Tico lleva tres meses detenido por el ICE en EE. UU. y su familia teme lo peor
La pesadilla de Oiner Gerardo Vargas Morales comenzó hace casi tres meses. Este costarricense, que se encontraba trabajando en Estados Unidos para sacar adelante a su familia, fue interceptado y detenido por el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) en el estado de Ohio.
Poco después en medio de la desolación y el hermetismo, fue trasladado a un centro de detención en el estado de Luisiana, a miles de kilómetros de las pocas personas que conocía en ese país. Desde entonces, la vida de su familia en Costa Rica se ha convertido en un calvario de incertidumbre y desesperación por lograr su regreso.
El estado de salud de Oiner es sumamente crítico y ha encendido las alarmas de su familia. Sumido en una profunda depresión por el encierro, el costarricense desarrolló una grave infección en las encías, aparentemente provocada por el agua del centro de reclusión.
El dolor físico y emocional lo ha llevado a un punto límite: según relata su hermana Ericka, Oiner ya no come ni toma agua, y pasa sus días enteros llorando.
Esta angustiante situación ha traspasado fronteras y ha golpeado la salud de su familia en Costa Rica. Su madre, abrumada por la preocupación de saber a su hijo en esas condiciones, enfermó gravemente de neumonía y tuvo que ser hospitalizada.
Su cuadro clínico se agravó a tal punto que los médicos le diagnosticaron desnutrición, ya que, sumida en el dolor, ha dejado de ingerir alimentos. Su padre, un adulto mayor, también se encuentra devastado e impotente ante una tragedia familiar que parece no tener fin.
Proceso estancado
A nivel legal, la situación es un callejón sin salida marcado por la falta de información clara. En un acto de desesperación por volver a casa, Oiner accedió a firmar su deportación voluntaria, con la esperanza de que este trámite acelerara su expulsión de los Estados Unidos.
El pasado 10 de septiembre de 2026, un juez de inmigración emitió la orden oficial de "Remoción" (deportación). Sin embargo, a pesar de que el costarricense cedió a su derecho de pelear el caso y ya existe una orden judicial aprobada, nada ocurre.
El sistema estadounidense lo mantiene en un prolongado limbo a la espera de un cupo en un vuelo de deportación, un proceso que las mismas autoridades advierten que es sumamente lento.
Oiner, oriundo de Pérez Zeledón y padre de dos niños pequeños que lo esperan acá en el país, enfrenta obstáculos inhumanos. Nunca tuvo problemas con la ley ni ha sido vinculado con ningún delito en suelo norteamericano.
Su hermana denuncia que en estos centros de detención los migrantes son tratados "como animales", sin acceso a atención médica adecuada ni información sobre su futuro.
La mayor ironía y obstáculo para su salud es una advertencia que, según la familia, les han dado: si el detenido se enferma gravemente, las autoridades estadounidenses no lo subirán a un avión, prolongando aún más su sufrimiento en confinamiento. No obstante, al no recibir tratamiento su deterioro es inevitable.
Gestiones lentas y sin fechas
Ante la desesperación y sin los recursos económicos para contratar a un abogado migratorio en EE. UU., la familia ha tocado todas las puertas posibles en el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de Costa Rica. Han intercambiado correos con la Sección Consular en Washington D.C. y con el Consulado General en Houston, Texas, encargado de la jurisdicción donde se encuentra Oiner.
Los esfuerzos diplomáticos se han movido, pero chocan contra la burocracia estadounidense. El Consulado en Houston ha confirmado mediante correos a la familia que Oiner se encuentra en la "etapa final de su proceso migratorio". No obstante, han sido enfáticos al advertir que aún no se cuenta con una fecha de vuelo confirmada por parte de ICE.
En sus comunicaciones escritas, el consulado reitera que estos procesos logísticos y administrativos "suelen ser lentos y pueden extenderse por varias semanas o incluso meses". De hecho, a la familia se le indicó verbalmente que este calvario podría demorar hasta nueve meses.
Hoy, la familia Vargas Morales hace un llamado desesperado a las autoridades costarricenses y de derechos humanos para que intercedan mediante un recurso humanitario.
Suplicando que el caso de Oiner no sea tratado como un número más en el sistema de ICE, sino como una emergencia vital donde dos vidas —la de un hijo en Luisiana y la de una madre en un hospital costarricense— corren un peligro inminente mientras esperan un simple boleto de avión.
Varios ticos afectados
La familia de Oiner es amiga de la familia de Rándall Gamboa Esquivel, uno de los precedentes similares más trágicos. El ciudadano costarricense de 52 años sufrió severos quebrantos de salud por presuntos malos tratos y negligencia médica mientras estaba recluido por ICE.
Fue devuelto a Costa Rica en estado vegetativo y falleció semanas después en suelo nacional. La familia Vargas Morales urge a las autoridades nacionales y estadounidenses a intervenir para evitar que esto se repita.
En las últimas 24 horas también se dio a conocer que el costarricense Carlos Josué Marchena Marchena de 37 años falleció bajo custodia de ICE en un centro de detención trasladado entre Illinois y Luisiana tras llevar 10 meses detenido esperando ser deportado.
La familia denunció negligencia médica alarmante: el joven padecía diabetes y el tratamiento brindado y la alimentación dentro del centro fueron deficientes. Falleció presuntamente de un paro cardíaco a solo dos semanas de la fecha prevista para su deportación.
El caso más mediático ha sido el de Julián Valverde Meneses, influencer y creador de contenido. El joven costarricense de 26 años fue detenido el 16 de septiembre de 2026 en el condado de Polk, Florida. Inicialmente fue arrestado por una infracción de tránsito (conducir con la licencia vencida por más de seis meses).
Aunque un juez le fijó una fianza de $250 por el cargo local, se activó una retención migratoria de ICE debido a su estatus indocumentado. Permanecerá detenido en Florida mientras se procesa su caso de deportación.


