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Pablo E. Vargas

/ por Academia de Centroamérica

ICE versus EPM, por segundo año

Diciembre 18, 2020 8:30 am

ICE versus EPM, por segundo año

El ICE necesita cambiar de una manera profunda, y aunque las comparaciones pueden develar debilidades alarmantes, en el mundo empresarial son muy necesarias. El año pasado comparé en esta misma columna el desempeño del ICE con el de EPM, Empresas Públicas de Medellín. En esa ocasión explicaba que ambas son empresas públicas, el ICE pertenece al Estado de Costa Rica mientras que EPM pertenece a la interesante ciudad de Medellín, ambas entidades tienen una edad parecida, y curiosamente ambas son auditadas por la misma firma internacional, KPMG. Hasta ahí las similitudes. Según los números del 2018 el ICE perdió más de $400 millones, mientras que EPM ganó más de US$ 700 millones y pagó US$ 370 millones en dividendos a su dueña, la ciudad de Medellín. ¿Pero esos resultados se debieron a que el 2018 fue un año particularmente malo o serán problemas recurrentes? Veamos los números.

A continuación, preparé un cuadro con los resultados del año 2019 y el comparativo con el 2018 para ambas empresas. Todo esto es pre-Covid. La traducción a dólares es aproximada pues usé tipos de cambio de cierre del año. Para montar el cuadro me basé en cifras auditadas.

Para el ICE el 2019 fue un mejor año que el 2018. Sin embargo, a pesar de que tuvo un excedente neto de $206 millones, cabe destacar que tuvo una “utilidad” por el diferencial cambiario (algo que el ICE no controla), por $215 millones. O sea, sin el diferencial cambiario el ICE hubiese experimentado pérdidas netas nuevamente. En cambio, EPM en el 2019 aumentó sus utilidades netas a $824 millones, y pagó a la ciudad de Medellín aproximadamente $390 millones como dividendo más $184 millones al gobierno de Colombia como impuesto de renta. O sea que aportó a las arcas de su estado y su ciudad unos $574 millones de dólares.

Nuevamente, como en el 2018, se nota que el ICE, proporcionalmente y términos absolutos, gasta por concepto de administración y comercialización, mucho más que EPM. Mientras EPM gasta un 10% de sus ventas totales en gastos de administración y comercialización, el ICE gasta un 32% en estos rubros, más del triple que EPM.

Por otra parte, no es como que el ICE venda la energía a menores precios que EPM. Hoy escuché a un representante de CINDE afirmar que en Costa Rica el costo de la energía eléctrica para las empresas es alrededor del doble que en Colombia. O sea, que el ICE debería o vender la energía eléctrica mucho más barata, o tener excedentes de al menos $500 millones más de lo que muestra en el 2019.

Para desventaja del ICE, aún su contabilidad no es transparente. No sólo por la no aplicación de las normas internacionales (IFRS o NIIF), sino porque el informe auditado mantiene excepciones importantes en su opinión. Por ejemplo, el auditor no pudo verificar cosas como la cantidad de efectivo que hay en las cuentas corrientes del ICE. Y no estamos hablando de diferencias de miles de colones, son diferencias de decenas de millones de dólares. El presidente Carlos Alvarado hace unas semanas publicó muy orgulloso que el ICE pronto adoptaría las NIIF. Pero esto puede ser un autoengaño: por un lado, existe una regulación que le permite al ICE no adoptar las NIIF de contratos anteriores que resulten en una “desmejora o perjuicio” para el ICE. O sea, esta regulación permite al ICE mantener un cierto grado de “maquillaje” en sus cifras, pues por los próximos años no podrán ser cifras como las de cualquier otra empresa que basa su contabilidad en las normas contables internacionales. Esto hace que la NIIF 16, que es la que más impacto contable podría tener en el ICE para bajar las tarifas eléctricas, no se va a implementar en los contratos existentes, sino sólo en los nuevos proyectos. Y por otra parte no se gana tanto si la contabilidad siguiera las NIIF, pero el auditor hace una serie de excepciones y emite opiniones extensamente calificadas. El presidente no es experto en finanzas, pero alguien debería asesorarlo para evitarle “alegrones de burro” como dicen en Cartago.

En mi opinión, el marco regulatorio del ICE está totalmente obsoleto y pone a esta institución en un riesgo de insolvencia. La regulación parte del criterio de que el buscar ganancias es algo malo, y entonces parte del principio del “servicio al costo”. Por otra parte, la regulación no le exige dividendos al ICE, sino que si el ICE genera excedentes entonces los debe capitalizar. Entonces tenemos una empresa que no tiene obligación de generar excedentes, y que por el principio de entregar sus servicios “al costo” los puede entregar “a cualquier costo”. Y en el eventual caso de que genere excedentes, no paga dividendos al país. Podrán hacer todas las reestructuraciones que quieran, pero mientras el ICE pueda operar con ineficiencia y cargar esos costos en las facturas eléctricas, y pueda existir para mantener a sus empleados y no devolver dividendo a sus accionistas, la cosa no va a llegar a buen puerto. Estas deberían ser las preocupaciones de las gerencias técnicas, aquellas que no son nombradas por los políticos, y de los sindicatos que tengan un sincero deseo, no sólo de que el ICE sobreviva sino que prospere.

He escuchado las propuestas de algunos economistas de democratizar el ICE, haciendo que le pueda pertenecer no sólo a los trabajadores del ICE, sino a muchos más trabajadores, que son los dueños de los fondos de pensiones. Si los fondos de pensiones pudiesen comprar el 49%, y el Estado mantener el control, bajo una regulación moderna, con un gobierno corporativo con un estilo más empresarial, podría hacer mucho más. Hace unos años les di una charla a un grupo de altos ejecutivos del ICE y les expliqué que, si seguían con mentalidad de monopolio estatal, la institución no sobreviviría el cambio tecnológico. Hoy en día el ICE enfrenta un reto monumental, pues llegará un momento donde en mi casa me será más barato poner baterías y páneles solares, y vivir fuera de la red del ICE, como dicen en inglés “off-the-grid”. Y si al ICE se le reducen los clientes, los que vayan quedando, siguiendo el principio de “servicio al costo”, pagarán costos fijos crecientes. Y me llama la atención que en ningún documento de los que revisé vi este riesgo descrito. Es el tipo de cosas que deberían, nuevamente, mantener sin dormir a los líderes del ICE, pues estamos a pocos años de que las baterías y los páneles se coman a la venerable institución.

Gracias por sus comentarios.
Pablo E. Vargas

 

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