un corto plazo.
Así lo plantea el Octavo Informe del Estado de la Educación 2021, presentado la noche de este miércoles por los investigadores del Programa Estado de la Nación.
Según la investigación, los alumnos recibieron solamente el 13% de las lecciones de forma presencial en 2020 y para el resto de las clases se tuvo que improvisar la modalidad a distancia o virtual, para la que el Ministerio de Educación Pública (MEP), los docentes, los padres de familia y los mismos estudiantes no estaban preparados.
El informe dice que la educación preescolar, general básica y diversificada enfrenta una grave crisis, que ha provocado este apagón educativo que es una verdadera emergencia nacional, porque ha generado una contracción importante de conocimientos y habilidades de miles de estudiantes y frente a lo cual hay que actuar rápido. Tenemos que evitar que los daños temporales que esta situación ha generado, se conviertan en daños permanentes para toda una generación. Isabel Román, coordinadora del Estado de la Educación.
La suspensión obligada de clases llegó en uno de los peores momentos. Los estudiantes acumulaban importantes pérdidas de lecciones desde 2018 (4 meses menos) y 2019 (2 meses menos) producto de las huelgas de docentes y la llegada de la pandemia en 2020 y 2021 solo agravó el panorama. Las restricciones sanitarias dejaron a los estudiantes de primaria con el equivalente a perder el 80% de todo un año lectivo, mientras que en secundaria, fue similar a perder el 72% de un curso regular.
Esto generó un enorme hueco en el proceso educativo de menores de preescolar, primaria y secundaria, principalmente en áreas vitales como las competencias lectoras, en matemáticas y ciencias. En primaria, los alumnos solo aprendieron el 52% de los contenidos de los programas de estudio de matemáticas y ahora no tienen las bases para avanzar correctamente en su aprendizaje, siendo los más afectados los estudiantes de primer y segundo grado de escuela, ya que en esos años se obtienen las habilidades para el desarrollo de nuevos conocimientos a futuro.
Un panorama similar se dio en secundaria, donde los estudiantes solo recibieron el 54% de las Plantillas de Aprendizaje Base (PAB) de los programas de estudios de matemáticas y 50% de los contenidos del programa de Español.
"Este cierre corresponde a uno de los más prolongados de la historia de Costa Rica y uno de los más largo de la OCDE, la literatura internacional ya ha señalado que los cierres prolongados se asocian a innegables pérdidas de aprendizaje y afectación a las poblaciones más vulnerables" indicó la investigadora Katherine Barquero.
Las consecuencias se podrían reflejar en una caída de hasta 30 puntos menos en los resultados de Costa Rica en las evaluaciones del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA), ubicando al país aún más por debajo del promedio de conocimientos de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Estas pruebas examinan el rendimiento de alumnos de 15 años en áreas temáticas claves como las ciencias, las matemáticas y la lectura, evaluando hasta qué punto los alumnos cercanos al final de la educación obligatoria han adquirido algunos de los conocimientos y habilidades necesarios para la participación en la sociedad.
El panorama poco alentador no es solo producto de la pandemia, si no de una serie de rezagos históricos que se venían acumulando en el MEP y de la rigidez que tiene el sistema educativo para responder; las huelgas o las restricciones sanitarias solo vinieron a evidenciar y agravar aún más la situación.
El informe señala que los estudiantes más afectados, fueron los que provienen de hogares de menores recursos económicos, que tuvieron una reducción en los presupuestos de los Programas de Equidad del MEP que financian los subsidios para estudiantes en condición de pobreza y pobreza extrema y además forman parte de los 426 mil menores sin acceso a internet o dispositivos para sus clases virtuales.
Escuelas y colegios improvisados
Un niño de 9 años que actualmente cursa el cuarto grado de primaria, no ha tenido -durante toda su vida escolar- un ciclo lectivo continuo, completo y sin interrupciones.
En el 2018, cuando estaba en primer grado, perdió cuatro meses de lecciones por la huelga de docentes contra el proyecto de Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas; en 2019 perdió otros dos meses de clases por la huelga contra Ley de Declaratoria de Servicios Esenciales, contra la Educación Dual y contra las Pruebas Faro.
En el 2020, cuando estaba en tercer grado, solo recibió el 13% de las clases en forma presencial tras la suspensión del curso lectivo por la pandemia del COVID-19 y en en el primer semestre del 2021, solo recibió un mes y medio de clases. En total, acumula pérdidas de clases equivalentes al 80% de todo un año escolar.
Las deficiencias en su aprendizaje son notables, principalmente en el desarrollo de las habilidades para leer, escribir y comprender lecturas. De no corregirse, estas carencias podrían marcar el resto de su vida escolar, colegial y universitaria.
Mientras que una estudiante de décimo año de colegio, tampoco conoce lo que es tener un año completo de clases en secundaria. A sus 15 o 16 años no recibió el 46% de los contenidos de sus programas de matemáticas el año anterior y acumula una pérdida del 72 % de todo año lectivo por las huelgas y la pandemia que ha experimentado desde que ingresó a sétimo año.
La escuela o colegio improvisado que tuvieron que implementar los padres de familia en los hogares también tenía serias carencias para la cumplir con la tarea. El informe demuestra que solo el 40% de los padres estaba preparado para asumir el rol de apoyo necesario para que la educación a distancia implementada por el MEP funcionara con éxito.
"Ningún actor educativo estaba preparado para enfrentarlo, por ejemplo las familias, en una consulta que se hizo el año pasado, el 60% indicó que se sentían algo o nada preparadas para apoyar el aprendizaje de sus hijos en casa y la probabilidad de sentirse más preparados, aumenta en hogares con climas educativos altos, es decir aquellos con jefaturas con secundaria completa o más, pero disminuye significativamente en hogares con climas educativos bajos, donde la jefatura de hogar tiene primaria completa o menos y esto se le suma las bajas capacidades en materia de competencias digitales que tienen docentes y estudiantes" agregó Barquero.
Hoja de ruta urgente

Isabel Román, coordinadora del octavo informe del Estado de la Educación. (Imagen del Estado de la Nación)
El informe plantea una serie de medidas a corto, mediano y largo plazo para corregir el rumbo del sistema educativo y evitar una seguidilla de "generaciones perdidas" que experimenten los contratiempos que aún viven los adultos, que fueron niños y adolescentes en 1980.
Según el estudio, se requiere de forma urgente un "gran acuerdo nacional" que trascienda a las administraciones de turno (actual y la que ingresara en mayo del 2022) para intentar hacer un efectivo control de daños.
Entre las principales acciones, recomiendan el regreso inmediato a clases presenciales en todos los niveles educativos, implementar planes de nivelación y aplicar las pruebas nacionales FARO para realizar un diagnóstico real de las posibles consecuencias hasta el momento.
Estas pruebas no serían suficientes para obtener una fotografía real del proceso educativo en que se encuentra cada estudiante, pero sería un primer paso en la dirección correcta.
Para mediano y largo plazo, sugieren concretar los programas de ambientes conectados, de evaluación de la calidad docente y poner en operación el programa de la la escuela del Siglo XXI.