Joven a quien le dieron solo 18 años de vida cumplió su sueño de conocer al Papa

El activista español Andrés Marcio Olona, de 22 años, es una de las cerca de 100 personas en todo el mundo diagnosticadas con laminopatía congénita. La semana pasada cumplió un sueño que durante años creyó imposible: viajar en avión por primera vez para conocer al papa León XIV en las Islas Canarias.
La enfermedad le ha provocado distrofia muscular e insuficiencia respiratoria. Actualmente, sus pulmones funcionan con apenas un 12% de capacidad. Además, enfrenta una afección cardíaca progresiva que provoca que su corazón aumente de tamaño con el paso del tiempo, lo que incrementa el riesgo de sufrir arritmias malignas y muerte súbita.
Cuando recibió el diagnóstico, los médicos le dieron una esperanza de vida de 18 años. Sin embargo, Andrés asegura que los cuatro años transcurridos desde entonces han sido un regalo que ha procurado vivir al máximo.
Debido a sus problemas respiratorios, viajar en avión siempre había sido una meta inalcanzable. A ello se sumaban las dificultades para trasladar su silla de ruedas eléctrica, que pesa cerca de 150 kilos y cuenta con baterías que podrían sufrir daños durante el transporte.
"Este viaje significó una emoción brutal para mí. Era algo con lo que ni siquiera soñaba porque lo veía imposible. No solo conocer al Papa, sino también viajar en avión para verlo. Esta experiencia me enseñó que cualquier sueño es posible siempre que uno se esfuerce para conseguirlo", relató.
La oportunidad surgió gracias a una llamada de su amiga universitaria Sarah Ramajo. Ella le comentó que una tía suya estaba realizando un reportaje sobre la visita del pontífice a Tenerife y necesitaba la colaboración de estudiantes o profesionales vinculados al periodismo, entre ellos Andrés.
Según contó, uno de los momentos más especiales ocurrió cuando el avión aterrizó. En ese instante comprendió que había llegado sano y salvo y que, poco a poco, estaba haciendo realidad un sueño que durante años pareció fuera de su alcance.
Dos días después, el 12 de junio, Andrés viajó junto a su madre y dos amigas a la Plaza del Cristo, donde más de 1.500 personas se reunieron para escuchar al pontífice.
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Se ubicó detrás del perímetro establecido por la seguridad del evento y esperó cerca de dos horas. Cuando observó pasar a varios sacerdotes, llamó a uno de ellos y le contó la historia de su viaje, así como su deseo de poder saludar al Papa.
Tras escuchar su relato, el sacerdote pidió al personal de seguridad permitir el ingreso de Andrés y su madre a una zona más cercana al recorrido del papamóvil.
Minutos después llegó el pontífice. Para sorpresa del joven, León XIV descendió del vehículo para conversar directamente con él.
"Yo pensaba que simplemente me iba a saludar. No me imaginé que iba a hablar directamente con él", recordó.
La conversación duró alrededor de un minuto y medio, pero Andrés asegura que fueron algunos de los mejores momentos de su vida. Durante el encuentro, el Papa le obsequió un rosario traído del Vaticano, firmó su Biblia y también unas fotografías de la Virgen de Schönstatt.
Aun así, afirma que lo más emocionante de aquella jornada fue ver la felicidad de su madre al presenciar cómo se hacía realidad un sueño que ambos habían considerado inalcanzable.
De regreso en Madrid, tardó varios días en asimilar lo ocurrido. Según cuenta, solo recientemente ha comenzado a comprender la magnitud de una experiencia que jamás pensó que podría vivir.
