Reseña: Elrow: Kaos Garden, 12 horas dentro de una obra de arte viviente
La primera edición de Elrow: Kaos Garden en Costa Rica y sus 12 horas de música, arte y producción monumental vistas desde la mirada de un cronista que no pertenece, pero quiso entender.

Foto: Agustín Muñoz.
Durante años, como cronista de espectáculos, me resistí a cubrir eventos de música electrónica. No por tener algo en contra del género, sino por reconocer mis propias limitaciones: no es una música que consuma con regularidad y, además, sus dinámicas son muy distintas a las de los conciertos tradicionales. Los sets son ininterrumpidos, no hay una sucesión clara de "éxitos" y los artistas en escena rara vez toman el micrófono. Están ahí, presentes y concentrados, pero el espectáculo no se construye como un recital de dos o tres horas de canciones reconocibles.
Sin embargo, en gran parte gracias a mi hija Emma, ignorar Elrow se volvió imposible. Lo que propone esta productora española va mucho más allá del componente musical: se trata de un montaje visual atrevido y vanguardista, en el que lo que capta el oído dialoga constantemente con lo que entra por los ojos. Arte, escenografía, personajes y música se funden en una experiencia que desborda el formato tradicional de un concierto.
Así fue como, convencido por una joven que en estos territorios se mueve con naturalidad y autoridad, terminé la noche del viernes 13 y la madrugada del sábado 14 en el Centro de Convenciones de Costa Rica. Un pez fuera del agua, sí, enfrentado a un mar de beats continuos y confeti interminable. Un ejercicio de resistencia física que ya resulta desafiante para alguien de 20 años; ni hablar para quienes nuestra educación electrónica se limitó a bailar con 2 Unlimited en 1993.
En una noche ventosa y fría de este "verano" extraño, cuesta dejar en el carro al adulto que entra al recinto pensando que toda aquella muchachada amanecerá resfriada: nadie anda suéter ni jacket. "Tranquilo, don Vic, ya verá que adentro le va a dar calor", me dice Josué, el novio de Emma. Y tenía razón. En un espectáculo como este el movimiento corporal se activa casi de manera involuntaria: hasta los dientes vibran con cada beat. Ahí aparece una de las grandes virtudes del formato: incluso el más tieso puede afirmar que se dio la bailada del año, y sería cierto.

Foto: Agustín Muñoz.
Cuando llegamos aún era "temprano". La fiesta había iniciado a las 6 p. m. y nosotros ingresamos cerca de las 9, cuando todavía había espacios generosos en la pista principal. Eso nos permitió encontrar parqueo dentro del Centro de Convenciones, beneficio con el que no contaron quienes arribaron más avanzada la noche. Ya hacia las 11 p. m. no cabía un vehículo más y los acomodadores debían lidiar con la mala cara de los fiesteros cuando les indicaban que tenían que ir a dejar el carro hasta Real Cariari. Al final, inevitablemente, muchos optaron por estacionar a la mano de Dios sobre la autopista.
La productora local, Electric Animals, transformó con maestría el gran salón del recinto en un espacio de tres niveles: una inmensa pista frente al escenario de los DJs y dos terrazas VIP elevadas. Alrededor del área se emplazaron las barras de servicio de bebidas, donde el personal no tuvo tregua.
Fuera del salón principal se dispusieron activaciones y servicios complementarios interesantes, como masajes profesionales —muy útiles para quien aspire a bailar más de cinco horas seguidas—. Donde sí sentí que quedó debiendo, y no tiene que ver con la organización sino con el servicio del propio Centro de Convenciones, fue la oferta gastronómica. La comida se entregaba prácticamente fría y el choripán que compré ofendería a cualquier argentino. Sin duda, un punto de mejora para la administración del recinto estatal.

