Juan Carlos Hidalgo: “El gobierno representa una amenaza para la democracia”

El presidente del PUSC plantea crear un nuevo partido de centro y centroderecha para enfrentar al oficialismo en 2030 y dice estar dispuesto a sacrificar las siglas socialcristianas y hasta su propia candidatura presidencial

26 de Ago. 2026 | 3:02 am

Juan Carlos Hidalgo, presidente del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), considera que Costa Rica enfrenta una amenaza de "deterioro democrático" bajo el Gobierno de Laura Fernández y sostiene que el oficialismo sigue un "libreto" de populismo autoritario que ya se ha visto en otros países.

Frente a ese escenario, plantea una respuesta que también supone romper con el pasado: impulsar la creación de un nuevo partido que aglutine al centro y la centroderecha, incluso si eso significa dejar atrás las siglas del PUSC y renunciar a una eventual candidatura presidencial en 2030.

Este es un extracto de la entrevista que Hidalgo concedió a este medio.

-Usted dijo que "las siglas son un instrumento, no un objetivo". ¿Está dispuesto a que el PUSC desaparezca si esa es la condición para construir una nueva fuerza de centro y centroderecha?

Hay que entender que la política cambió, el país cambió, las circunstancias han cambiado y, por lo tanto, tenemos que adaptarnos a estos cambios.

No podemos seguir aferrándonos al pasado.

Obviamente, el PUSC es un partido que le ha dado muchísimo a Costa Rica, pero tenemos que recordar que el partido nace de una fusión, precisamente, de partidos, de fuerzas políticas, mayormente de oposición a Liberación Nacional en ese entonces, en 1983, que llegaron a la conclusión de que unidos iban a hacer una fuerza más formidable en la política nacional y, efectivamente, así lo fueron.

Desde luego, en los años 90 y 2000 ganamos —el PUSC— cuatro de tres elecciones consecutivas.

Entonces, yo creo que ahora, con las circunstancias que está viviendo el país, efectivamente tenemos que trascender estos colores, tenemos que trascender estas siglas y plantearnos la constitución de un nuevo proyecto político en Costa Rica, un proyecto político que aglutine al centro y a la centroderecha con un mensaje reformista, un mensaje de cambio, reconociendo que la institucionalidad costarricense nos está fallando a los costarricenses, pero todo esto en un marco de cambio dentro de la democracia, que es lo que nos diferencia de una manera radical del oficialismo.

Nosotros creemos que el centro lo que ofrece es reforma, no ruptura, y eso es lo que queremos plantearle a los costarricenses.

-¿Entonces usted está planteando que el PUSC podría dejar de existir?

Lo que estamos planteando es la creación de un nuevo proyecto político, donde, por supuesto, los socialcristianos estaremos presentes, seremos parte, pero también que aglutine a otra gente que se identifique con estas propuestas y con estos principios.

No es hacer un arroz con mango, no es hacer una unión de fuerzas políticas simplemente por la búsqueda de poder.

Es crear un movimiento político, un proyecto político coherente, reformista, moderno y apegado a los principios democráticos que nos han caracterizado como país.

-¿Con qué partidos o figuras concretas piensa iniciar conversaciones? ¿Hay agrupaciones con las que definitivamente no negociaría?

Nosotros creemos que este proyecto político tiene que ser un proyecto político coherente desde el punto de vista ideológico.

Obviamente, las circunstancias en las que vive el país nos han llevado a cerrar filas con otros partidos políticos en ciertos temas, en donde no coincidimos en muchos otros temas desde un punto de vista ideológico.

Pero para ofrecer un proyecto político nuevo a los costarricenses de cara al 2030, creo que sí tenemos que sentarnos con aquellos que abrazan los principios en los que nosotros creemos, como la dignidad del ser humano, por supuesto, que el poner a las personas en el centro de la acción política, lo cual nos distancia de todos aquellos partidos políticos que son más estatistas, que ponen a las instituciones del Estado antes que a las personas.

Nosotros no somos un partido estatista, buscaremos partidos que creen en los principios de la economía social de mercado, partidos que creen en el principio de subsidiariedad, que es un principio nuestro que dice que el Estado debe intervenir únicamente en aquellas situaciones en donde el sector privado no lo hace bien o no se mete del todo.

En fin, nosotros tenemos una carta ideológica que es bastante robusta.

Obviamente, no estamos pidiendo que otros partidos adopten nuestra carta ideológica, pero hay muchos puntos de coincidencia con otras fuerzas políticas allá afuera, en donde nosotros podemos construir este movimiento, sabiendo nuevamente que las circunstancias que vive el país nos llaman a tomar estas decisiones.

-¿Puede darme nombres?

No quiero prejuzgar los nombres de los partidos políticos, pero vamos a empezar a tener esos contactos prontamente con el fin de buscar esos encuentros.

Tenemos que ser claros también y yo creo que no es ningún secreto que hay una ausencia en el centro del debate político en este momento.

