Ministro empezó a armar su cruzada contra COVID-19 desde enero
Primeras medidas fueron directrices del ministro de Salud sobre vigilancia, contención e investigación del coronavirus a entidades públicas y privadas
(CRHoy.com).- El 6 de marzo estaba destinado a no ser un día más en el almanaque. Al mediodía de ese viernes, las autoridades del Gobierno confirmaron al país la incidencia del primer caso de COVID-19 en Costa Rica y en Centroamérica. La noticia interrumpió el tórrido verano tropical costarricense, tres meses después de que, en diciembre del 2019, el nuevo coronavirus se empezara a expandir en Wuhan, China, el epicentro de la pandemia.
Desde ese momento, el tema acapara la agenda nacional, domina la escena política y el interés de la opinión pública. Sin embargo, el ministro de Salud, Daniel Salas Peraza, la cara más reconocida del Gobierno desde que ocurrió aquel primer anuncio, alertó desde mucho antes al Consejo de Gobierno sobre el inminente dictado de lineamientos a diversas instituciones públicas y privadas para prever el ingreso a Costa Rica del virus.
Según consta en el acta 87 del Consejo de Gobierno, durante la sesión del 21 de enero pasado, Salas anunció al Gabinete, incluido el presidente Carlos Alvarado, las primeras directrices para las instituciones públicas y para el sector privado, con el objetivo de preparar las defensas ante el inminente ingreso del COVID-19 al país.
El Ministro de Salud nos comunica que se activaron los protocolos de vigilancia que corresponden a posibles enfermeddaes como el brote de coronavirus en China y brinda recomendaciones generales para prevenir si se presentaran casos en nuestro país
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— Ministerio de Salud (@msaludcr) January 20, 2020
Ese día, el titular de Salud intervino en la sesión para anunciar que a partir del 22 de enero se emitirían las primeras directrices sobre vigilancia, contención e investigación del virus a los centros de salud.
Salud daba así los primeros pasos para intentar atajar el COVID-19 desde los aeropuertos y puestos de frontera; en el sector turístico en plena temporada alta, a través de una pulida coordinación entre las autoridades públicas del sector y las empresas privadas.
También se ponía en alerta desde ese momento a la Fuerza Pública, a las autoridades universitarias y a los delegados de los organismos internacionales que operan en el país.
"Los lineamientos están dirigidos hacia la identificación de casos sospechosos (definiciones operativas), aislamiento (cuarentena) y abordaje clínico, recolección de muestras para laboratorio y coordinación de red, medidas de articulación interinstitucional, medidas de sanitización, investigación del brote y de contactos y medidas contempladas en el reglamento sanitario internacional", se lee en el acta del Consejo de Gobierno del 21 de enero que recoge la intervención de Daniel Salas.
Cuarenta y cinco días después, el plan que ingeniaron las autoridades de Salud se echó a andar cuando se confirmó el primer caso. Costa Rica ya oficializó el contagiado número 50 con COVID-19 este martes.
Hasta la fecha, casi a dos semanas de que se encendieran las alarmas, la gestión del Ministerio de Salud y de las autoridades hospitalarias y administrativas de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) han cosechado elogios de expertos en la materia por la manera en que han atendido la emergencia provocada por el imparable COVID-19.
Con el Gobierno al hombro
Hay otra realidad. La enfermedad viral tuvo un efecto colateral inmediato en la política costarricense. Daniel Salas desplazó al presidente Carlos Alvarado como la figura prominente del Poder Ejecutivo. Y, de paso, el acomodo obligado por las apremiantes circunstancias fue oportuno para el Gobierno.
Dos semanas antes de que el COVID-19 pusiera al país en alerta, Alvarado ardía en un incendió político que la propia administración se provocó al emitir el decreto de creación de la Unidad Presidencial de Análisis de Datos (UPAD), que le generó investigaciones al mandatario y a parte de su equipo de trabajo en la Asamblea Legislativa y en el Ministerio Público, que inició pesquisas por la sospecha de que se cometieron tres presuntos delitos, entre ellos un posible abuso de autoridad por haber abierto la puerta en el fallido decreto para que la UPAD tuviera acceso a datos confidenciales de la ciudadanía.
En ese contexto político complejo la figura emergente del ministro de Salud le dio un oportuno respiro al presidente de la República, bajo asedio, con la imagen y la credibilidad en números rojos.
Daniel Salas, con 43 años recién cumplidos el 10 de marzo, asumió la cartera de Salud a finales de noviembre del 2018, después de la destitución de Giselle Amador. Antes de jurar como ministro, Salas fue director de Vigilancia de la Salud del Ministerio de Salud Pública.
La opinión general parece coincidir en que su ecuanimidad a la hora de dirigirse al país en plena pandemia del COVID-19, la solidez en sus conocimientos técnicos, y las señales de firmeza que ha dado durante estas primeras etapas de la crisis han infundido tranquilidad a un sector de la ciudadanía.
¿Nuevo aire para el "segundo tiempo"?
Salas también le ha transfundido al Gobierno la sangre que perdió por la herida de la UPAD, un procedimiento que podría facilitarle a Carlos Alvarado la fuerza que necesita para arrancar mejor el "segundo tiempo" de su administración; antes de la aparición protagónica del ministro en el campo de juego político, a raíz de la pandemia, el mandatario estaba destinado a iniciar el complemento renqueando visiblemente.
No en vano, las crisis y las emergencias nacionales producidas por fenómenos de diverso tipo han tenido siempre un peso relevante en la narrativa de los líderes políticos.
"(Las crisis) pueden contribuir a perfilar el carácter y la imagen que se quiere proyectar, convirtiéndose en una oportunidad o, al contrario, resultar el escenario en el que cometer grandes errores. Es durante las crisis cuando se escenifica el verdadero potencial del papel de 'comandante en jefe'. Los desastres naturales dejan a la vista las carencias y/o fortalezas que tiene una determinada Administración", destaca en su blog el asesor en comunicación y consultor político catalán, Antoni Gutiérrez-Rubí.
En la política costarricense hay un antecedente reciente de cómo una crisis rescató, de forma pasajera a la postre, la imagen de un Gobierno. Le ocurrió a Luis Guillermo Solís (2014-2018), a finales del 2016.
En noviembre de ese año, varias zonas del país sufrieron el impacto del huracán Otto. Por la gestión que hizo en medio de la devastación, Solís obtuvo réditos en las encuestas de opinión sobre su mandato.
En agosto del 2017, el entonces presidente de la República consolidó el repunte que experimentó su imagen después del huracán y se recuperó temporalmente de una seguidilla de malas calificaciones a su desempeño causadas por el escándalo del cemento chino, que puso en entredicho a su gobierno por el caso de presunto tráfico de influencias.
De vuelta a la alerta actual, el analista político, Daniel Calvo, concluyó que el gobierno de Carlos Alvarado podría estar en una coyuntura similar gracias a los aciertos del ministro de Salud.
Calvo opinó que indirectamente Salas también subió su perfil político durante estas primeras dos semanas de la atención de la crisis que genera el COVID-19.
"Lo peor que podría pasar en este momento es politiquear en medio de la crisis, hemos visto como algunas figuras de la oposición ya lo han hecho y uno esperaría que el Gobierno no caiga en eso. Pero, lo cierto, es que ya desde de el Gobierno y desde la oposición muchos miran al ministro de Salud con otros ojos", consideró.
"El presidente ha encontrado una de esas pocas figuras en su Gabinete que, más que generarle desgaste a su imagen, le genera réditos. Es una figura que ha salido con un buen y profesional actuar en medio de esta crisis", evaluó Calvo.
