Crimen organizado usa trasiego de fauna y flora para diversificar ganancias

Lo que antes era una actividad delictiva menor, hoy se ha consolidado como una de las principales fuentes de financiamiento para las mafias organizadas: bandas dedicadas tradicionalmente al narcotráfico, el tráfico de armas o el contrabando están incursionando con fuerza en el tráfico de vida silvestre.

Este fenómeno no solo destruye ecosistemas, sino que también aprovecha las debilidades legales para generar miles de millones de dólares con un riesgo penal sumamente bajo.

Para las grandes organizaciones criminales, la incursión en el trasiego de fauna y flora responde a una lógica de diversificación de riesgos, maximización de ganancias y apertura de nuevas vías para legitimar capitales provenientes del narcotráfico.

A esto se suma otros delitos ambientes, como la minería ilegal y la extracción de maderas preciosas.

Además, recursos menos llamativos, pero de altísimo valor en los mercados internacionales, como el buche de pescado, muy cotizado en Asia, se han convertido en objetivo de estas redes criminales.

El oro obtenido de la minería ilegal, por ejemplo, es un recurso altamente codiciado por los líderes criminales debido a la facilidad con la que puede legitimarse e introducirse en la economía formal. La adquisición de tierras y fincas para desarrollar estas actividades altera las economías locales, al punto de que poblaciones enteras terminan dependiendo de actividades ilícitas.

Rutas y poder

Una de las principales razones que facilitan esta diversificación es el aprovechamiento de la infraestructura y la logística ya existentes.

Cuando una organización criminal logra consolidar una ruta segura y efectiva para el trasiego de cocaína, cigarrillos de contrabando u otras drogas, ese mismo corredor se convierte en un canal para el contrabando de armas, dinero en efectivo, madera y especies silvestres.

Aunque ocultar fauna silvestre, especialmente especímenes vivos, presenta desafíos muy distintos a los de esconder un cargamento de droga, las bandas prefieren asumir ese reto antes que abrir nuevas rutas, pues ya cuentan con los contactos, los transportistas y los puntos de control vulnerados.

"Cuando una ruta es efectiva para el trasiego de drogas, igual la convierten en efectiva para el trasiego de armas, igual para el trasiego de dinero, igual para el trasiego de vida silvestre. Esas son rutas que ya están abiertas, que ya han sido probadas, que funcionan", explicó el subdirector del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), Vladimir Muñoz.

Más allá del evidente beneficio económico, la posesión de fauna silvestre y de piezas exóticas cumple una función de poder dentro de las cúpulas del narcotráfico: simboliza estatus. Al igual que las cadenas de oro, exhibir animales exóticos o partes de ellos en las propiedades refleja poder, control y fortaleza.

En operativos policiales se ha vuelto común el hallazgo de felinos vivos, aves protegidas o pieles de jaguar en las viviendas de líderes criminales.

La fascinación por lo exótico también se traduce en encargos extravagantes, como armas de fuego decoradas con elementos de la naturaleza o la importación de especies no autóctonas para zoológicos privados, emulando el histórico caso de Pablo Escobar y sus hipopótamos en Colombia.

En Costa Rica, por ejemplo, las sanciones por delitos contra la vida silvestre no superan los cuatro años de prisión, lo que impide catalogarlos como crimen organizado o aplicar medidas cautelares más severas, como la prisión preventiva.

A ello se suma una profunda carencia de recursos humanos y materiales en instituciones como el OIJ y el Ministerio Público.

Las fiscalías ambientales operan con personal mínimo para cubrir amplios territorios e, incluso, carecen de asistentes técnicos para las labores administrativas, mientras que las secciones policiales especializadas apenas cuentan con un reducido grupo de investigadores para atender zonas críticas.

"Hemos detectado cierta relación de mutualismo entre organizaciones dedicadas al narcotráfico y estructuras que se dedican al tráfico de vida silvestre y, en general, a los delitos ambientales. Las penas no permiten la declaratoria de crimen organizado porque, por ejemplo, en vida silvestre no superan los cuatro años", explicó Luis Diego Hernández, fiscal adjunto ambiental.

Esta asimetría operativa genera un escenario de impunidad que resulta sumamente atractivo para las organizaciones criminales.

Fenómeno global

A nivel internacional, los delitos ambientales se ubican entre el tercer y el cuarto mercado ilícito más grande del mundo, solo por detrás del narcotráfico, la falsificación y, según algunos análisis, la trata de personas, explicó John Vargas, jefe de la Sección de Biología Forense del OIJ.

"El vínculo nosotros lo hemos visto, está absolutamente documentado… Crimen organizado y terrorismo: el origen de sus fondos viene en un 38% de los delitos ambientales, superando a las extorsiones y la droga incluso, que creo que está con 26 o 27%. O sea, son cifras que la gente no se imagina…"

Según estimaciones de organismos como el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), INTERPOL y el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), estos delitos generan ganancias anuales que oscilan entre los $110.000 millones y los $281.000 millones. Reportes más recientes de organizaciones como WWF elevan esa cifra a un rango de entre $275.000 millones y $481.000 millones.

Lejos de ser un problema aislado, la explotación ilícita de recursos naturales se ha convertido en una importante fuente de financiamiento para mafias internacionales y grupos terroristas.

Datos de INTERPOL señalan que el 38% de los ingresos de estas organizaciones proviene de crímenes ambientales, superando al tráfico de drogas (27%) y a las extorsiones y robos (26%).

Ante esta amenaza global, la Asamblea General de las Naciones Unidas ha instado reiteradamente a los Estados miembros a reformar sus legislaciones para que el tráfico ilícito de fauna y flora silvestres sea considerado un delito determinante para perseguir el lavado de activos.

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