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Mundo insólito – Su belleza la salvó

29 de Mar. 2020 | 8:43 am
Friné por Jose Frappa (1904)

Friné por Jose Frappa (1904)

(CRHoy.com) – La apodaban Friné y desde muy joven, cuando su sobrenatural belleza apenas despuntaba, la veían recorrer las calles de Tespia, en la antigua Grecia, como modesta vendedora ambulante y pastora de cabras.

Deseosa de traspasar fronteras y alcanzar nuevos horizontes, Friné aprovechó los pocos ahorros que había hecho con su trabajo y migró a Atenas para, como ocurría con muchas de las mujeres humildes de la época, recalar en la escuela de hetairas.

A diferencia de las prostitutas, las hetairas eran mujeres igualmente dedicadas al sexo pero educadas y con cierto refinamiento que sabían cantar, bailar, hablar y lucirse como damas de compañía que amenizaban reuniones, paseos y festejos.

Como mujeres, las hetairas eran las únicas que en la antigua Grecia (Friné nació en el 328 a.C.), una sociedad cerradamente patriarcal, disfrutaban libremente de la vida pública, especialmente ella quien además era activista y hasta, como diríamos hoy, una"influencer" que se codeaba dentro de la flor y nata de artistas, filósofos y políticos.

Friné, como era de suponer, no solo descolló por su belleza, inteligencia y ambición entre las demás mujeres, sino que fue descubierta por el renombrado escultor Praxíteles quien pronto la convertiría en su amante y modelo preferida para crear diversas estatuas de Afrodita, diosa del amor.

De esta forma, Friné, cuyo verdadero nombre era Mnésareté, sería reconocida pronto como una de las hetairas más bellas del siglo IV a.C. en Grecia, aunque también, debido a la fama y popularidad que adquirió entre el gremio de artistas y figuras de la más alta sociedad, en la más soberbia y orgullosa, un delito imperdonable en la antigua Grecia.

Hasta que, víctima supuestamente de Eutias, otro de sus muchos amantes, fue acusada, entre otras cosas, por desafiar a los dioses y ejercer como sacerdotisa en nombre de Afrodita, la diosa que con un éxito irrepetible ella tanto modeló para Praxíteles.

Al paso que iban las cosas, Friné estaría condenada a la pena de muerte que exigía su amante ofendido, pese a que otros dos amantes, el mismo Praxíteles e Hipérides, lucharon a más no poder por salvarla ante la Corte que le seguía el juicio.

Praxítenes, impotente de disuadir al jurado, se valió de la brillante retórica y oratoria de Hipérides para lograrlo, pero nada parecía convencer a los jueces decididos a condenarla a muerte por desafiar y profanar con sus actos a los dioses y a la propia Afrodita.

Hasta que, como último recurso, Hipérides se iluminó y le sugirió a Friné que se parase frente a los miembros de la Corte y les mostrase su sobrenatural belleza desnudándose de pies a cabeza. Ella, con su personalidad reposada y segura de sí misma, se despojó de su túnica y quedó expuesta ante los jueces.

Ante un tribunal boquiabierto, Hipérides, a manera de estocada final, intervino de nuevo para decir que condenar a alguien como ella sería traicionar a la propia diosa Afrodita personificada con los máximos atributos por Friné .

Friné no solo fue liberada sino que, más allá de su mitológica belleza que deslumbró a la misma historia, el juicio mismo al que se le sometió inspiró la creación de muchas pinturas que terminaron de inmortalizarla.

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