“Un acto de gran estupidez”: qué son las islas Chagos y qué hay detrás de la furia de Trump
Si tiene solo unos segundos, lea estas líneas:
- Reino Unido acordó devolver la soberanía del archipiélago de Chagos a Mauricio, para cerrar un litigio colonial y asegurar el uso de la base militar de Diego García mediante un arrendamiento por 99 años.
- Donald Trump criticó duramente la decisión, la calificó de señal de debilidad y advirtió riesgos para la seguridad de Estados Unidos, en especial ante una posible expansión de la influencia china.
- El caso revela un choque entre legalidad internacional y geopolítica, con una base clave para la proyección militar occidental en el Índico y temores de que el nuevo estatus reconfigure equilibrios estratégicos.
El archipiélago de Chagos es un conjunto de islas remotas en medio del océano Índico, a miles de kilómetros de cualquier continente. Sin embargo, su destino desató una tormenta política que conecta a Londres, Washington y Port Louis.
Lo que inició como un acuerdo diplomático histórico para cerrar el último capítulo colonial del Reino Unido en África derivó en un nuevo foco de tensión internacional. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó de "gran estupidez" la decisión del Gobierno británico de devolver la soberanía del archipiélago de Chagos a la República de Mauricio.
Para el magnate republicano, la transferencia de este territorio ,que alberga la estratégica base militar Diego García, evidencia una "debilidad total" que pone en riesgo la seguridad nacional estadounidense. Para el Gobierno británico, encabezado por el laborista Keir Starmer, el acuerdo resultaba la única vía para garantizar la continuidad operativa de esa misma base, cuya legalidad enfrentaba crecientes cuestionamientos en tribunales internacionales.
La herida colonial abierta de Chagos
Para entender la disputa actual, hay que retroceder a 1965, en pleno proceso de desmantelamiento del Imperio británico. Tres años antes de conceder la independencia a Mauricio, Reino Unido separó el archipiélago de Chagos del territorio mauriciano y creó el denominado Territorio Británico del Océano Índico.
Londres pagó entonces tres millones de libras a la administración colonial para retener las islas. La maniobra respondió a un objetivo estratégico acordado con Washington: la construcción de una base militar conjunta.
Entre 1967 y 1973, Reino Unido expulsó por la fuerza a toda la población del archipiélago, unas 2.000 personas. El desalojo permitió despejar el terreno para uso militar. Los habitantes, conocidos como ilois o chagosianos, fueron trasladados en barcos de carga y abandonados en Mauricio y las Seychelles. Las autoridades sacrificaron a sus mascotas y desmontaron sus hogares.
Desde entonces, Mauricio sostuvo que aceptó la separación del territorio bajo coerción, como condición para lograr su independencia. Ese argumento ganó peso legal en el siglo XXI. En 2019, la Corte Internacional de Justicia dictaminó que la ocupación británica era ilegal y exigió a Londres poner fin a su administración "lo más rápidamente posible".
El "portaaviones insumergible" del Índico
El núcleo del conflicto no reside en el archipiélago en su conjunto, sino en Diego García, la isla más grande de Chagos. Esta isla alberga una de las bases militares más sensibles para la proyección de poder de Estados Unidos y Reino Unido en el hemisferio oriental.
La ubicación, a medio camino entre África e Indonesia, permite vigilar rutas clave del comercio mundial y zonas de rivalidad entre grandes potencias. Durante décadas, Diego García sirvió como plataforma para bombarderos de largo alcance en las guerras de Afganistán e Irak. Más recientemente, apoyó operaciones contra objetivos hutíes en Yemen.
Su valor estratégico la convirtió en pieza central para contener la influencia de rivales como China y, en su momento, la Unión Soviética. El aislamiento geográfico dificulta la vigilancia por parte de adversarios. Además, la base funciona como centro de inteligencia, reabastecimiento de submarinos nucleares y apoyo logístico para la Armada estadounidense.
Ese valor explica que el acuerdo de soberanía incluya una condición clave: el arrendamiento de la base por 99 años.
Un acuerdo bajo fuego
Tras años de litigios y presión diplomática de países africanos e India, el Gobierno británico anunció en octubre de 2024 que transferiría la soberanía de Chagos a Mauricio. Keir Starmer defendió el pacto al advertir que, sin él, la base operaba bajo una inseguridad jurídica que ponía en riesgo su continuidad.
El tratado establece que Reino Unido pagará a Mauricio una renta anual de 101 millones de libras, unos $136 millones, durante casi un siglo. A cambio, Mauricio podrá iniciar un programa de reasentamiento de los antiguos habitantes en otras islas del archipiélago. Diego García quedará excluida del retorno civil.
La administración de Joe Biden y aliados como Australia e India respaldaron inicialmente el acuerdo. Incluso el entorno de Trump mostró señales preliminares de apoyo a inicios de 2025, al considerarlo una fórmula para asegurar la base a largo plazo. Esa posición cambió de forma abrupta esta semana.
El giro de Trump sobre Chagos y el factor China
La reacción de Trump sacudió el tablero diplomático. El republicano acusó a Reino Unido de entregar territorio de "enorme importancia" sin obtener beneficios claros. También sugirió que potencias rivales, como China y Rusia, interpretan la decisión como una señal de debilidad.
En sectores conservadores británicos surgió una preocupación similar. Temen que Mauricio, ya como soberano, quede bajo la influencia de Pekín. Figuras como Nigel Farage, líder de Reform UK, y Kemi Badenoch, dirigente conservadora, calificaron la cesión como un acto de "autoboicot". A su juicio, el acuerdo abre la puerta a una mayor presencia china cerca de una base clave para Estados Unidos.
Trump vinculó además el caso de Chagos con sus aspiraciones sobre Groenlandia. Usó la cesión británica como argumento para insistir en que Washington debería adquirir la isla danesa por razones de seguridad nacional.
