¿Qué atizó la guerra criminal entre dos bandos que ya cobra decenas de vidas en Cartago?
Cartago era conocida por ser, quizá, la más tranquila de las provincias del país, con la menor incidencia criminal, hasta finales del año pasado, cuando la dinámica social cambió y comenzó a verse permeada por decenas de homicidios.
Dentro de gimnasios, en la vía pública e incluso con víctimas colaterales, hasta este 24 de marzo la Vieja Metrópoli registra 23 muertes producto de la ola de violencia, más del doble que a la misma fecha de 2025, cuando se contabilizaban 11, según estadísticas del Organismo de Investigación Judicial (OIJ).
Contrario al resto del territorio nacional, donde se evidencia una ligera mejora y una reducción en los asesinatos respecto al año anterior, los cartagineses enfrentan una situación cada vez más alarmante. El aumento de los homicidios responde principalmente a una guerra criminal entre dos bandos.
El primero está conformado por una agrupación conocida como "Los Maruja", una de las más influyentes y peligrosas durante años, que inició con microdistribución de drogas y que se ha consolidado mediante la expansión de puntos de venta.
Pese a haber comenzado con actividades delictivas menores, actualmente opera múltiples plazas de distribución de estupefacientes, al parecer en sectores como barrio Los Diques, la urbanización Manuel de Jesús Jiménez, Los Llanos de Santa Lucía en Paraíso, partes de El Guarco y otras zonas de Cartago.
El otro bloque está integrado por una alianza entre el grupo conocido como Los Chacales y Julio Gómez, alias El Gordo, otro cabecilla vinculado al narcomenudeo en la provincia.
Estas estructuras se habrían unido para hacer frente a Los Maruja junto con Los Gery, otro grupo criminal de larga trayectoria en Cartago, especialmente en La Unión, dirigido por los hermanos Gary Alexander y Gery Alexander Campos Barrantes.
Su base histórica se ubica en los distritos de San Diego, Tres Ríos, Concepción y Dulce Nombre, aunque también operan en el casco central y en actividades relacionadas con el narcotráfico en Oreamuno. Con el tiempo, han logrado expandirse incluso hasta Quepos, en el Pacífico central.
Su modelo operativo se basa en la división de zonas de trabajo, donde cada sector cuenta con un jefe de plaza y un equipo dedicado a la dosificación y venta de drogas.
Por su parte, Los Chacales operan principalmente en sectores del casco central, Oreamuno y El Guarco, mediante la distribución de marihuana, cocaína y crack a consumidores finales, así como el uso de búnkeres para estos fines.
Aunque estas estructuras están identificadas, llevarlas ante la justicia no suele ser sencillo y suele requerir meses o años de trabajo.
Las autoridades judiciales han priorizado Cartago consiguiendo resultados como los operativos realizados este miércoles contra El Gordo, cabecilla de 30 años señalado como uno de los principales responsables de la ola de violencia en Cartago.
El OIJ logró su captura en colaboración con la Fiscalía y la Policía de Control de Drogas (PCD), tras ejecutar varios allanamientos en la provincia para desarticular su agrupación. No obstante, Campos no se encontraba en el sitio: estaba oculto en una casa de seguridad en Orotina, lejos del resto de su organización, una estrategia común entre líderes criminales para evitar atentados o acciones policiales.
Colonización criminal
Hasta hace algún tiempo, estos bandos coexistían bajo relativa calma, sin enfrentamientos directos pese a su larga existencia. Aunque las autoridades no han identificado un detonante único —como ha ocurrido en otras zonas del país—, se presume que detrás de la actual disputa existe un fuerte interés por aumentar las ganancias.
Michael Soto, director del OIJ, explicó a CR Hoy que la codicia que surge cuando las estructuras criminales perciben altos ingresos las lleva a traspasar límites y a generar conflictos violentos, sin importar las consecuencias.
"Es una especie de colonización criminal donde un grupo quiere sacar al otro grupo porque es un tema muy lucrativo. El poder tener algunos puntos de venta estratégicos y estas disputas han generado una u otra muerte.
Tan es así que en algunos de los casos de homicidio no van por una víctima en específico, sino que van por el punto de venta donde disparan indiscriminadamente y también una persona fallecida o herida", explicó Soto.
Esta situación ha obligado a movilizar una gran cantidad de recursos policiales y a coordinar esfuerzos con distintas instituciones, en medio de la complejidad que implica investigar múltiples homicidios y reunir prueba suficiente para desarticular estructuras altamente organizadas.
De ahí los allanamientos recientes, que buscan mitigar la ola homicida derivada de esta "colonización" delictiva, la cual podría escalar aún más si alguno de los bandos logra imponerse.
"Son los deseos de ambición de los de los cabecillas de los grupos. Esto no es un fenómeno exclusivo de Cartago, lo hemos visto aquí en el sur de la capital, donde se hacen alianzas y después traiciones.
Es es muy probable, de hecho, que si esta alianza logra en algún momento sacar a Los Marujas pues entre ellos van a pugnar y van a generar violencia. Como digo, esto lo hemos visto en otras provincias del país", explicó Soto.
En las últimas semanas, la provincia de Cartago ha sido escenario de una seguidilla de homicidios que han generado amplio impacto mediático: en su mayoría, ejecuciones vinculadas con estructuras criminales.
Uno de los casos más notorios ocurrió en marzo de 2026, en las cercanías de las Ruinas de Cartago, donde un hombre de 45 años fue asesinado a plena luz del día. Los atacantes no solo le dispararon en vía pública, sino que lo persiguieron dentro de un local comercial antes de rematarlo. Tras el crimen, habrían robado un vehículo para facilitar la huida.
Semanas antes, en febrero, otro homicidio causó gran repercusión luego de que el ataque quedara registrado en video dentro de un gimnasio en el sector de Taras. La víctima, un hombre de 34 años, fue abatida a balazos en el interior del establecimiento, y las imágenes circularon ampliamente en redes sociales.
Ese mismo mes también se reportó una balacera contra un vehículo en Guadalupe de Cartago, cerca del puente conocido como Los Gemelos, que dejó como saldo dos personas fallecidas. El ataque fue directo y ejecutado con armas de fuego, en un patrón similar a otros casos recientes.
La violencia también ha alcanzado a víctimas más jóvenes. Un hombre fue asesinado en vía pública por sujetos que se desplazaban en motocicleta, una modalidad cada vez más recurrente en ejecuciones tipo sicariato.
Asimismo, en el distrito de Cot, un joven de 19 años fue interceptado y atacado a balazos, recibiendo impactos en la cabeza y el tórax, en hechos que las autoridades vinculan con disputas entre grupos criminales.
Otro caso relevante es el homicidio de un joven de 24 años cerca del río Reventado, también en Cartago, el cual fue relacionado con una serie de crímenes que motivaron operativos policiales y detenciones en la zona.
En conjunto, estos hechos reflejan un patrón claro: ataques directos, uso reiterado de armas de fuego y participación de sicarios —frecuentemente en motocicleta—, en un contexto que evidencia el recrudecimiento de la violencia ligada al crimen organizado en esta provincia.