Foto: Agustín Muñoz.
He de ser franco: entrar en detalle sobre el desempeño individual de los DJs invitados sería un irrespeto hacia la audiencia, pues no tengo los códigos necesarios para valorar su trabajo. No cuento con las herramientas para desmenuzar transiciones, mezclas o matices técnicos. Lo que sí puedo decir es que todos estuvieron a la altura de la expectativa generada. En ningún momento se sintió que la noche tuviera bajonazos entre un set y otro; el pulso se mantuvo constante, hipnótico, sostenido.
También fue llamativo cómo la producción buscó equilibrar la presencia de hombres y mujeres en los tornamesas, con una notoria participación femenina en el escenario. Esa apuesta no fue casual. Según explicó Alex Castillo, encargado de la gira mundial de Elrow —cuya entrevista encontrará al final de este texto—, la marca tiene entre sus prioridades potenciar el talento femenino dentro de la escena electrónica.
Donde sí puedo detenerme con mayor seguridad es en el componente visual, algo que no recuerdo haber visto con esta magnitud en ningún espectáculo musical en Costa Rica. Creado en colaboración con el artista plástico español Okuda San Miguel, Kaos Garden despliega su sello característico: figuras geométricas multicolores que dan forma a animales y calaveras, estructuras que parecen salidas de un mural urbano llevado a escala monumental.

Foto: Agustín Muñoz.
Todo el salón mutó en un jardín cubista de colores saturados. Esculturas suspendidas del techo parecían flotar sobre la multitud y, al centro del escenario, una calavera monumental servía de cabina a los artistas, flanqueada por una pantalla gigante donde las animaciones expandían y animaban el universo visual. No era solo un concierto: era una instalación en movimiento. Un espectáculo que entendía que la música no se vive únicamente con los oídos, sino también con los ojos. Tal vez lo más cercano a una experiencia sinestésica que muchos de los presentes viviremos.
Pero el paisaje no lo componía solo la escenografía. El público era parte esencial de esa paleta viviente. Los outfits no eran un detalle; eran una declaración. Brillos, transparencias, colores neón, disfraces, maquillaje que parecía diseñado para sobrevivir al amanecer. La producción invertida en cada look bien pudo competir en horas con el tiempo destinado a la pista de baile, y eso no es una crítica: es parte del ritual. Aquí la música también se habita desde la ropa, desde el cuerpo convertido en lienzo, desde el peinado que desafía la gravedad.
A estas alturas espero que quede claro que este tipo de experiencias distan mucho de ser lo mío. No por culpa del evento —impecable dentro de su concepto—, sino porque acepto que su audiencia es otra. Y no tiene necesariamente que ver con la edad. De hecho, me sorprendió ver más personas arriba de los 40 de las que hubiera esperado. Tiene que ver más con la actitud, con la manera de relacionarse con la noche, con el cuerpo y con la música.
Lo que sí tuve fue el privilegio de entrar, como testigo de excepción, en un ambiente musical en el que mi hija se siente cómoda y feliz. Esa es una experiencia que creo que mis padres no hubiesen captado hace 30 años cuando yo era feliz en un mosh pit. Y está bien: cada generación tiene su propia banda sonora y su propia forma de sudarla.
Tal vez por eso, más allá del confeti, los beats y la calavera monumental, la noche valió la pena. No porque me haya convertido en experto en tech house, sino porque, por unas horas, pude asomarme al mundo que hoy le pertenece a ella. Y eso, para un cronista que suele observar desde afuera, fue suficiente.

