Mundo insólito – ¡Ojo con el “cambio de luces”!
(CRHoy.com) – Un día le pregunté a una reconocida psicóloga cómo podía hacer el hombre de hoy para conquistar a una mujer sin que esta lo interpretara como acoso y hasta le denunciara.
La profesional fue clara y contundente en su respuesta: "Con la mirada", me dijo. Y profundizó: "Es la vía más natural, antigua y recomendable para mostrar interés en términos románticos por otra persona, enviarle mensajes y explorar su reacción".
¿Y después qué?, le deslicé. "Pueden ocurrir varias cosas: que ella acepte su mirada y le sonría, o que la rechace frunciendo el ceño o mirando hacia otro lado. Si ocurrió lo último, el hombre podría insistir una vez más, pero si de nuevo es rechazado, lo prudente es no continuar con el cortejo", zanjó.
Días después le hice la misma pregunta a una joven estilista de muy buen ver: "¿Qué deben hacer hoy un hombre y una mujer que se quieren conocer, tratarse y llegar a algo más íntimo como seducirse sin que se sienta ella incómoda y acosada?
Su respuesta fue aún más ilustrativa: "Diay, cambio de luces". Es decir, lo mismo que expresó la psicóloga pero en lenguaje callejero. O sea, si yo miro a la chica y ella me hace "cambio de luces", la cosa pinta bien. Y si no, mejor retirarse antes de que ella encienda las de alarma.
Pues bien, tal y como me lo dijo la psicóloga, esta práctica no es para nada nueva. Lo que es nuevo es la razón de utilizarla hoy para que la mujer no se sienta perseguida, invadida y hasta ultrajada.
Pero en el siglo XIX, por ejemplo, el "cambio de luces" entre las parejas se regía por todo un código especial concebido para que cuando la dama caminaba por una calle o estaba en alguna fiesta acompañada de sus padres, hermanos, sirvientes o chaperones, se entendiera de la manera más disimulada con su pretendiente.
De modo que si el caballero o ella se querían decir, por ejemplo, "Te quiero", se guiñaban el ojo derecho, y si se trataba de un "Te odio", se guiñaban el ojo izquierdo. En otras palabras, todo un decálogo para entenderse sin que sus "moros en la costa" se enteraran.
El código era el siguiente:
Guiñar el ojo derecho – Te quiero.
Guiñar el ojo izquierdo – Te odio.
Guiñar ambos ojos – Sí.
Guiñar ambos ojos a la vez – Nos observan.
Guiñar el ojo derecho dos veces – Estoy comprometido.
Guiñar el ojo izquierdo dos veces – Estoy casado.
Bajar los párpados – ¿Puedo besarte?
Levantar las cejas – Bésame.
Cerrar el ojo izquierdo lentamente – Prueba y ámame.
Cerrar el ojo derecho lentamente – Eres bonita.
Colocar el índice derecho sobre el ojo derecho – ¿Me amas?
Colocar el índice derecho sobre el ojo izquierdo – Eres guapo.
Colocar el meñique derecho sobre el ojo derecho – ¡No te da!
Este reglamento del coqueteo trascendió cuando fue publicado por el periódico Taranaki Herald de New Plymourth (Nueva Zelanda) con el título de Eye Flirtation.
No obstante, ante los cambios sociales y culturales suscitados desde entonces, sería conveniente actualizar nuestro código del "cambio de luces" para que las potenciales parejas puedan tener una "léxico" visual más rico, variado y secreto.
Por ejemplo:
Hacer bizco – No te soporto.
Poner los ojos en blanco – Jale pal cuarto.
Pestañear muy seguido – Corra que viene mi marido.
Y así por el estilo hasta cubrir el abecedario completo sin alterar el nuevo orden establecido en materia de flirteo.
