Prevención es insuficiente, ante una histórica oleada de homicidios
VICEMINISTRO DE PAZ RECONOCE QUE EL PAÍS NO HA INVERTIDO LO SUFICIENTE EN PREVENCIÓN
Costa Rica sigue sin apostarle a la prevención del delito, mientras registra las cifras más altas de homicidios, que parecen seguir creciendo.
El propio viceministro de Paz, Víctor Barrantes, reconoce que la inversión que hace el Estado para evitar la inseguridad es insuficiente.
"Este país no ha invertido lo suficiente en prevención (…) La Asamblea Legislativa nos ha hecho recortes sustanciales que nos han llevado a decidir si hacemos A o B. No se trata solo de más policías o más cárceles", comentó Barrantes.
El 2017 cerró con 604 homicidios, 26 más que en el 2016. Durante los últimos 5 años el crecimiento ha sido sostenido y lo ha atizado una guerra entre bandas de narcotráfico, que luchan por controlar los territorios y generar más ingresos.
"Si no se hace algo diferente con rapidez, y me refiero al aparato estatal, es posible que el próximo año tenga una cantidad (de homicidios) similar. O, quizás, un poco superior", comentó Michael Soto, director de Planes y Operaciones del Organismo de Investigación Judicial (OIJ).
Creciente consumo y "apetecible" mercado
Dos elementos complican el panorama:
- El consumo de drogas en el país (marihuana, crack, cocaína y ketamina) sigue en aumento. Cada día más personas son clientas de las organizaciones narco, responsables según las autoridades de la actual oleada de violencia que atraviesa el país.
- Quienes trabajan para estas organizaciones son, generalmente, personas que abandonaron el sistema educativo y que tampoco fueron captados por los empleados. Es entonces cuando terminan en manos de estas agrupaciones, que pueden generar un ¢1 millón diarios por búnker.
La desigualdad y la deserción escolar son parte de las causas que impulsan a jóvenes a incorporarse al crimen organizado. El 74% de las víctimas de los homicidios tienen entre 18 y 39 años, es decir son de las personas en edad productiva del país.

Los narcos – grandes o pequeños – tienen cultura expansionista. Quieren que sus distribuidoras de droga (en un inicio pequeñas) crezcan para generar más recursos. El deseo desata la guerra. En su búsqueda por más terreno, los jefes de las "narco-familias" y organizaciones criminales envían a sus empleados a matar.
Intervenir con antelación
Aunque Barrantes asegura que "no es un momento para desesperarse", admite que se debe actuar con rapidez desde todos los frentes. Las mismas autoridades judiciales hablan de un problema estructural, en el que predomina el desempleo, la deserción estudiantil y la falta de oportunidades.
Pero ante un problema estructural, no parece haber una operación integral y coordinada entre las autoridades. El OIJ, la policía judicial, menciona que ha tenido contactos con Seguridad, pero la prevención parece aislada.
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"El narcotráfico es considerado la madre de todos los delitos y ahí hay que establecer una serie de procedimientos para que los pequeños vendedores de droga se queden sin clientes. Si la familia produce buenos ciudadanos, los adictos van a disminuir y también el narcotráfico", señala Gerardo Castaing, exjefe del OIJ.

El Gobierno ha apostado a los Centros Cívicos por la Paz, con actividades para prevenir la violencia, unir la comunidad y recuperar espacios. En la imagen el Centro de Cartago. (Tomada de Facebook)
Hasta ahora el Ministerio de Justicia y Paz cuenta con un proyecto estrella asociado a la prevención. Se trata de los Centros Cívicos por la Paz, sitios en los que se impulsa el arte, la cultura y el deporte entre las poblaciones comunales, con el fin de alejarlos de las organizaciones narco.
"Sería muy apresurado hablar de un modelo exitoso o que hemos sido exitosos, apenas tenemos 2 años. En algunos tenemos cerca de un año", comentó Barrantes, al preguntarle por las labores que hace su oficina para mantener la paz en el país.
Cerca de 25 mil jóvenes están matriculados en estos centros, ubicados en Jacó, Santa Cruz, Aguas Zarcas, Guararí y Cartago. Pronto se inaugurarán el de Desamparados y otro en Pococí.
"La falla de los gobiernos ha sido no invertir adecuadamente en seguridad y prevención. Se les ha dado dinero pero no seguimiento para ver en qué se invirtió", comentó Castaing.
Según Barrantes solo el 10% del dinero que recibe el Ministerio de Justicia y Paz se invierte en la prevención, mientras que el presupuesto restante se usa para atender a la población carcelaria, quienes ya cometieron y fueron juzgados por este y otros delitos.
Al cierre del año pasado, un 25% de los homicidios fueron por vínculos al narcotráfico, pero podría aumentar una vez que culminen las investigaciones. Somos el único país de Centroamérica donde la tasa de asesinatos sube, en vez de reducir. Incluso en las naciones más violentas como Guatemala, El Salvador u Honduras, ha bajado.
Por eso el OIJ apuntó a acciones en políticas públicas. Pero no es solo el narco. El estudio Tendencias en el comportamientos de los homicidios en Costa Rica alertó sobre los "homicidios interpersonales", cometidos por parejas, familiares o en otras relaciones similares.
En el 2013 se dio en el 49% de los casos, el 40% fue por actividades delictivas, el 5% por causas socio políticas. La mayoría de víctimas son hombres, lo que desde entonces avisó de un problema que se mantiene: el cómo se resuelven dudas y conflictos. Costa Rica está fallando en cultivar esas resoluciones, en una cultura de prevención y paz.