Foto: Agustín Muñoz.
Ficha técnica
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Elrow: Kaos Garden
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Fecha: Viernes 13 de febrero del 2026
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Horario: 6 p. m. – 6 a. m. (12 horas continuas)
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Lugar: Centro de Convenciones de Costa Rica, Heredia
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Concepto visual: Kaos Garden, colaboración con Okuda San Miguel (España)
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DJs: Hilario Alicante (Italia), Chelina Manuhutu (Países Bajos), Tini Gessler (Alemania), entre otros
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Producción: Elrow (Barcelona, España) y Electric Animals (Costa Rica), con Sam Zahedi como productor local
Entrevista con Alex Castillo, encargado de gira mundial de Elrow
Tras bastidores, mientras a pocos metros miles de costarricenses bailaban en la primera edición de Elrow en el país, conversamos con Alex Castillo, responsable de la gira mundial y de la contratación artística de la productora española nacida en Barcelona. El aterrizaje del concepto en Costa Rica fue posible junto al productor local, Sam Zahedi.
¿Qué es Elrow, para quien no esté familiarizado con el concepto?
Es un evento que intenta ser muy diferente a lo que normalmente se entiende como una fiesta de música electrónica. Generalmente hay un escenario, un artista y poco más. Nosotros buscamos desmarcarnos de eso. Mezclamos arte, diversión y música electrónica. Es un evento muy abierto: viene gente experimentada en este tipo de fiestas y también personas que nunca han ido a una. Al final hacemos que esos dos mundos converjan. Es diversión y entretenimiento. El componente visual es fundamental.
El componente visual es impresionante. ¿Cómo es el proceso de diseño?
Elrow nació como un club en Barcelona. A partir de ahí empezamos a incorporar elementos enfocados en la interacción y la diversión del público. Creamos temáticas y, desde hace cinco o seis años, comenzamos a colaborar con artistas contemporáneos, plásticos y gráficos.
La temática que trajimos a Costa Rica es Kaos Garden, una colaboración con Okuda San Miguel, artista español con presencia internacional que expone en ferias como Art Basel en Miami y en Asia. Fue nuestra primera gran colaboración. Después trabajamos con Ron English, artista estadounidense referente del pop surrealista, y con Alex Grey, también estadounidense y uno de los padrinos del arte psicodélico.
La escenografía y el espectáculo nacen de lo que dicta el artista. Ellos conocen el formato de Elrow, han asistido a nuestros eventos y les damos un lienzo en blanco para llevar su obra a la vida real. Tienen total libertad para decidir cómo se construye todo el universo visual.

Foto: Agustín Muñoz.
¿Cómo se eligen los DJs dentro de ese concepto artístico?
A nivel musical, la selección la hacemos nosotros en colaboración con el promotor local. Nos dejamos aconsejar, porque cada territorio es diferente. Tenemos una línea muy definida: tech house energético, divertido, muy enfocado en hacer bailar. Intentamos alejarnos de sonidos más planos, más melódicos o más underground.
El promotor sabe cuál es nuestra línea cuando contrata el show. Si la propuesta se alinea con lo que queremos ofrecer al público, estamos bien.
¿Qué cartel se trabajó para la edición en Costa Rica (13 de febrero de 2026)?
Tuvimos a Hilario Alicante, artista italiano que está consolidándose como uno de los nombres fuertes del circuito; a Chelina Manuhutu, holandesa radicada en Ibiza y residente de la fiesta Hï Ibiza, una de las DJs femeninas más importantes del momento; y a Tini Gessler, alemana en pleno ascenso internacional.
Damos mucho valor al talento femenino. Creemos que tenemos la responsabilidad de potenciarlo. Hasta hace relativamente poco no tenía tanta visibilidad y estamos orgullosos de apoyar ese crecimiento.
¿Cómo ha sido llevar el concepto de Elrow a América Latina?
Intentamos hacer al menos un show por país al año. Tenemos presencia en Chile, Perú, Argentina, Brasil y hemos trabajado en Colombia. Costa Rica es la primera vez que nos recibe.
El principal reto es logístico. Toda la decoración viaja desde Barcelona en contenedores marítimos. Eso implica procesos de aduanas, tiempos y costos elevados. Para este show trajimos dos contenedores, pero en otras ediciones hablamos de tres o cuatro. Las telas del techo, las esculturas gigantes y la escenografía representan un desafío importante.
¿Cuántas personas viajan desde España para montar el evento?
Unas 15 personas del equipo central. A nivel local se contratan entre 50 y 60 personas más: actores, performers, zancudos. Intentamos involucrar a la comunidad local siempre que sea posible, además del equipo técnico del promotor que apoya en montaje y desmontaje.
En el caso de Costa Rica, ¿qué les ha llamado la atención?
La gente. La disposición a ayudar. Es un equipo muy trabajador y con muy buena actitud. De hecho, comentábamos que, dentro de Latinoamérica, es el país donde mejor ha fluido todo. No me han llamado por ningún problema. Eso es raro y muy positivo. Estamos muy contentos con la experiencia y es muy probable que el próximo año repitamos.
¿Y el recinto, el Centro de Convenciones?
Maravilloso. Se agradece encontrar recintos tan preparados y con tanta disposición para colaborar. A veces llegamos a lugares donde todo es "no". Aquí ha sido todo lo contrario: facilidades en cada etapa del proceso.

Foto: Agustín Muñoz.
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