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Coligalleros extienden zona de explotación en Crucitas: crece contaminación y se dificultan patrullajes

Por José Adelio Murillo | 9 de Ene. 2026 | 2:34 am
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Los cientos de coligalleros que explotan ilegalmente oro en la frontera norte del país, en el distrito de Cutris de San Carlos, extendieron la influencia y ampliaron el territorio donde realizan actividades mineras.

Durante años, la actividad coligallera se concentró principalmente en el cerro La Fortuna, ubicado dentro de la finca privada Vivoyet, en la comunidad de Crucitas, debido a que allí se localiza la mayor cantidad de yacimientos comprobados del mineral.

Ahora, los oreros comenzaron a movilizarse hacia otros sectores y cerros para construir túneles, de donde extraen el material minero que, por lo general, trasladan en sacos para ser procesado en otras zonas, con el fin de depurar el metal dorado.

Eric Lacayo, viceministro de Unidades Regulares del Ministerio de Seguridad Pública —como la Fuerza Pública y la Policía de Fronteras—, a cargo de los patrullajes antimineros, explicó cómo ha evolucionado esta actividad ilegal.

"Hemos determinado un movimiento en diferentes zonas donde hay estudios y registros de yacimientos eventuales de oro.

Eso sí ha provocado que se dé una evolución en nuestra operación en Crucitas, que de por sí es una zona compleja para el traslado oportuno y rápido", indicó el jerarca.

El cerro La Fortuna es un sitio completamente montañoso, de difícil acceso, que no cuenta con caminos ni trochas internas, por lo que la mayoría de incursiones policiales se realizan a pie, en medio de barreales, charcos y grandes fosas.

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Esta condición complica la presencia de oficiales para controlar la actividad minera. No obstante, con el paso de los años, la zona había sido ampliamente mapeada.

La invasión de coligalleros hacia otros puntos vuelve a generar dificultades en áreas menos conocidas, lo que obliga a la Policía a modificar su modelo operativo y de patrullaje.

"El efecto es la transformación de una operación móvil y no tan estática como la teníamos en el cerro Fortuna, una vez que se lograron obstruir una cantidad importante de túneles que servían para la extracción de este material", indicó Lacayo.

Según el Ministerio de Seguridad Pública, en Crucitas se han derribado o colapsado alrededor de 104 túneles utilizados por estos sujetos. Inicialmente eran fosas verticales con varios metros de profundidad, pero ahora los construyen de forma horizontal, con extensiones de hasta 100 metros de largo.

En los últimos días, se han localizado 10 pilas de cianuro utilizadas para separar el oro del sedimento, cerca de 3.000 sacos de material minero y se ha detenido a varias personas.

Aunque vecinos y autoridades locales advierten un aumento en la cantidad de personas que incursionan en Crucitas para dedicarse a la minería ilegal, la Policía afirma que no cuenta con registros que confirmen un incremento en el número de coligalleros.

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Efectos del régimen de Nicaragua

En el cantón de San Carlos, particularmente en distritos como Cutris y Pocosol, operan actualmente entre 1.000 y 1.500 coligalleros, según cálculos independientes realizados en esas comunidades.

En su mayoría, los coligalleros se hospedan en cuarterías temporales que ellos mismos construyen o que grupos organizados facilitan a quienes se dedican a la extracción minera, según líderes comunales y vecinos.

Otra parte importante opta por permanecer dentro de la montaña, internándose en el cerro La Fortuna, donde se concentran los principales yacimientos de oro. De esta manera, pueden esconderse con mayor facilidad y trabajar durante la noche, cuando la presencia policial disminuye.

Existe una tercera porción de coligalleros que se moviliza a diario o con cierta frecuencia desde el otro lado del río San Juan, provenientes de Nicaragua. Cruzan en lanchas por diversos puntos fronterizos no autorizados e incursionan en suelo costarricense.

Esta situación se ha intensificado en los últimos meses debido a cambios en la explotación del metal precioso en el país vecino. En años anteriores, los coligalleros extraían oro libremente en la Reserva Biológica Indio Maíz, ubicada del lado nicaragüense de la frontera.

No obstante, el régimen de Nicaragua, presidido por Daniel Ortega y Rosario Murillo, ha entregado recursos mineros a empresas chinas. En los últimos dos años, la firma Zhong Fu Development S. A. recibió concesiones por más de 2.312 kilómetros cuadrados.

De acuerdo con la organización ambientalista Fundación del Río, esa concesión, junto con otras tres otorgadas a compañías chinas, fue autorizada dentro de la Reserva de Biosfera del Río San Juan, que incluye áreas protegidas como la Reserva Indio Maíz y el Refugio de Vida Silvestre Los Guatuzos, en la frontera con Costa Rica.

Este cambio de paradigma ha generado un éxodo de coligalleros que buscan operar fuera de Indio Maíz y se dirigen a territorio nacional, especialmente a Crucitas, donde la actividad presenta menores controles y pueden mantener su denominada "fiebre del oro".

Informantes de la zona, que solicitaron anonimato por razones de seguridad, han relatado a CR Hoy que el impacto ambiental actual no tiene precedentes en comparación con las dos décadas anteriores desde que se reporta la presencia de coligalleros en Crucitas.

La principal preocupación radica en el cambio de método de operación. Ahora se ha comenzado a utilizar cianuro, un conjunto de compuestos químicos altamente tóxicos que representan un grave riesgo ambiental, al contaminar suelos y aguas subterráneas y superficiales.

Anteriormente, quienes se dedicaban a la minería ilegal utilizaban mercurio, un metal pesado tóxico y líquido, empleado para recuperar el oro al adherirse a este y formar una amalgama, que luego se calienta para evaporar el mercurio y dejar el oro en forma de "esponja".

Aunque el mercurio persiste en el ambiente y genera contaminación a largo plazo, el cianuro actúa con rapidez: en minutos bloquea la respiración celular y deja pocas posibilidades de sobrevivir. Su amenaza es inmediata y letal, mucho más agresiva que los daños silenciosos del mercurio.

Tradicionalmente, en la extracción del lado nicaragüense se utilizaba más el cianuro; sin embargo, ahora su uso se ha intensificado en suelo costarricense, incluso mediante pilas artesanales.

Otra variación es que los coligalleros ya no procesan el sedimento rico en oro dentro del cerro. En su lugar, lo extraen y trasladan a cuarterías o viviendas, donde lo cargan en vehículos y esperan el momento oportuno para evadir a la Policía.

La contaminación ha empeorado de forma progresiva. En una etapa inicial, los materiales se lavaban en Crucitas, concentrando el impacto ambiental en un solo punto, principalmente en humedales y quebradas dentro de la finca Vivoyet.

Ahora, la modalidad consiste en cavar túneles a profundidades de entre 30 y 40 metros, algunos con extensiones de hasta 100 o 150 metros bajo tierra, y trasladar el material a otros sitios para su procesamiento en tómbolas.

Entre las zonas donde actualmente se mezcla el sedimento con mercurio o cianuro —y donde el foco de contaminación se ha extendido— figuran Coopevega y otros sectores del distrito de Cutris, así como áreas de Pocosol de San Carlos y del cantón de Los Chiles, donde se presume que operan entre 150 y 200 tómbolas.

Además, el material minero puede llegar hasta Abangares, en Guanacaste, donde la minería es más prolífica y en cuyas tómbolas se procesa material proveniente del norte del país.

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