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Susana superó su adicción a las drogas y dejó las calles para convertirse en exitosa pastelera

LOGRÓ INDEPENDIZARSE Y ALQUILAR APARTAMENTO.

Por Daniel Monge | 25 de May. 2024 | 12:45 am

FOTO: (Cortesía)

Susana Arias es una mujer de 46 años, oriunda de Alajuela, quien por 25 años fue adicta a las drogas y eso provocó que tuviera problemas con su familia. En esos 25 años, pasó la mayor parte del tiempo queriendo "morirse" como ella misma indicó en entrevista con CRHoy.com.

"Yo empecé en las drogas como a los 18 años, sin saber qué era eso o lo que hacía. Probé la cocaína de una vez, yo padecía de muchas depresiones", contó Arias.

Dijo que sufrió abuso durante su infancia, esto provocó las depresiones y fue lo que detonó que probara las drogas, ya que le ayudaba a olvidarse de todo.

"Mi vida, en ese momento, se resumió en que me quería morir, mi familia, lo máximo, siempre estuvo ahí para mí", agregó la mujer.

A los 18 años, cuando probó la droga, sentía un dolor muy grande. Lo que provocó que cuando probó la cocaína, le encantara.

La mujer acepta que la droga lo único que hizo fue destruirla y alejarla de la realidad, de sus seres queridos y de su casa.

"Mi mamá fue una persona muy buena, me ayudó mucho. Siempre estuvo a la par, se sabía todos los programas de alcohólicos anónimos", indicó.

Entró a muchos centro de rehabilitación, para intentar dejar el vicio. Sin embargo, siempre recaía porque le encantaban las pastillas que la dormían.

"Tengo 12 años limpia, de no tocar un centro de rehabilitación. La última vez en rehabilitación, llegué muy mal y sin la ayuda de mi familia", aseguró.

 

A su vez, agregó que su depresión era tan grande que iba al puente del Virilla y al puente Saprissa a hacer el intento de lanzarse.

No tenía nada, lo había perdido todo menos las esperanzas de regresar a su vida y estar bien, por eso tomó la decisión de internarse por última vez.

"A los dos años de estar limpia, le dije a mi mamá que quería hacer algo con mi vida, que necesitaba tener un oficio", agregó Arias.

Un día le dijo a su mamá que le enseñara a hacer empanadas de piña, cuando aprendió caminaba hasta tres kilómetros con tal de vender una bolsa a 500 colones.

"Yo dormía en el suelo, no tenía ni cama ni colchón. Después me enseñaron a hacer torta chilena, con lo que gané pude comprarme mi cama", aseveró.

A los tres años de estar limpia quedó embarazada de su hija, ese fue el motivo más importante para seguir adelante con su sueño de la pastelería.

"Ya tuve que dejar de andar caminando por todas las calles de Alajuela, porque incluso salía con mi hija en el coche a vender", dijo en entrevista a este medio.

De un pronto a otro dejó de vender en la calle, más bien las personas llegaban a su casa en Alajuela a comprarle los productos.

Hasta que con mucho esfuerzo pudo ponerse un local, con el nombre "Su Dulzura" y se dedica a realizar pastelería artesanal.

"Hoy tengo un local, batidoras, horno industrial. Me ha costado mucho, por la parte emocional, pero siempre el acordarme de mi hija me levanta", aclaró.

Entendió que lo que ha conseguido hasta ahora, no ha sido fácil, por lo que el volver a caer no está dentro de sus planes y siempre le pide ayuda a Dios para que no le suelte la mano.

Logró independizarse y salir de su casa, al principio le daba miedo quedarse sola. Pero junto a su actual pareja y su hija, tomaron la decisión.

"He venido a entender demasiado, son sacrificios muy grandes. Yo sé lo que es trabajar 24 horas seguidas, puedo rajar que lo que tengo me ha costado", finalizó.

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