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La golpeó, escupió y amenazó con matar a su hijo; doña Kattia rompe el silencio sobre la violencia vicaria

Por Daniel Córdoba | 8 de Mar. 2026 | 1:30 am

Kattia Arriola Fernández, de 62 años, es una víctima de violencia vicaria que, a pesar de vivir un ciclo de violencia durante muchos años, logró sobrevivir y salir adelante con su vida. Si bien el término "violencia vicaria" puede sonar extraño o generar dudas sobre su significado, se trata de una de las formas de violencia contra la mujer más comunes en el día a día.

La violencia vicaria es quizá la manifestación de violencia más cruel que se puede ejercer contra una mujer, pues consiste en utilizar a terceras personas relacionadas con ella -comúnmente los hijos- para causarle daño. Así lo explica Debby Garay, fiscala adjunta de la Fiscalía contra la Violencia de Género.

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Doña Kattia conversó con CR Hoy sobre su caso, ocurrido hace más de 30 años, y cómo en su momento la carencia de una ley que la protegiera la llevó casi al punto de ser asesinada para que las autoridades intervinieran.

Ella se casó a los 24 años, en 1988, con su pareja; sin embargo, desde que eran novios empezó a notar ciertas conductas que, en ese momento, no había identificado como violencia. Con el tiempo, esas situaciones solo fueron aumentando hasta convertirse en violencia física, emocional y psicológica.

Primero empezó a violentarla diciéndole que era fea y que nada le quedaba bien. Luego comenzó a molestarse porque hablaba con sus compañeros de trabajo, porque se sentaba o estaba a la par de un hombre en el transporte público e incluso porque compraba ropa nueva. Todas esas situaciones terminaban en fuertes reclamos contra ella en la casa.

Mantenía la esperanza de que las cosas cambiaran

Arriola relató que durante muchos años soportó las situaciones de violencia y que, cuando nació su hijo, mantenía la esperanza de que las cosas cambiarían y de que su esposo se comportaría de otra manera. Sin embargo, eso nunca ocurrió.

Según contó, incluso durante su embarazo sufrió una amenaza de aborto y, aun así, él la obligaba a atender los quehaceres de la casa, pese a que debía guardar reposo y no podía levantarse.

"Pues yo guardaba la esperanza de que él cambiara. Claro, de que fuese diferente su forma de ser", indicó Kattia en entrevista con CR Hoy.

Poco a poco la violencia fue escalando hasta llegar a lo físico. Empezó a darle codazos, patadas y cabezazos, e incluso le escupió en la cara cuando una vez trató de enfrentarlo.

La víctima empezó a pensar en el divorcio, pero la ley no la protegía, lo que le generaba dudas. Sin embargo, tomó la decisión y en varias ocasiones le dijo a su pareja que lo mejor era separarse.

"Yo soy de la generación de la época en que a uno le decían: 'Hay que aguantarse el matrimonio, hay que aguantar por los hijos y que el matrimonio era una cruz'. Pero yo entonces pensaba: '¿Cómo va a estar uno aguantando si es un maltrato y una agresión?'. En eso no hay amor", relató Kattia.

Tras plantear la separación, comenzó a recibir amenazas con cuchillos, mientras su pareja le decía: "Si no es mía, no es de nadie".

Se fue de la casa

Doña Kattia decidió irse de la casa con su hijo hacia donde su hermana. Días después llegó a un acuerdo para que fuera su esposo quien abandonara la vivienda. No obstante, aquello solo resultó ser un plan que permitió que la manipulara aún más.

Su esposo empezó a vigilarla: medía a qué hora salía del trabajo, a quién saludaba, a dónde iba y, si notaba algún atraso, le hacía un escándalo en la calle. También le decía que le iba a quitar al hijo e incluso que se iba a matar junto al niño.

La afectada relató que en ocasiones la llamaba "prostituta" y le decía que quería divorciarse para "andar con hombres", lo cual era falso, ya que ella estaba enfocada en la crianza de su hijo.

Una situación particular

En 1993, la víctima explicó que los vecinos ya estaban acostumbrados a los escándalos y problemas que provocaba su esposo, quien incluso solía llegar en las madrugadas a causar disturbios.

En una ocasión llegó a intentar llevarse al niño y, como ella no lo permitió, empezó a jalarla del pelo. En ese momento, varios vecinos se percataron de lo que ocurría y salieron en su auxilio. Incluso tuvieron que golpearlo con un palo para que soltara a Kattia y al niño, que tenía entonces 4 años.

