Sudán tras tres años de guerra: hambre masiva, desplazamiento y crisis total
Si tiene solo unos segundos, lea estas líneas:
- La guerra en Sudán dejó una catástrofe humanitaria: 34 millones dependen de ayuda, millones han sido desplazados y las muertes podrían superar las 200.000.
- El país está colapsado: el sistema de salud y educación prácticamente desapareció, mientras la violencia —incluida la sexual— se usa como arma de guerra.
- El conflicto se prolonga por intereses externos y falta de presión internacional, lo que agrava la crisis y pone en riesgo el futuro económico y social del país.
Tres años después del inicio de la guerra, Sudán se hunde en una de las peores crisis humanitarias del mundo.
El conflicto estalló en abril de 2023 como una lucha por el poder entre las Fuerzas Armadas de Sudán y el grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR). Desde entonces, la violencia se expandió sin freno y, ante la escasa presión internacional, derivó en una catástrofe de gran escala.
Hoy, 34 millones de personas —casi dos de cada tres sudaneses— dependen de ayuda urgente para sobrevivir al hambre, las enfermedades y la violencia sistemática.
El colapso de un país y el recuento imposible
El costo humano de la guerra resulta difícil de precisar. Algunas estimaciones sitúan las muertes entre 150.000 y 250.000. Sin embargo, organizaciones en terreno advierten que no existe un conteo fiable debido al colapso del Estado.
A esto se suma la incertidumbre de las familias de más de 11.000 personas desaparecidas desde el inicio de los combates, según el Comité Internacional de la Cruz Roja.
La guerra también desató un éxodo masivo. Más de 11 millones de personas abandonaron sus hogares, muchas en varias ocasiones. Sudán se consolidó como el principal foco de desplazamiento forzado en el mundo.
Al menos 4,5 millones cruzaron las fronteras hacia países vecinos como Chad, Sudán del Sur y Egipto, que enfrentan una presión creciente sobre sus recursos. En paralelo, aumentó la migración hacia Europa: las llegadas de sudaneses crecieron un 232% entre 2024 y 2025.
La salud, el cuerpo y el futuro como campos de batalla
La infraestructura civil y sanitaria está prácticamente destruida. El 80% de los centros de salud dejaron de operar. Además, se registraron más de 200 ataques contra instalaciones médicas, con un saldo de unas 2.000 muertes.
La falta de atención médica favoreció brotes de cólera, sarampión y dengue. También elevó la mortalidad materna en más de un 12% y empujó a millones de niños a la desnutrición aguda.
La violencia sexual se consolidó como una práctica sistemática de guerra. Los casos de personas que requieren atención tras violaciones y abusos se cuadruplicaron.
El impacto también alcanza el futuro del país. Alrededor de 19 millones de menores interrumpieron su educación. Muchas universidades cerraron o fueron saqueadas.
Raíces históricas y tablero geopolítico
El conflicto tiene raíces profundas. Las masacres actuales, incluidas denuncias de limpieza étnica y genocidio, responden a patrones de violencia previos.
Las Fuerzas de Apoyo Rápido surgieron de las milicias yanyauid, responsables de crímenes en Darfur a inicios de siglo. Este origen explica la persistencia de ataques con motivación étnica.
La guerra también tiene implicaciones internacionales. Emiratos Árabes Unidos respalda a las FAR, mientras Irán y Rusia se acercan al Ejército sudanés. Moscú mantiene interés en establecer una base naval en la región.
Esta red de intereses, sumada al desplazamiento de la atención global hacia otros conflictos, sostiene el flujo de armas y prolonga la impunidad.
El abismo financiero y el futuro en juego
La respuesta internacional sigue por debajo de las necesidades. El plan humanitario de la ONU para 2026 apenas cubre un 16% de los fondos requeridos.
Una conferencia de donantes en Berlín dejó promesas por 1.500 millones de euros, pero evidenció el estancamiento político. Las partes en conflicto no participaron y el Gobierno de Jartum rechazó la iniciativa.
Las consecuencias son claras. Un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo proyecta que, si la guerra continúa hasta 2030, el 60% de la población caerá en pobreza extrema.
El mismo análisis plantea una alternativa: si se alcanza la paz este año y se aplican reformas, el país podría reactivar su crecimiento y sacar a 17 millones de personas de la pobreza extrema para 2043.
