Mundo insólito – Las chicas del sexoespionaje

Edgar Espinoza [email protected] Agosto 2, 2020  6:31 am

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Noor Inayat Khan

(CRHoy.com) – Tras un día extenuante, el general llegó al bar del hotel, pidió un whisky doble y se relajó en su asiento de cuero mullido a relamerse su última victoria sobre las tropas enemigas.

En un abrir y cerrar de ojos, una chica pelirroja de escasos 22 años apareció en su mesa, le quitó delicadamente la copa de sus manos, se tomó un sorbo sin dejar de sonreírle y se sentó a su lado.

Tres horas después, sobre la cama revuelta del general, los triunfos militares de aquel día y de todos los de su carrera yacían pulverizados por el chantaje de la espía a sueldo que acabó precipitando la humillante retirada del ejército y la caída de su héroe.

Se trata, en algunos casos, de atractivas mujeres soldados rigurosamente entrenadas por la inteligencia para seducir a influyentes militares, políticos, diplomáticos y empresarios que caen presa de sus “trampas de miel” en hoteles cinco estrellas.

O de mujeres espías de los servicios de inteligencia que andan siempre a la caza de información secreta que ayude a la seguridad de sus países a anticipar, por ejemplo, atentados, actos terroristas y demás situaciones de peligro.

En otros casos se trata de chicas que no han pertenecido a ninguna escuela especializada de agentes secretas, como Mata Hari quien, de famosa bailarina exótica rodeada de amantes de todo sabor y color, saltó durante la Primera Guerra Mundial a las arenas movedizas del doble espionaje.

La Segunda Guerra Mundial tuvo también las suyas: Noor Inayat Khan fue una y vivió la doble vida de princesa india, encantadora y admirada, y de espía británica, sinuosa y enigmática, quien, como operadora de radio, manejó información valiosa hasta ser asesinada a balazos por la Gestapo en 1944.

Otra mujer clave en este oficio de la guerra fue Lyudmila Pavlichenko, más conocida como “Lady Muerte”, francotiradora que se pulió afinando de tal forma su prodigiosa puntería que se echó a 309 soldados alemanes durante la invasión nazi a la Unión Soviética en 1941.

Lyudmila Pavlichenko

Valiéndose de disfraces y toda suerte de artilugios, Nancy Wake, de Nueva Zelanda, se logró infiltrar entre los soldados alemanes con quienes se citaba y acostaba hasta sacarles toda la información que quería. Nunca la pudieron agarrar. Tanto así que los soldados alemanes la apodaron “El ratón blanco”. Murió en 2012 a los 98 años en Londres.

Otra mujer célebre en estas artes de deslizarse subrepticiamente entre la información más sensible en tiempos de guerra fue Jane Vialle, nacida en el Congo. Al estallar la Segunda Guerra Mundial dejó el periodismo para convertirse en agente secreta de la resistencia francesa en el sur, desde donde les pasaba a los aliados información sobre los movimientos de las tropas nazis. Si bien fue capturada y acusada de traición, sus secretos nunca pudieron ser descifrados.

No obstante, el peor enemigo de todas estas damas del espionaje fue el estereotipo machista de que los grandes valientes eran los hombres y no las mujeres, por lo que todos los méritos se los concedieron a ellos y no a estas heroínas cuyo papel fue determinante en numerosas y decisivas batallas.



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