¿Qué comparten, en desarrollo y rezago, los 4 cantones donde Laura Fernández arrasó?
El mapa electoral de las zonas costeras de Costa Rica dejó un dato difícil de ignorar. En cuatro cantones, el Partido Pueblo Soberano no solo ganó, sino que arrasó.
En Puerto Jiménez, Buenos Aires, Guácimo y Osa, la ventaja sobre Liberación Nacional superó los 50 puntos porcentuales. Más allá del resultado político, estos territorios aportan una clave para entender un fenómeno más profundo: la repetición de patrones de desarrollo —y de rezago— que ayudan a explicar comportamientos electorales.
Cantones periféricos y rezago persistente
Los cuatro cantones donde Pueblo Soberano obtuvo sus triunfos más amplios se ubican en provincias que concentran, de forma sistemática, los niveles más bajos de desarrollo del país. Tres están en Puntarenas —Puerto Jiménez, Buenos Aires y Osa— y uno en Limón, Guácimo. No se trata de una coincidencia aislada, sino de un patrón territorial documentado por indicadores oficiales y estudios académicos.
El Índice de Desarrollo Social Cantonal del Ministerio de Planificación ubica a los cuatro cantones en el quintil más bajo a escala nacional. El informe señala que la mayoría de los cantones en los quintiles I y II se concentran en Puntarenas, Limón y Guanacaste. Puntarenas lidera la lista de cantones en el primer quintil, el de menor desarrollo relativo.
Dentro de este grupo, algunos casos resultan especialmente críticos. Puerto Jiménez registra una calificación de 13,02 (de un máximo de 100), una de las más bajas del país, solo por encima de Los Chiles y Talamanca. Buenos Aires sigue de cerca con 15,33. Osa, con 32,31, y Guácimo, con 38,18, muestran puntajes mayores, pero se mantienen lejos del promedio nacional y dentro de la franja baja del desarrollo cantonal.
Bienestar limitado y carencias básicas
Esta realidad también aparece en el Índice de Progreso Social Cantonal, elaborado por el Clacds del Incae. La medición evalúa aspectos sociales y ambientales ligados de forma directa a la calidad de vida.
Buenos Aires y Guácimo figuran en el nivel más bajo de desempeño general. Osa se ubica en el nivel medio bajo. Puerto Jiménez no aparece como cantón independiente, ya que durante la medición formaba parte de Golfito, que también se encontraba en el nivel medio bajo.
Más allá de la clasificación general, los cuatro cantones comparten debilidades marcadas en necesidades humanas básicas. Los indicadores de agua y saneamiento, nutrición y atención médica, seguridad y vivienda se sitúan entre los más bajos del país. Las cifras reflejan carencias estructurales que inciden en la vida diaria, con acceso limitado a servicios esenciales, infraestructura incompleta y mayor vulnerabilidad social.
El rezago también se extiende a los fundamentos del bienestar. La calidad ambiental, la educación básica y el acceso a información y comunicaciones presentan resultados débiles. En el ámbito de oportunidades, en especial en educación avanzada, el atraso vuelve a ser evidente y reduce las posibilidades de movilidad social y diversificación productiva.
Municipios con baja capacidad de gestión
La fragilidad de la gestión local es otro rasgo común. El Índice de Gestión de Servicios Municipales de la Contraloría General de la República sitúa a Puerto Jiménez en un nivel de madurez inicial. Buenos Aires, Osa y Guácimo aparecen en el nivel básico.
En la práctica, esto implica una oferta limitada de servicios públicos locales. Ninguna de estas municipalidades brinda alcantarillado pluvial. La recolección de residuos, el aseo de vías y los servicios educativos, culturales y deportivos operan en niveles mínimos.
Competitividad baja y escasas oportunidades
El Índice de Competitividad Nacional refuerza el panorama. Buenos Aires ocupa el puesto 74 de 82 cantones analizados. Guácimo se sitúa en el 72 y Osa en el 64. Puerto Jiménez no cuenta con datos propios, pero Golfito, el cantón al que pertenecía, figuraba en el puesto 71.
Todos reciben calificaciones de desempeño "deficiente" o "limitado". Esto implica puntajes muy bajos o condiciones poco favorables en la mayoría de las dimensiones evaluadas. En términos concretos, se traduce en menos empleo formal, escasa diversificación económica, infraestructura productiva limitada y dificultades para atraer inversión sostenible.
