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Abuelito de 83 años llegó a los Crestones del Chirripó: “Al cuerpo hay que exigirle”

Por Rebeca Ballestero | 29 de Mar. 2026 | 4:57 am

Abuelito de 83 años y vecino de Abangares llegó a los Crestones del Chirripó: "Al cuerpo hay que exigirle"

Subir hasta los Crestones del Chirripó puede fácilmente ser uno de los retos físicos más exigentes del país. Para Miguel Porras Villegas, vecino de Abangares, fue mucho más que eso: fue cumplir un sueño a los 83 años.

La travesía la realizó a finales de febrero de este año, acompañado por dos vecinos y amigos, Carlos Alberto Medina y Ericka Porras, una pareja con la que compartió cada paso de esta experiencia que define como tan dura como gratificante.

La jornada comenzó de madrugada, cuando el reloj marcaba las 3:00 a.m. Desde ese momento inició una caminata de más de 14 kilómetros en ascenso, en medio del frío, la oscuridad y el desgaste físico propio de una ruta que pone a prueba incluso a los más experimentados.

"Comenzamos a caminar a las 3 de la mañana y llegamos a las 4:00 de la tarde. Eso es algo muy duro", relató.

Tras 13 horas de esfuerzo, lograron llegar al albergue ubicado frente a los Crestones, lugar donde descansaron para recuperar fuerzas. Sin embargo, el reto no terminaba ahí.

Al día siguiente inició el descenso a las 8:30 a.m., en una jornada que también resultó exigente.

"Bajando venía feliz. El problema son las rodillas, que se le vuelven como de trapo a uno. Llega el momento en que uno tiene que parar".

Para don Miguel, alcanzar los Crestones no fue una decisión impulsiva, sino hacer realidad un sueño que llevaba años en su mente.

Su historia como senderista comenzó hace poco más de dos décadas, luego de pensionarse a los 62 años. Desde entonces, adoptó el hábito de caminar con disciplina, convirtiéndolo en parte esencial de su vida.

"A mí me gusta mucho caminar. Yo camino día por medio 7 kilómetros", comentó.

Esa constancia no solo le permitió alcanzar esta meta, sino también mantenerse en buen estado de salud. A sus 83 años, asegura no padecer enfermedades como colesterol alto, presión arterial elevada o diabetes.

"Yo pienso que el caminar es lo que me ha dado todas esas condiciones. Son fundamentales para la movilidad", afirmó.

Don Miguel comparte su vida con su esposa, de 76 años, y juntos han formado una familia con dos hijos y tres nietos, quienes ven en él un ejemplo de esfuerzo y perseverancia.

Más allá de su logro personal, también quiso enviar un mensaje claro a las nuevas generaciones, a quienes ve cada vez más alejadas de la actividad física.

"La juventud la atrapa el teléfono, son muy sedentarios, no caminan. Al cuerpo hay que exigirle, y bastante. El sedentarismo lo lleva a muchas enfermedades", advirtió.

Su historia no solo habla de una caminata, sino de disciplina, constancia y de la capacidad de seguir cumpliendo sueños sin importar la edad.

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