El “Consejo de Paz”: el club con el que Trump busca reescribir las reglas de la diplomacia
Si tiene solo unos segundos, lea estas líneas:
- Donald Trump lanzó el "Consejo de Paz", un organismo alternativo a la ONU que concentra el poder en su figura y permite obtener membresía permanente a cambio de un pago de $1.000 millones.
- La iniciativa introduce una diplomacia transaccional, con acceso y estatus definidos por aportes económicos y lealtad política. Además, otorga a Trump facultades extraordinarias sobre miembros y decisiones.
- El proyecto genera una fuerte división internacional, con rechazo de aliados tradicionales como Francia y apoyo de líderes afines a Trump.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó una iniciativa que rompe con las reglas tradicionales de la diplomacia internacional. Se trata del llamado "Consejo de Paz", un nuevo organismo que busca competir con las Naciones Unidas y que funciona bajo un principio inédito: los países que aspiren a un asiento permanente deben pagar $1.000 millones.
La propuesta nació como un mecanismo para gestionar la posguerra en la Franja de Gaza, pero pronto adquirió un alcance global. El diseño concentra el poder en manos de Trump, convierte la membresía en una transacción económica y plantea una nueva forma de ejercer influencia internacional. La iniciativa provoca rechazo en varios países y respaldo entre líderes afines al mandatario estadounidense.
Un organismo a imagen y semejanza de su fundador
Aunque el proyecto nació ligado a la implementación de la segunda fase del plan de paz para Gaza, los documentos fundacionales describen una organización con un mandato mucho más amplio. El preámbulo de los estatutos fija como misión garantizar una "paz duradera en regiones afectadas o amenazadas por conflictos" y critica los enfoques tradicionales que, según el texto, "institucionalizan las crisis".
La estructura institucional rompe con la tradición democrática de los organismos multilaterales. El Consejo no funciona como un foro de iguales. Otorga a Donald Trump el cargo de "presidente inaugural" con facultades extraordinarias. El mandatario concentra la autoridad para invitar a los países miembros, ejerce poder de veto sobre las decisiones, puede disolver entidades subsidiarias y tiene la última palabra en la interpretación de los estatutos.
El diseño jerárquico llega más lejos. El presidente puede designar a su propio sucesor y revocar la membresía de cualquier Estado, salvo que una mayoría de dos tercios lo impida.
La diplomacia del "pago por acceso"
El Consejo introduce una lógica transaccional explícita en la alta diplomacia. Según la carta fundacional enviada a decenas de capitales, la participación estándar de los jefes de Estado invitados dura tres años.
Existe, sin embargo, una vía rápida para eludir ese límite. Los países que aporten más de $1.000 millones en efectivo durante el primer año de vigencia del Consejo obtienen un estatus permanente, sin restricción temporal.
Los estatutos señalan que los fondos financiarían las misiones del Consejo, aunque la gestión de las cuentas y la supervisión financiera también quedan bajo la órbita de la presidencia del organismo.
El círculo de confianza y la conexión con Gaza
En el plano operativo, el "Consejo de Paz" se apoya en un "consejo ejecutivo fundador" integrado por personas de máxima confianza de Trump y figuras de peso en las finanzas internacionales.
Entre los siete miembros iniciales figuran su yerno y exasesor Jared Kushner; el secretario de Estado, Marco Rubio; el enviado especial Steve Witkoff; y el ex primer ministro británico Tony Blair. También participan el presidente del Banco Mundial, Ajay Banga, y el multimillonario Marc Rowan.
Sobre el terreno, la primera prueba del organismo es la administración de la Franja de Gaza. El plan prevé que el Consejo supervise a un comité tecnocrático palestino de 15 miembros, encargado de la gestión diaria y de la reconstrucción del territorio tras la guerra.
El esquema despierta recelos en Israel. El gobierno de Benjamín Netanyahu expresó reservas, en especial por la inclusión de representantes de Turquía y Catar en los órganos consultivos. Tel Aviv desconfía de ambos países por su relación con Hamás.
Una recepción global fracturada
La puesta en marcha del Consejo ha servido para medir el estado de las alianzas globales de Washington. El proyecto traza una línea divisoria entre aliados tradicionales de Estados Unidos y nuevos socios ideológicos de Trump.
En Europa, la reacción ha sido fría y, en algunos casos, abiertamente hostil. Francia rechazó la invitación y alegó que la propuesta choca con sus compromisos internacionales y con la defensa del multilateralismo de la ONU. La negativa de París provocó una reacción airada de Trump, quien amenazó con imponer aranceles del 200% al vino y al champán franceses como medida de presión. Canadá mostró disposición a participar, pero descartó de forma tajante el pago de la cuota de $1.000 millones.
En el extremo opuesto, la iniciativa recibió el respaldo de líderes afines al mandatario estadounidense. El presidente argentino, Javier Milei, calificó de "honor" la invitación a ser miembro fundador. También expresaron interés el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, y el rey de Marruecos, Mohamed VI.
Uno de los gestos más llamativos fue la invitación a rivales geopolíticos. Vladimir Putin confirmó haberla recibido, lo que colocó al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, en una situación diplomática incómoda. El mandatario afirmó que le resulta "muy difícil imaginar" compartir mesa con el líder ruso mientras continúa la invasión de Ucrania.
Incógnitas sobre el futuro del "Consejo de paz"
Según fuentes cercanas a la Casa Blanca, Donald Trump pretende firmar este jueves la constitución formal del "Consejo de Paz" y el mandato de sus comités. El plan apunta a aprovechar la visibilidad del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza. Sin embargo, a medida que se acerca ese plazo, crecen las dudas sobre la viabilidad del proyecto y aparecen fisuras en su diseño político y operativo.
Los estatutos marcan una ruptura con los principios del sistema multilateral clásico. Eliminan referencias a la igualdad soberana y a los derechos humanos. Otorgan al "presidente inaugural" poderes amplios y discrecionales, como vetar decisiones mayoritarias, disolver órganos internos e incluso designar a su sucesor. Expertos advierten que este modelo convierte la diplomacia en un esquema personalista, donde la permanencia de los Estados depende de la voluntad de un solo líder o del pago de una cuota millonaria.