En medio del tumulto, una vecina logró agarrar al niño y meterlo en su casa para evitar que se lo llevaran. En ese momento, el agresor tomó el palo y se abalanzó contra Kattia, golpeándola en varias ocasiones en distintas partes del cuerpo, lo que incluso le provocó una fisura en un dedo.

A pesar de haber sufrido violencia en múltiples ocasiones y de acudir a las autoridades, ella considera que ninguna ley la protegió. Sin embargo, tras esa última golpiza sí le recibieron la denuncia por "lesión leve", ya que debió permanecer incapacitada por más de un mes debido a las agresiones.

Por ese delito —y no por violencia doméstica— el sujeto fue condenado a tres años de prisión. No obstante, la pena incluía un año en libertad condicional y la advertencia de que, si recibía otra denuncia en su contra, sería encarcelado.

Tras la condena, el sujeto dejó de molestarla. Además, le quitaron la patria potestad y ella logró divorciarse.

"Si no hubiese sido porque casi me mata, entonces nunca lo habrían condenado. La denuncia nunca habría llegado a ningún lado", explicó Kattia.

Mensaje a otras mujeres

Doña Kattia pidió a las mujeres que puedan estar viviendo una situación similar que no se queden calladas, que busquen ayuda y que denuncien apenas tengan la oportunidad, ya que en algunos casos esperar demasiado puede terminar con un desenlace fatal.

Además, recordó que actualmente existen muchas herramientas en las fiscalías, el Organismo de Investigación Judicial (OIJ), el Inamu, las áreas de salud e incluso el sistema 9-1-1 para denunciar.

La víctima recalcó que la violencia no es solo física y que el daño psicológico también puede ser devastador. Por eso, recomendó buscar terapia si lo consideran necesario.

"En aquella época yo no sabía que eso se llamaba el ciclo de violencia. Todo ese proceso de la agresión, el perdón, los regalos, toda la manipulación y nuevamente la violencia", comentó.

La afectada explicó que lo que la llevó a valorarse a sí misma fue preguntarse si a Dios le gustaría verla sufrir de esa forma. En ese momento comprendió que todo lo que estaba viviendo no era normal y que estaba siendo víctima de violencia.

"Ese pensamiento fue lo que me movió a tratar de salir de ese ciclo de violencia. Ahí fue cuando traté de buscar ayuda por todos lados", finalizó.

Ley de violencia vicaria

En enero de 2025, los diputados aprobaron en segundo y último debate el proyecto de ley contra la violencia vicaria, expediente N.° 24.114.

De acuerdo con el texto, esta ley tiene por objeto actuar contra la violencia que se ejerza sobre la mujer a través de acciones u omisiones que generen afectación o daño físico, psicológico, emocional o patrimonial a un descendiente, ascendiente, pariente colateral consanguíneo, por afinidad o adopción hasta el tercer grado inclusive, dependiente económico, animal de compañía o bienes muebles o inmuebles de la víctima.

Esto aplica cuando el agresor mantiene o mantuvo una relación de matrimonio, unión de hecho o relación sentimental con la mujer, ya sea actuando directamente o por medio de otra persona, con el objetivo de causarle daño emocional, psicológico o patrimonial.

Las principales sanciones que establece esta ley son:

  • Homicidio de un ser querido de la mujer: pena de hasta 35 años de cárcel.
  • Maltrato físico, psicológico o emocional a familiares: de 3 a 15 años de prisión.
  • Muerte de una mascota: sanción de 2 a 3 años de cárcel.

Fiscalía contra la Violencia de Género

Debby Garay, fiscala adjunta de la Fiscalía contra la Violencia de Género, explicó que antes ya existían delitos que se juzgaban, como el asesinato de un niño. Sin embargo, no se analizaban desde la perspectiva de violencia contra la mujer, ni se consideraba a la mujer como una víctima indirecta del hecho.

"Cuando visibilizamos que esas manifestaciones de violencia existen y que además surgen como formas de control, podemos brindar un mensaje", comentó la fiscala.

La experta explicó que si una pareja le dice a una mujer frases como: "si me dejas te voy a quitar a los niños", "si me pones pensión hago lo mismo", "si pedís medidas de protección hago lo mismo" o "si te vas hago lo mismo", se genera un mecanismo permanente de control sobre la víctima.

Esto provoca que muchas mujeres no denuncien ni abandonen la relación por temor a que sus hijos sufran algún daño.

Ante esto, la fiscala instó a vecinos o familiares de posibles víctimas a denunciar si conocen estos hechos, ya sea ante el OIJ, la Fiscalía o mediante el sistema 9-1-1.

"Que no se queden callados, que no vuelvan la mirada hacia otro lado", concluyó.

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