Se ha polarizado la discusión en Costa Rica y el problema es que, cuando se polariza la discusión, la gente empieza a votar en contra de y nunca a favor de.

Entonces, usted oye al oficialismo y dice: "Es que nosotros estamos en contra del comunismo". Y usted oye a la gente de oposición más tirada a la izquierda diciendo: "Nosotros estamos en contra del fascismo que representa el chavismo".

Pero nunca hay una propuesta país.

Yo creo que ahí es donde el centro político debe tener una presencia importante y ese vacío es el que queremos llenar, no presentándonos como anti algo, sino por algo: un cambio dentro de la democracia.

-¿Qué tendría que ocurrir para que una negociación termine en una fusión y no simplemente en una coalición electoral?

Nosotros vamos a ir por la fusión, es decir, por la creación de un nuevo proyecto político.

Obviamente, existe la figura de la coalición, se ha intentado en años pasados. En 1978 y en 1982 nosotros fuimos como coalición, la Coalición Unidad.

Pero la coalición siempre tiene bases más endebles que crear un nuevo partido político o crear un nuevo proyecto político.

Nosotros creemos que los tiempos requieren un movimiento contundente hacia presentar esta nueva oferta.

-Usted habla de una alternativa más amplia que el PUSC. ¿Eso implica también estar dispuesto a ceder candidaturas, puestos y protagonismo del PUSC —e incluso el suyo— para construir ese proyecto?

Por supuesto.

Yo dije el domingo: quienes estén pensando en candidaturas individuales o en protagonismos individuales no entendieron para nada el mensaje que los costarricenses nos mandaron el 1 de febrero.

Creo que tenemos que estar claros de las circunstancias que vive el país y esto que estamos queriendo construir trasciende a los socialcristianos.

Obviamente, los socialcristianos queremos ser actores protagónicos dentro de este nuevo proyecto político, pero no seremos los únicos y ya eso implica abrir las puertas de par en par para que otra gente pueda asumir candidaturas, liderazgos y, en buena hora, que así sea.

-¿Eso significa que usted estaría dispuesto a no ser candidato?

Totalmente.

Yo lo dije de una manera sin ambages: yo no estoy en esto porque estoy pensando en una candidatura para el 2030, en lo absoluto.

Eso sería no entender lo que pasó.

Eso sería ser muy irresponsable e incoherente con lo que estamos planteando.

Mi misión en este momento es ser un facilitador y un constructor para crear esta nueva alternativa política para los costarricenses.

-¿Está pensando en una candidatura presidencial única para 2030? Y si es así, ¿Cómo debería escogerse a esa persona?

Ya llegaremos a ese momento.

Pero, nuevamente, ya si logramos el objetivo de una fusión partidaria y la creación de un nuevo partido político, ya habrá mecanismos internos para escoger esa candidatura presidencial.

Pero aquí no es una cuestión de quién va a ser el candidato.

Se trata de qué mensaje le vamos a llevar a los costarricenses.

No podemos permitir que la discusión política en Costa Rica sea una discusión donde el chavismo sea el que se presente como el agente de cambio y la oposición se presente como obstaculizadora, porque eso es lo que los chavistas quieren presentarnos, o como defensores de un statu quo, un statu quo que, si vemos las encuestas, es evidente que los costarricenses sienten que no les está funcionando.

Entonces, tiene que haber una alternativa.

No podemos permitir que la discusión se polarice de esta manera y se vuelva maniquea.

Sí queremos un cambio, sí queremos propuestas serias en esa dirección, pero todo, nuevamente, sin una ruptura del ordenamiento democrático, que estoy clarísimo que es lo que busca el oficialismo.

-Usted habló de una "amenaza real de deterioro democrático y concentración inédita de poder". ¿Está diciendo que el Gobierno de Laura Fernández representa una amenaza para la democracia? ¿Qué acciones concretas sustentan esa afirmación?

El Gobierno que lleva el nombre de Laura Fernández sí representa una amenaza para la democracia.

Yo este libreto ya lo he visto.

Yo, cuando me vine de Washington a meterme en política, siempre insistí en que una de las cosas que yo quería aportarle a la política nacional era una visión un poco más amplia, un poco más de mundo, porque muchas veces aquí nos desgastamos viéndonos al ombligo y creyendo que los problemas que ocurren en Costa Rica, los fenómenos que ocurren en Costa Rica, son únicos de nuestro país.

Pero ya han ocurrido esto en otras partes. Esto que está pasando aquí en el país y lo que ha hecho en estos tres meses el Gobierno que lleva el nombre de Laura Fernández es, para mí, una repetición al dedillo del libreto del populismo autoritario que hemos visto en otros países.

Lo hemos visto en Venezuela, con Hugo Chávez; lo vimos con Rafael Correa en Ecuador; lo hemos visto con Nayib Bukele en El Salvador.

Obviamente, con ciertas diferencias y ciertos matices, pero la intención siempre es la misma: la captura de las instituciones, el avasallamiento de la oposición, el silenciamiento de cualquier disidencia.

