
Riverside ofrece una propuesta centrada en la cocina al fuego, con pizzas y platos al horno de leña, acompañados de cervezas artesanales y vinos seleccionados, elaborados con ingredientes frescos y locales.
Introducción:
Riverside nació con la idea de hacer las cosas bien desde el inicio, pero también con la convicción de que los lugares cargan historia. Fundado por Daniel Harris, este proyecto no se construyó desde cero, sino sobre las ruinas de un espacio que ya formaba parte de la memoria colectiva de la zona.
Ubicado a la orilla del río, sobre la ruta 32 en Heredia, Riverside ocupa un terreno donde, a mediados de los años 80, funcionó una discoteca y restaurante que fue punto de encuentro para bodas, fiestas y bailes. A inicios de los 90, un incendio dejó el lugar prácticamente destruido. Durante casi 20 años permaneció abandonado, reducido a paredes, pisos y escombros cubiertos por la vegetación.
Daniel adquirió la propiedad alrededor del año 2000, cuando era considerada el "patito feo" de la zona, una oportunidad que pocos veían. Desde el inicio, la intención nunca fue demolerlo todo y empezar de nuevo. La visión era clara: reutilizar, rescatar lo que aún tenía vida y construir un proyecto coherente con el entorno. La sostenibilidad no sería un discurso, sino el eje central del diseño y la operación.
El nombre Riverside se mantuvo como un acto de continuidad. Así se llamaba el proyecto original y así lo recordaban muchos vecinos. Además, un río bordea toda la propiedad, reforzando el vínculo natural del lugar con su entorno.
Tras casi 10 años sin un uso definido, el proyecto empezó a tomar forma cuando Daniel encontró al arquitecto Julio Jiménez, con quien compartía una visión enfocada en arquitectura orgánica y sostenibilidad real. Juntos diseñaron un espacio que aprovecha la estructura existente, incorpora materiales como teca de plantación, prioriza la ventilación natural y responde al clima y al paisaje.
La idea inicial era diseñar el espacio y luego buscar un operador gastronómico, pero conforme el proyecto avanzaba, Daniel se involucró cada vez más hasta decidir llevarlo adelante personalmente.
La pizzería con horno de leña ya estaba clara, pero el enfoque debía ir más allá de la cocina. Riverside se concibió bajo tres ejes: sostenibilidad ambiental, compromiso social y relación directa con la comunidad. Desde sus inicios, el proyecto ha trabajado con personas de la zona, ofreciendo oportunidades de aprendizaje y crecimiento profesional, y apoyando causas locales como organizaciones de bienestar animal y el hogar de ancianos de San Josécito.
Consciente de que necesitaba apoyo técnico para desarrollar la propuesta culinaria, Daniel buscó a alguien que compartiera la misma visión. Así se incorporó Gilad Chudler, quien jugó un rol clave en el desarrollo gastronómico del proyecto. Juntos construyeron la base culinaria de Riverside, alineando el menú con los valores del lugar y el enfoque en producto local y procesos bien cuidados.
La agricultura orgánica ya formaba parte del ADN de Riverside. Desde antes de abrir, existían huertas en la propiedad, y el menú se diseñó tomando en cuenta productos cultivados en el sitio y otros provenientes de productores locales con una filosofía similar. La pizza se desarrolló con una clara inspiración napolitana, pero adaptada al contexto, incorporando ingredientes locales y una identidad propia.
Riverside también se pensó como un punto de encuentro cultural. Desde el inicio ha recibido músicos de jazz y música clásica, y cuenta con un programa de arte que trabaja con artistas locales. Las exposiciones cambian cada dos meses y todas las obras están a la venta, destinando el total de las ventas directamente a los artistas.
Más recientemente, el proyecto sumó un jardín botánico dentro de la propiedad, desarrollado junto al hijo de Daniel, estudiante de economía agrícola en la Universidad de Costa Rica. El jardín alberga plantas utilizadas en la cocina y permite recorridos autoguiados mediante códigos QR que explican cada especie.
Desde hace aproximadamente 7 años, Riverside también produce su propia cerveza artesanal en el lugar. Actualmente elaboran 12 estilos distintos, y toda la cerveza que se sirve es de producción propia, reforzando la idea de control total sobre el producto.
Ambiente:
El espacio conserva un equilibrio muy particular entre lo rústico y lo cuidadosamente pensado. El horno de leña domina la escena y el aroma a masa recién horneada acompaña toda la experiencia. Hay un jardín con plantas aromáticas que terminan en los platos, iluminación cálida y una atención cercana que invita a quedarse. Riverside es un lugar para llegar sin prisa, comer bien y dejar que el tiempo pase.
Qué pedir:
Pizza Margherita: La Margherita de Riverside es una muestra de cómo lo simple puede ser sublime. Masa fermentada por 48 horas, salsa de tomate natural con un toque de acidez justa, mozzarella fresca y hojas de albahaca del propio huerto. Sale del horno de leña con los bordes apenas dorados, aireados y con ese sabor ahumado que solo el fuego puede dar. Ligera, equilibrada y perfecta para entender la esencia del lugar.

Ensalada mediterránea: Una opción fresca y vibrante que complementa cualquier plato del menú. Mezcla de hojas verdes, tomates cherry dulces, aceitunas kalamata, pepino y queso feta, con un aderezo cítrico que resalta cada ingrediente sin opacar. Es una ensalada que conversa con el clima, con el vino blanco y con el estilo fresco que Riverside defiende.

Linguini alla bolognesa: El clásico italiano hecho con carácter costarricense. Pasta fresca cocinada al punto exacto, acompañada de un ragú de carne que combina res y cerdo en cocción lenta, tomates naturales, vino tinto y hierbas del jardín. La salsa se adhiere a cada hebra de pasta con una densidad ideal, y el toque final de queso grana padano redondea un plato profundo y reconfortante.


