Denuncias por violencia sexual infantil enfrentan carrera contra la prescripción

9 de Sep. 2026 | 3:01 am

Una niña de 8 años es víctima de abuso sexual por parte de su papá. Su profesora detecta señales de alerta y, como corresponde, denuncia lo ocurrido.

La denuncia queda presentada, pero la niña no habla. Tiene miedo, no está preparada para contar lo ocurrido y quizá ni siquiera comprende que fue víctima de violencia sexual.

Desde ese momento, el caso comienza a correr contra el tiempo de la prescripción, según explicó la abogada especializada en violencia sexual Amanda Segura .

La Ley de Derecho al Tiempo, aprobada en 2019, establece que las víctimas de violencia sexual sufrida durante la infancia tienen 25 años, a partir de los 18, para denunciar. Sin embargo, contempla una excepción cuando la denuncia ya se inició durante la niñez.

De acuerdo con Segura, en esos casos, aplican los plazos ordinarios de prescripción, que pueden ir de 3 a 10 años, dependiendo del delito. Esto significa que una denuncia presentada cuando la víctima tenía 8 años podría prescribir antes de que llegue a la mayoría de edad.

El problema, según la abogada, es que si la denuncia no logra reunir pruebas suficientes porque la niña no puede o no quiere hablar, el proceso puede quedar sin resultados. Con ello, también podría cerrarse la posibilidad de que esa víctima pueda contar lo ocurrido años después, cuando tenga las herramientas para hacerlo.

Segura considera que este es uno de los vacíos que deberían revisarse. A su criterio, los plazos para perseguir estos delitos deberían tomar en cuenta que una víctima puede necesitar años antes de estar preparada para hablar.

Su propuesta es que el plazo comience cuando la víctima cumple 18 años, aunque alguien haya denunciado los hechos durante su infancia.

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El silencio también puede ser una respuesta al trauma

Esperar que un niño revele de inmediato una agresión sexual desconoce, según especialistas, las respuestas que puede provocar el trauma.

El miedo, la vergüenza y la confusión son frecuentes después de una agresión sexual, explica Dyalá Castro, psicóloga clínica con más de 25 años de experiencia en el trabajo con niños y adolescentes sobrevivientes de violencia.

"Una de las estrategias de supervivencia ante el abuso más frecuentes es guardar silencio", señaló Castro.

Ese silencio puede durar meses o años.

Los niños dependen de los adultos para sentirse protegidos. Cuando precisamente una de esas personas se convierte en una fuente de miedo o daño, se rompe esa sensación de seguridad.

La situación puede ser todavía más compleja cuando el agresor es alguien cercano: un padre, un abuelo, un tío o cualquier otra persona en quien el niño confiaba.

En estos casos puede aparecer lo que se conoce como trauma por traición, la persona de quien dependía para recibir protección y afecto se convierte en quien le provoca miedo y sufrimiento.

Además, denunciar puede significar alterar por completo la dinámica familiar. La víctima puede sentir que está poniendo en riesgo a su familia, que será culpada por lo ocurrido o que provocará la ruptura de relaciones importantes.

Castro explica que, frente a experiencias extremadamente dolorosas, también pueden aparecer mecanismos psicológicos de protección. Los recuerdos pueden ser vagos o fragmentados y, en algunos casos, parte de lo ocurrido puede no recordarse conscientemente.

Años después, una situación puede activar esos recuerdos.

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Anthony Venegas, coordinador de Voces Libres, activista y sobreviviente de abuso sexual durante la infancia, conoce lo que significa necesitar años antes de estar preparado para denunciar.

En su caso, el agresor fue un sacerdote de la Iglesia Católica. Denunciar significaba enfrentarse no solo a quien lo agredió, sino también a una institución poderosa y a una sociedad que podía juzgarlo.

A esto se suma la revictimización que, según Venegas, enfrentan muchas personas durante los procesos de denuncia. Deben contar lo ocurrido ante distintas instituciones y repetir una y otra vez detalles de la violencia.

También cuestiona una reacción frecuente de la sociedad: preguntar a la víctima por qué no se defendió, por qué no habló o por qué no enfrentó al agresor.

Para Venegas, esas preguntas desconocen que el abuso sexual también implica un ejercicio de poder y control.

Considera necesario capacitar a jueces, fiscales, abogados, psicólogos y demás profesionales que tienen contacto con niños para que comprendan cómo el abuso sexual puede afectar su comportamiento, su desarrollo y su capacidad para revelar lo ocurrido.

Prevenir antes de que ocurra el daño

El problema no comienza cuando una víctima llega a denunciar. Para los entrevistados, la protección debe empezar mucho antes.

Durante 2024, el Ministerio Público identificó a 42.057 niños, niñas y adolescentes como supuestas víctimas de delitos sexuales.

En 2025, el PANI recibió 96.694 denuncias por posibles violaciones de derechos de personas menores de edad. De ellas, la violencia sexual representó el 5% de los motivos de atención.

Ante esta realidad, los especialistas consideran que la prevención debe comenzar antes de que ocurra el daño, mediante educación y sensibilización dirigidas a familias, docentes, profesionales de la salud y otras personas cercanas a la niñez.

También destacan la importancia de brindar educación sexual a niños, niñas y adolescentes para que puedan reconocer situaciones de violencia, entender que no son responsables de lo ocurrido y saber cómo pedir ayuda.