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Opinión: ¡A ponerse serios!

Por Agencia / Redacción | 6 de Oct. 2018 | 5:09 am

Como trabajador independiente y libre pensador, evito asumir las posiciones gobiernistas y de paso las sindicalistas.

A casi cuatro semanas de crisis, noto que son más las sinrazones que les aquejan y debilitan en sus posiciones, que las que les asisten, para continuar ensimismados en sus posiciones aunque de la boca para afuera, nos digan que están negociando.

Lo que de cierta forma me obliga a subrayar las contradicciones e incongruencias de los protagonistas de esta crisis que tiene poco de huelga laboral y todo de protesta política.

Identificar.- De un lado, un gobierno de supuesta base social, con cierto giro academicista según su propio rezo fundacional, en principio progresista pero invadido en lo económico por los conservadores, y que se ve hoy defendiendo un proyecto de ley plagado de exoneraciones a sectores privilegiados de nuestra economía. El menú es amplio: desde el enganche médico hasta el chineo cooperativo, pasando por la condonación de deudas tributarias e intereses a los más grandes evasores fiscales, en cuenta la banca. Y hasta un "cachete" a las subastas ganaderas terminaron incluyendo, solo para remarcar las ocurrencias complacientes que hoy pueblan la reforma fiscal.

Pero del otro, sindicatos debilitadísimos en su imagen pública, por cegatones y egocéntricos; ocupados primordialmente de sus propias gollerías gremiales, por demás insostenibles, y una estabilidad laboral que han entendido como fin último de toda su "vocación" pública.

Todo lo anterior, sin descontar el craso error de método que suponen los bloqueos viales, la pérdida de clases y citas médicas, la obstaculización de la distribución de combustibles y otras "bromas" muy serias.

El vandalismo si es otra cosa. Una tan delicada que no hay que condenar apresuradamente a los sindicalistas, y ello por más que el ministro de seguridad se haya adelantado a los jueces, que son los llamados a sentenciar, previo debido proceso.

Negociar.- Lo que realmente preocupa a quienes por vocación y sentido patriótico hemos seguido las cardiopatías de esta crisis, es la esterilidad de un diálogo que ha servido como carta de presentación del gobierno y su delegación de "negociadores", quienes más han parecido un escudo para Rodolfo Piza, Juan Carlos Mendoza y Román Macaya, verdaderos responsables políticos de este desastre, que líderes políticos con garbo, espuela y poder de decisión, para ocupar semejante frente de batalla. Sin obviar el sinsentido de que el PAC haya llevado a un sindicalista hasta la vicepresidencia, que hoy no lidera ni sirve de mucho en este tema.
Debiéndonos preguntar: ¿Si Marvin Rodríguez no aporta frente a los sindicatos, de qué va mantenerlo en tan elevada silla? ¿Será que su incorporación a la fórmula presidencial de Carlos Alvarado era pura pose, puro placebo tranquilizador de sindicatos y organizaciones sociales?
Lo anterior, porque del otro lado al menos hay que reconocer que los sindicatos presentaron algunas alternativas desde el inicio de la negociación. E incluso antes para evitar la protesta. Ninguna fue siquiera considerada por los delegados del gobierno, convirtiendo desde ahí la mesa de negociación, más bien, en una mesa de negación.

Mientras tanto, el país sigue preocupado, los inversores cautos y la economía a media máquina. Las pérdidas por estas dos semanas ya son cuantiosas -y por demás impagables- para un país con semejante nivel de endeudamiento, que más bien debería estarse ocupando de la reactivación económica y no de un parche como este que, a lo sumo, concederá un par de años de oxígeno al gobierno, pero que ni siquiera resolverá, el déficit primario.

Quede claro que mientras se sigan negando los unos a los otros en esa mesa, en vez de reconocerse todos como conciudadanos y por tanto como pasajeros de un mismo barco, cuyas calderas económicas hacen aguas, continuarán los asegurados perdiendo sus citas, los estudiantes sus clases, los empresarios sus mercaderías y los viandantes su libertad de movimiento. Sin descontar que, mientras se sigan negando en vez de estar negociando, el gobierno seguirá depreciándose. Lo que tampoco es menor en términos de legitimidad política para nuestra convivencia democrática.

