Frente a sus ojos, una cabeza de agua le arrebató a toda su familia
Jorge Vega sufrió un accidente en el que murió su esposa, su nuera y la nieta.
"Hoy recuerdo cada detalle de aquel viernes 18 de mayo del 2007. Puedo revivir cada momento hasta las 4:22 p.m. cuando vi el reloj del carro por última vez… Una corriente de agua cruzaba de lado a lado la carretera y me impedía continuar manejando.
De repente, miré por el retrovisor. Yo estaba en lo que llaman la "vuelta del tapón" en la carretera que va hacia el Volcán Irazú, y me iba a devolver, pero una cabeza de agua venía por detrás. Llamé al 9-1-1. Intentamos abrir las puertas del carro, pero el agua ya había alcanzado una altura importante. Nada podíamos hacer…
El carro se levantó como una lancha y mi esposa gritó: 'Nos vamos a matar' y el carro empezó a dar vueltas. Todo sucedió prácticamente en un minuto…
Era un viernes normal. Solo tenía que ir a recoger a mi nieta en Tierra Blanca, tras concluir mi jornada laboral en Orotina. Yo trabajaba en una cuadrilla de mantenimiento de Recope y todo parecía ir bien.
Empezó a llover un poco, pero nada extraordinario. Me pareció curioso que mi señora interrumpió el rosario de la Divina Misericordia para ir por la nieta…. Ella siempre rezaba el rosario de principio a fin, pero ese día no. ¡Así tenía que pasar!
Cuando el carro empezó a dar vueltas… uno ya no se acuerda de nada. No sé qué pasó. Todo fue muy rápido. Pero nunca voy a olvidar que en cuestión de segundos el agua se abrió. Un gran chorro de luz apareció y yo sentía que me ahogaba. Cuando me di cuenta, estaba arrodillado a un lado de la escena.
Inmediatamente me enderecé, vi el carro con las llantas hacia arriba y dije: 'Señor me quistaste mi familia'. Corrí al ver a mi nieta Kristel, que estaba viva. Ahí el agua me revolcó como 25 metros y un muchacho alto, joven, llegó a ayudarme. Yo le dije que llevara a mi nieta al hospital pero ella murió en el camino. ¡Solo tenía un año!
Minutos después llegó la Cruz Roja y los bomberos y ahí se terminó todo lo que tenía. Viajábamos mi señora, mi hija y mi nieta. Solo yo sobreviví, porque Dios me dio una oportunidad. Yo antes me culpabilizaba, pero ahora digo que era el día de ellas.
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Fue un momento muy duro. No tengo palabras para explicar el dolor que sentí en ese momento. Todo estaba lleno de barro y creo que la mano de Dios me puso aquí.
Tras el incidente, todo se me vino abajo y el dolor era muy grande. Tuve que buscar ayuda con psicólogos, aceptar la voluntad de Dios y apoyarme en la oración. Esas son claves para volver a sonreír, tener esperanza y volver a vivir.
Hoy puedo decir que sí se puede . Le di un vuelco a mi vida y aunque los recuerdos no se borran, he podido seguir luchando. Dios me ha dado muchas oportunidades. Hace más de 15 años vencí un alcoholismo crónico que tenía, gracias al grupo de Alcohólicos Anónimos. En mi juventud también tuve un accidente de tránsito grave.
Algunos amigos dicen que parezco un gato, pero aquí sigo, con 67 años y tratando de cumplir esa misión encomendada".