Ahí están las señales y, entonces, no me queda la menor duda de cuáles son las intenciones que tiene el oficialismo y por eso es por lo que yo siento que hay que tener un sentido de alarma, pero propósito para resistir lo que ellos quieren hacer con el país.

-Usted también dijo que el chavismo responde a "frustraciones legítimas" de los ciudadanos. ¿Qué hicieron mal el PUSC y los demás partidos tradicionales para permitir que ese descontento fuera capitalizado por el oficialismo?

Siento que la institucionalidad estatal se volvió muy ineficiente, se volvió muy ensimismada, se crearon muchos privilegios odiosos dentro del sistema, pensiones de lujo, alquileres de lujo, derechos adquiridos, etcétera, que crearon prácticamente la sensación de que existía un Estado que protegía una casta, una casta burocrática, una casta de empresarios que hacen negocios con el Estado y demás.

Yo siempre insistí, como analista de políticas públicas, que cuando uno hacía análisis de Costa Rica, esto era como ver un vaso mitad vacío, mitad lleno.

Por un lado, uno puede ver un país que era y que sigue siendo una de las 20 democracias más sólidas del planeta, y esto lo dicen organismos internacionales, pero, por otra parte, con muy serias deficiencias.

Pues bueno, el populismo necesita combustible. El populismo no es un incendio forestal que arranca de la nada. Y en este caso, claramente ha habido un malestar generalizado de la población que se ha venido construyendo por años.

Ya veíamos que la veíamos pegando en el marco en varias elecciones, vimos el fenómeno de José María Villalta en el 2014, lo vimos con Juan Diego Castro en el 2018 y ya metieron el gol.

Esto sigue siendo un fenómeno muy popular que no podemos negarlo.

Por eso es por lo que no podemos presentarnos como defensores de ese statu quo fallido, de esa institucionalidad que no le está respondiendo a los costarricenses.

El defender la democracia no significa defender todo como está. Pero ahí yace el gran peligro que tiene en este momento Costa Rica, que quienes han levantado la bandera por el cambio son gente que lo que quiere es arrasar con las instituciones, arrasar con los pesos y contrapesos y arrasar con los principios más básicos de una democracia.

-¿Qué tendría que ofrecer esta nueva fuerza al ciudadano que hoy vota por el oficialismo porque considera que los partidos tradicionales fracasaron?

Soluciones claras, contundentes y que sean fácilmente entendibles por la gente.

Decir cómo vamos a solucionar las cosas.

El problema es, obviamente, cuando hay un alto nivel de enojo y cabreo en la población, la gente lo que más quiere es venganza y no soluciones.

Yo lo decía en la campaña: ¿Qué es lo que queremos los costarricenses? ¿Venganza o soluciones? Bueno, me sorprendí muy negativamente de ver que mucha gente, cuando yo les hacía esa pregunta, me decía: "Queremos venganza", o decía que queremos ambas, pero sabemos que no es posible para un Gobierno dar soluciones y traer venganza al mismo tiempo, se tiene que enfocar en uno de las dos y usualmente se enfocan en la venganza primero.

Entonces, es un trabajo muy complicado, lo que está por delante para lo que estamos planteando, lo tenemos claro, pero tenemos que hacerlo.

No hacerlo no es una solución y vamos a construir este proyecto de una manera seria, de una manera responsable, y partiendo de que necesitamos esas soluciones para que eventualmente los costarricenses lo apoyen.

-Cuando habla de centro y centroderecha, ¿qué diferencias ideológicas tendría ese nuevo proyecto con el PUSC actual y con otras fuerzas de derecha? ¿Qué principios serían irrenunciables?

Nosotros somos un partido político de centroderecha.

Entonces, nuevamente, estamos dentro de esa sombrilla.

Pero reconocemos que hay otras fuerzas políticas que están también dentro de la sombrilla, pero no están en la misma casa.

Lo que queremos entonces es aglutinar todas estas fuerzas políticas, pero prácticamente no habría mayor diferencia con lo que el PUSC ha venido defendiendo, sino que lo que queremos es crear un movimiento político donde gente que está en otros partidos políticos se sienta también representada y se sienta parte de la construcción de lo que estamos planteando.

-Si las negociaciones fracasan, ¿el PUSC competirá solo en 2030? Y, en última instancia, ¿qué pesa más para usted: preservar al PUSC o construir una alternativa política capaz de derrotar al oficialismo?

Nosotros no esperamos que esto vaya a fracasar.

Vamos a trabajar fuertemente para que así sea, de que tengamos este proyecto político.

Yo creo que la garroteada que nos llevamos el 1 de febrero tiene que haber concentrado las mentes de los líderes políticos que estamos llamados a hacer este proyecto político.

Yo no voy a descansar hasta lograrlo.

Pero lo que sí sé es que, si seguimos haciendo lo mismo, vamos a tener el mismo resultado.