Mundo insólito – El gen suicida de los Hemingway
(CRHoy.com)- Casi 60 años después de ocurrido, sigue envuelto en el misterio el suicidio del polifacético Ernest Hemingway, más conocido como novelista y autor de la renombrada obra El viejo y el mar.
Tras el fatal desenlace, sucedido en 1961 cuando él tenía 61 años de edad, se especuló mucho sobre las razones de su decisión, entre otras, porque no pudo soportar el deterioro de su salud, la decadencia física, el no poder regresar a Cuba, lugar que amaba, debido a la Revolución y, por si fuera poco, problemas financieros.
No obstante, la verdadera causa quizá haya que buscarla bastante más atrás en su familia pues también se suicidaron su padre Clarence, sus hermanos Úrsula y Leicester, y su nieta Margaux. Incluso su hijo Gregory murió debido a una operación de cambio de sexo.
Hemingway fue un personaje tremendamente intenso. Deportista, bebedor, escritor, combatiente y enamorado. Una figura muy laureada y triunfante quien además peleó en la Primera Guerra Mundial y cubrió como periodista la Guerra Civil Española.
Pero detrás de esa infatigable trayectoria en la que su vida corrió peligro ya por las guerras, ya por los accidentes, había un antecedente que parecía marcar el destino de su familia durante cuatro generaciones: las enfermedades mentales, porque los parientes que no se habían suicidado, no dejaban de asistir a las clínicas psiquiátricas a recibir tratamientos intensivos.
¿Una maldición? Eso es lo que Mariel, una nieta sobreviviente de Ernest, trata de ignorar para no ser también víctima de ella. ¿Una maldición como la de los Kennedy? Tal vez no. La desventura de los Hemingway está precedida por una enfermedad mental, dice ella. Por ese gen del suicidio del que ella, a toda costa, ha huido siempre, según confesó a la prensa y a través de un documental.
Ese aciago 2 de julio en Ketchum, Idaho, donde residía, Ernest dejó la habitación donde se encontraba con su esposa para irse a otra contigua en la que guardaba armas y tomó una escopeta de doble cañón. Luego se sentó, apoyó esta en el suelo y agachándose un poco la apuntó contra su frente.
¿Por quién doblan las campanas?
Es el título de una de sus obras más profundas sobre la realidad humana. Tras su muerte, solo parece haber una respuesta: Doblan por ti, Ernest.
