Diputados se reparten culpas por parálisis en el plenario
Algunos señalan a jefes de fracción; otros a presidente legislativo

Los acuerdos se intentan construir en el mismo salón de sesiones, como sucedió el jueves. Pocas veces se llega a algo. (CRH).
Si el Congreso sigue la ruta que lleva, pronto no habrá acuerdo ni para un minuto de silencio, bromea uno que otro diputado.
El comentario, aunque por supuesto es mera ironía, refleja la frustración por la notoria parálisis del plenario legislativo. Casi nada camina ni para adelante, ni para atrás, ni para ningún lado.
Las fracciones parlamentarias cumplen 7 semanas de intentar llegar a lo más elemental para arrancar: una agenda de proyectos de ley de consenso para que el plenario los discuta y, si se puede, los apruebe.
Sin embargo, a las puertas del último mes de las sesiones ordinarias, eso no ha dejado de ser simplemente un anhelo.
La sesión del jueves anterior retrató de pies a cabeza lo que tiene semanas de estar sucediendo. Reuniones estériles entre jefes de bancadas y el presidente del Congreso, Gonzalo Ramírez, acuerdos a punto de amarrarse que finalmente se caen en el plenario, ausentismo, dificultades para sesionar, desinterés y reclamos a manos llenas.
Nadie asume la responsabilidad. Más bien todos reparten culpas entre sí.
Sin conducción
Congresistas de partidos rivales, como Liberación Nacional (PLN) y Acción Ciudadana (PAC), apuntan a los nuevos jefes de fracción y al presidente legislativo.
No se atreven a calificar sus liderazgos, pero no titubean en señalarlos.
"Eso tiene un nombre. Se llama falta de concretar y no se concreta cuando el liderazgo no está siendo lo suficientemente fuerte. No estoy hablando solamente del presidente. Estoy hablando de los jefes de fracción", declaró el liberacionista Juan Marín.
Dijo que se toman decisiones, pero los acuerdos se quiebran después porque "hay muchos asesores metiendo manos".
Aunque se niegue, hay de por medio un tema de liderazgos, algo que Marín describe de esta forma: "Nadie influye en nadie".
"No tenemos la cohesión, la firmeza y el liderazgo que se requiere para que avancemos con una agenda legislativa", concluyó.
Una lectura muy similar hace Franklin Corella, del PAC.
"Hay un problema de decisión política y eso pasa por los que tienen la responsabilidad, que son los jefes de fracción y el presidente del Directorio", puntualizó.
No tardó mucho en reconocer que algo sucede con los jefes de bancada. "Se reúnen los jueves y luego pareciera que no tienen la validez por parte de la fracción".
Nada pasa, nada se logra amarrar. "Las reuniones de jefes de fracción con el Directorio no están conduciendo a ningún acuerdo", reconoce Mario Redondo, legislador de Alianza Demócrata Cristiana (ADC).
Su incomodidad llegó al punto de confesar: "Yo les decía hoy (jueves) que a mí ya hasta me da pereza llegar a las reuniones de jefes de fracción. Se habla mucho y se acuerda muy poco".
Divisiones y ausencias
Gonzalo Ramírez, presidente del Primer Poder de la República, con casi dos meses en ese cargo, sabe que las miradas están puestas sobre él.
No admite dificultades de su parte para conducir la Asamblea Legislativa. Sostiene que las fracciones no están respaldando lo suficiente a sus jefes y que el inusual ausentismo de las últimas semanas tiene amarrado el accionar del plenario.
"Los voceros tienen que tener más respaldo de sus fracciones y las fracciones no están respaldando lo suficiente a sus voceros. No podría juzgar que sea falta de liderazgo", aseguró.
Sesionar con el quórum mínimo (38 diputados), como se está volviendo costumbre, es un problema. Por un lado, expone a constantes rupturas del quórum y, por otro, dificulta o impide que la agenda camine, aunque sea por medio de alteraciones del orden del día o de posposición de proyectos.
Para cualquiera de esos dos escenarios, se requiere un mínimo de 38 votos que muchas veces hay que arañarlos.
"Para hacer una posposición o hacer un cambio en la agenda, necesitamos 38 votos. Si sólo hay 38 personas y al menos una no está de acuerdo, entonces no se puede", insistió Ramírez.
Tirarse la bola
Se consultó a cuatro jefes de fracción y al menos en sus respuestas sí hubo acuerdo. Dijeron sentirse respaldados en sus decisiones por sus bancadas y le tiraron la bola a otras agrupaciones.
Karla Prendas, del PLN, señaló problemas a lo interno de las bancadas del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) y del Frente Amplio.
Javier Cambronero, del PAC, además de mencionar al PUSC y al Frente Amplio, incluyó al PLN en la lista de agrupaciones en las que los acuerdos se quiebran a lo interno.
Francisco Camacho, del Frente Amplio, dijo que las divisiones afectan a todas las fracciones y William Alvarado, del PUSC, volvió sus ojos al denominado "G4", un grupo de legisladores que se conformó para la elección del 1 de mayo, integrado por Ligia Fallas y Jorge Arguedas, del Frente Amplio, y los independientes Carmen Quesada y Carlos Hernández.
Fallas la emprendió contra todos sus compañeros. "Todas las personas que están en el plenario están por un interés mezquino, individual, personal o partidario. Todos tratan de jalar agua para sus molinos", sentenció.
Los reclamos entre unos y otros son innumerables. No hay orden. Corella dice "estamos en un caos de dirección política". Marín habla de que "cada jefe controle a su tropa".
El sentimiento generalizado es que no se va para ningún lado.



