Fundación busca rescatar del crimen a menores que viven en María Reina

Fundación Bandera Blanca busca rescatar a menores vulnerables de las drogas y la delincuencia

Laura Torres tuvo que huir de su casa a los 13 años porque sufría acoso de su padrastro. Esto la llevó a la calle, se convirtió en consumidora y vendedora de droga en Cristo Rey de San José. Hoy, a sus 33 años, salió adelante, tiene un trabajo estable y no quiere que sus hijos repitan su historia.

Torres logró salir adelante gracias al trabajo de la Fundación Bandera Blanca, ubicada en la zona de Reina de los Ángeles de Hatillo, que se dedica a trabajar con familias y menores que viven en zonas golpeadas por el crimen organizado.

El OIJ sostiene que en María Reina existe un mercado de ocho cuadras dedicado a la producción de droga y narcomenudeo. Toda la zona está tomada por el crimen, lo que ha encerrado a las familias en una zona de alto riesgo social.

Un espacio seguro para menores vulnerables

La Fundación Bandera Blanca nació formalmente en 2008, aunque desde el año 2000 un grupo de mujeres ya realizaba labores sociales y visitas a cárceles y hospitales.

La directora de la organización, Berlín Castro, explicó que la iniciativa comenzó como una labor comunitaria impulsada por su madre.

"Mi mamá empezó visitando cárceles y ayudando a niños que estaban ahí con sus madres. Veíamos que no tenían pañales, leche ni ropa. Ahí nació la idea de crear la Fundación Bandera Blanca", recordó.

Con el paso de los años, la fundación amplió sus programas hasta convertirse en un centro de atención integral para niños, adolescentes y madres en condición vulnerable.

Actualmente atienden a 167 niños, 30 adolescentes y 80 madres de familia.

"No atendemos más porque el espacio no da", reconoció Castro.

"Están a un paso de la delincuencia"

Castro aseguró que muchos de los menores que atienden viven en comunidades donde el narcotráfico y la violencia forman parte de la realidad cotidiana.

"Están a un paso de la delincuencia. El papá puede ser el habitante de calle que duerme en la acera o en la esquina donde venden droga", afirmó.

La fundación trabaja con menores desde los cero años hasta los 18 años mediante programas diurnos y nocturnos.

Además de alimentación y apoyo académico, ofrecen acompañamiento psicológico, trabajo social y apoyo a madres de familia.

"Hay niños cuya mamá tiene que salir a trabajar y no tiene quién los cuide. Nosotros les ayudamos con tareas, los recogemos de la escuela y hasta los llevamos a citas médicas", indicó Castro.

Los menores reciben desayuno, meriendas, almuerzo y cena dentro del programa.

La organización también cuenta con programas avalados por el Instituto sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA), así como talleres de emprendimiento y costura para madres.

La fundación financia sus operaciones mediante tres tiendas de ropa usada, donde todas las prendas son donadas.

"Las tiendas se llaman 'El Garage' y están ubicadas en Hatillo, Barrio La Cruz y Desamparados".

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Los costarricenses pueden colaborar mediante la donación de ropa usada, lo que permite financiar el proyecto. Además, la fundación recibe donaciones de mobiliario por parte de empresas, así como apoyo de voluntarios y profesionales que deseen aportar sus servicios.

Quienes deseen ayudar a la fundación también pueden hacerlo a través del Sinpe Móvil 8856-7474.

La vida después de la calle

Laura relató que su vida cambió completamente desde que decidió salir de las calles hace seis años, motivada principalmente por sus hijos.

Según recordó, abandonó su hogar siendo una niña porque su madre no le creyó cuando denunció los abusos de su padrastro.

"Si yo no hubiera huido, él me hubiera violado. Él llegó a tocarme, se desnudaba frente a mí y se tocaba delante mío. Yo sentía muchísimo miedo y mi mamá nunca me creyó", relató.

Sin tener dónde dormir, terminó viviendo en las calles de San José.

"A los 15 años conocí a un traficante en Cristo Rey, él venia saliendo de la cárcel. Yo fui como el 'platillo fuerte' para él. No tenía casa ni dónde dormir y él me abrió las puertas. Era la única opción. O duerme ahí o duerme en la calle. Llegué a vender droga en búnkeres, en las gradas de Cristo Rey".

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"La fundación nos ayudó"

Luego de años de violencia y sufrimiento, Laura decidió buscar ayuda para salir adelante junto a sus hijos.

Fue entonces cuando llegó a la Fundación donde actualmente sus hijos reciben apoyo y ella trabaja desde hace año y medio.

"Ellos ayudan muchísimo. Me dieron trabajo y además ayudan a mis hijos con alimentación y educación", comentó.

La mujer aseguró que uno de sus principales objetivos es evitar que sus hijos crezcan rodeados de criminalidad.

"En la comunidad donde vivimos hay muchas bandas criminales y lo que yo quiero es que ellos se mantengan alejados de ese mundo", afirmó.

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