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Que su algoritmo no lo muerda

Por Karina Salguero | 29 de Ago. 2025 | 7:00 am

Es muy divertido ver nuestro nuevo comportamiento en las redes sociales. Quienes llegamos al punto de discutir acaloradamente con nuestro algoritmo de inteligencia artificial o ese personaje que creamos con nuestro romantizado interlocutor de Chat GPT, sabemos que cuando nos contesta bien es un ídolo, pero cuando miente es un absoluto fiasco.

Esa interacción afina el ojo para reconocer tantos posteos en Linked In, Facebook o en Instagram y demás redes sociales que de pronto nos hacen ver irreconocibles a profesionales que creíamos conocer y ahora interactúan con tan poca naturalidad como si su redacción fuera maquilada.

Quienes trabajamos en ciencias sociales y particularmente en cultura, vivimos para dar voz y espacios a las minorías, para generar pensamiento sobre los rasgos únicos de nuestras poblaciones y grupos sociales, para profundizar en los orígenes con herramientas arqueológicas, a deslumbrarnos con la esencia de las simples cosas, el talento, los hallazgos de investigadores que permiten entender mejor un pasado y su relación con quiénes somos hoy y las tradiciones en todas sus manifestaciones. Eso de blando tiene poco.

Esas características únicas en nuestras expresiones, nuestros dichos, el orden que damos a las oraciones, las apropiaciones criollas de refranes ajenos, toda esa distorsión que construye identidades, debemos incorporarla a nuestro algoritmo. Podemos sentir orgullo de lo que somos y evidenciarlo, de manera que cuando leamos un post en Facebook de alguien que vemos con regularidad hasta en la pulpe, se parezca a esa persona que conocemos y no a su mal entrenado Chat GTP.

La inteligencia artificial se alimenta de todo los que investigamos, producimos y generamos. Por eso es maravillosa y por eso debemos investigar más, generar más contenido original y desafiarla, para que podamos usarla mejor y no pelear con ella por sesgada y mentirosa, o por presentarnos en las redes con esa falsedad que creemos que nadie nota pero se empieza a parecer tanto al estilo de los demás y tan poco al nuestro.

La producción literaria es determinante para que haya mayor diversidad en el lenguaje, para que soñemos que algún día haya humor en las interacciones tan solemnes y almidonadas de los posteos generados por el chat GPT.  No es un asunto menor, porque si no leemos, esa literatura podría citarnos al autor equivocado, para muestra una sencilla consulta hallada por allí:

Qué pensaría José León Sánchez si la autoría de su obra La Isla de los Hombres Solos, se le atribuye a nuestro maestro editor y escritor de disquisiciones Víctor Hurtado. Eso, sin quererlo, es humor puro, pero si llegamos a perder criterio y no desconfiar, sería humillante vernos en Linked In con semejante falso histórico.

No seamos tan modestos como para permitir que nuestra propia inteligencia desaparezca frente a nuestra aplicación para crear contenido propio en las redes. Hagamos el esfuerzo de sumar algunas ideas propias a nuestro chat GTP, para que no nos convierta en el peor meme de nosotros mismos.

Dele de comer buen contenido a su algoritmo para que no le muerda después.

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