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Entretenimiento

Dejame y te cuento por qué a Julio Iglesias le dicen “el despreciado”

Dicen que llegó en una caja de cartón a Ciudad Quesada…

Por Patricia León-Coto | 23 de Abr. 2017 | 8:58 am

Julio IglesiasJulio Iglesias, El despreciado, llegó a San Carlos en una caja de cartón con huecos y allá le consiguieron una vivienda acorde con su dignidad: un gallinero de cedazo desocupado recientemente, cuando un tejón, pizote, coyote o zorro acabó con los antiguos inquilinos.

gallo

Se adaptó al momento. Pasar de los fríos de Llano Grande de Cartago a los tibios climas de Ciudad Quesada lo pusieron de buen humor. A buena mañana, antes de que el sol saliera detrás del verdísimo Cerro Platanar, ya el Julio estaba cantando con su voz de principiante para marcar territorio. Ningún gallo rival le contestó el primer día, pero tampoco había a la vista ninguna polla o gallina para corretearla y machucarla.

Julio Iglesias, El despreciado, es un gallito jardinero muy galán y corrongo. Cuando hizo los primeros intentos por cantar, los dueños cartagineses le midieron la voz y le pusieron el nombre del cantante español y como apodo le dijeron El despreciado porque de pequeñito la mamá gallina lo picoteaba mucho.

Pues resulta que en octubre del 2016 a doña Arabela se le antojó comprar unas matas de rosa en los viveros de Llano Grande. Un domingo en la mañana hicimos viaje a Cartago. Pasamos primero por Tierra Blanca para conseguir conserva de chiverre, higos y jalea de membrillo donde don Miguel Sánchez. Había cultivos de zanahoria, maíz, repollo y papa por todo lado, clima de maravilla, el volcán Irazú allá arriba, imponente, azul y despejado.

Isidro Sánchez

Isidro Sánchez es cuentista, periodista retirado y casi genealogista.

En Tierra Blanca tomamos rumbo al oeste, vueltas cerradas, profundos barrancos, y en la primera esquina de Llano Grande vimos el mínimo y casi desconocido monumento a los lugareños caídos en febrero de 1944, historia que relata don Beto Cañas en su librito Los ocho años.

En el vivero de Llano Grande tenían de mascota al gallito Julio, andaba suelto, sacando pecho y cacareando entre los clientes y los siembros. Le habían cortado las plumas grandes de las alas para que no escapara muy lejos. Mi hermano y su señora lo vieron, les gustó, lo piropearon, el dueño dijo que lo vendía y les hizo una misma cuenta con las rosas de mi mama y entregó el gallo en una caja de cartón.

El Julio Iglesias ya no está solito en San Carlos. En diciembre pasado, como regalo de navidad, le trajeron de Guanacaste una pareja jardinera, un gallo y una gallina de rancios antepasados pinoleros.

El gallo guanacasteco, más viejo y más fuerte, apenas llegó se impuso en el patio, pero el gallito cartago tiene solapadas mañas de Tío Conejo y apenas el otro se descuida, va y enamora y se machuca a la gallina chorotega.

Julio Iglesias, El despreciado, dice que para qué comprar vaca, si puede ordeñar la ajena por debajo de la cerca…

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