Tampoco estaría de más recordarle a los sindicatos y sectores sociales que hoy se tiraron a la calle, que fueron ellos en buena parte los que llevaron al PAC y su candidato a un nuevo cuatrienio en el ejecutivo.

En síntesis: urge que negocien, pero en serio. Cediendo y acordando. Quedando en claro que no hay negociación donde a todo se dice que no.
En exoneraciones algo podía recomponer el gobierno. Eso es seguro. Y si no lo hizo fue por compromisos ya a esta altura inocultables.

Pero también el sindicalismo debe asumir una posición responsable y dejar avanzar el proyecto, comprometiendo al gobierno frente a todo el país -si así lo quiere-, acuerdos para la reactivación económica y el replanteo del empleo público. Pero eso sí, sin gollerías y apuntando a conservar solo aquellos derechos que cuiden a los educadores -y otros- de la pauperización de sus apenas dignos salarios.

Comprende todo el país que el gobierno no puede negar todo a un movimiento al que ha vitaminado con argumentos válidos, como la debilidad de medidas para prevenir y sancionar la evasión y elusión fiscal, o ciertas exoneraciones algo antojadizas que decidió el PAC mantener producto de ese lobby que antes tanto condenó desde la oposición.

Ceder.- Nadie en sus cabales democráticos espera que el gobierno archive un proyecto tan avanzado, así sea con algunos ajustes que aún caben y en todo caso abonarían justicia al proyecto, dándole mayor viabilidad de paso, que es lo más importante a esta altura de la crisis.

Aquí la clave es negociar, no negar. Sin condicionamientos absurdos y totalizantes, como los que tanto el gobierno planteo de entrada (deposición total de la huelga para sentarse a negociar), como los que ahora el sindicalismo lanza para minar la mesa de negociación (retiro del proyecto).

Tampoco conviene –por si acaso ha sido esa la recomendación de algunos asesores presidenciales y ministeriales-, apostarle al desgaste de la unidad sindical. El riesgo de torearlos es enorme y así como ese debilitamiento esperado podría en efecto sobrevenir, es lo cierto que podría ocurrir también lo contrario y fortalecerse la protesta.

Respetar.- Yo al menos, marchas de "gatos" no he visto. Menos en grupos de cuatro. Veo miles de ciudadanos, muchos de los cuales he de suponer votaron por el PAC y su entonces candidato, que merecen respeto, pero a los que también hay que exigir respeto al libre tránsito y a la decisión de la mayoría representada en el Congreso.

Lo que, repito, no significa desoírlos como ciudadanía organizada que son y ver cuáles de sus argumentos son incorporables a esta altura.

El presidente y sus ministros de la presidencia, hacienda y planificación, entre otros, nos deben un mayor esfuerzo a los costarricenses. La falta de resultados de la mesa de negociación así lo denota. Y por tanto, los ciudadanos, haríamos bien en demandarlo respetuosa pero vehementemente.

Un novel ministro de trabajo frente a una negociación de una protesta que no es eminentemente laboral sino política y que tuvo tres semanas, se cae por su propio peso -o por su falta de peso cabría decir-.

Que negocien, pero en serio. Y ojalá con congruencia. Que en honor a la verdad, es lo que más viene haciendo falta.

Esta crisis política no se termina con la aprobación legislativa de un pírrico parche fiscal. Ahí será más bien cuando se compliquen realmente las cosas. Y siendo que los costarricenses hemos venido suponiendo que alguien está liderando la búsqueda de una salida a esta crisis, pareciera un buen momento para dejar de suponer y empezar a proponer que alguien realmente lo haga. Pero en serio.

Así que a ponerse serios señores que de poses, eufemismos y selfies es de lo que presumo, estamos realmente cansados.

Pablo Barahona Kruger
Abogado

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